Einstein creía en el “Dios” anticristiano de Spinoza, el mismo en el que cree Francisco

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Hace un año exactamente, en la edición No. 27 Vol. 3 de la tercera semana de abril de 2016 de este Boletín de Información e Inteligencia Estratégica, dedicamos un artículo a analizar las coincidencias filosóficas entre Baruch Spinoza un filósofo judío holandés del siglo XVII, con el “pensamiento” relativista y nueva era de Jorge Mario Bergoglio quien ocupa (o usurpa) la silla de San Pedro con el nombre de Francisco.

Ahora retomaremos ese estudio que hicimos hace un año para conocer la influencia de esa filosofía anticristiana de Baruch Spinoza sobre el pensamiento de otro judío, Albert Einstein y como las ideas de Spinoza moderaron la distorsionada idea que Einstein tenía sobre Dios.

En ambos casos, el de Bergoglio y el de Einstein llegaremos a las mismas conclusiones, ya que abrevaron de la misma fuente anticristiana y esta conclusión es que el “dios” en el que creían Spinoza, Einstein y Bergoglio es el mismo y es contrario al Dios que mostró y reveló Cristo a través de su ministerio y que nosotros conocemos a través de los evangelios y los demás libros del Nuevo Testamento.

Existen muchos testimonios documentales que dan cuenta de que cuando Albert Einstein daba alguna conferencia en alguna universidad, siempre le hacían la misma pregunta: “¿Cree Ud. en Dios?” Y él siempre respondía: “Creo en el Dios de Spinoza“.

Pero ¿cuál es ese “dios” en el que sí creía Einstein? Para saberlo primero habría que revisar quién es ese Spinoza al que Einstein siempre citaba como su punto de referencia teológico. Spinoza fue considerado uno de los grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés Descartes.

Para conocer a este filosofo holandés, su obra, vida y pensamiento, le recomendamos lea el artículo Total coincidencia entre la doctrina de Francisco con el relativismo filósofico anticristiano del holandés Baruch Spinoza, ideólogo de la Nueva Era, de la edición antes mencionada.

Quien interrogó formalmente a Albert Einstein respecto a sus creencias religiosas fue el rabino Herbert S. Goldstein quien a través de un telegrama le preguntó si creía o no en la existencia de Dios a lo que Einstein respondió: “Creo en el Dios de Spinoza, quien se revela así mismo en una armonía de lo existente, no en un Dios que se interesa por el destino y las acciones de los seres humanos”.

Esta explicación de Einstein, seguramente dejó satisfecho al rabino ya que quizá él tenía esa misma idea de “dios” ya que tanto Spinoza, como Einstein eran judíos y por tanto, seguro esta concepción de ambos respecto a Dios coincidía con la del rabino ya que las ideas de Spinoza sobre Dios y que Einstein adoptó, chocan de frente y contradicen en todo lo que Cristo vino a mostrar: un Dios Padre amoroso que da lo mejor de sí (al Hijo) para salvar al hombre.

El dios que muestra Einstein es un dios indiferente a sus creaturas, es decir, lo más absolutamente contrario a la idea cristiana y sí muy propia del mecanicismo y del protestantismo calvinista, que es una idea judía que rechaza a Jesús como mesías y como Hijo de Dios.

En una entrevista de 1930 publicada en el libro Glimpses of the Great de G. S. Viereck, Einstein abunda más a detalle sobre la pregunta si cree en Dios o no, a lo cual él respondió: “Tu pregunta es la más difícil del mundo. No es algo que pueda responder con un simple sí o no. No soy ateo. No sé si pueda definirme como un panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. ¿Puedo contestar con una parábola? La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede abarcar el universo.

Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, sólo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza, porque él es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas”

¿Cómo es el Dios de Spinoza al que Einstein se refiere?

En su obra más sobresaliente la Ética demostrada según el orden geométrico, publicada póstumamente por sus amistades más cercanas y que pronto fue censurado por la Iglesia Católica al incluirlo en su Index librorum prohibitorum, por herético, Spinoza hace una aproximación que profundiza en su magnum opus, en la cual Spinoza trató de definir la Naturaleza de Dios y de las pasiones humanas. Para Spinoza no hay un dualismo, sino un monismo intermedio, esto es, no existen dos substancias, (material y espiritual) sino una con distintos atributos como el del pensamiento y/o la extensión. 

Consideró además que Dios era una red extensa, esta concepción asume a Dios no como metafísico, sino como la totalidad de lo físico o material.

Dios es Naturaleza Naturante que presenta afecciones y modos de ser, que a su vez tienen como origen necesario a Dios, estos son considerados como naturaleza naturada, así Dios es aquel ser en el que se concibe y es todo cuando existe,  y que sin Él o fuera de Él nada es o puede ser concebido. Pero también al mismo tiempo Dios es la creación misma y Él se contiene en ella como ella en Él, es decir, esa dualidad que Spinoza anula entre lo espiritual y lo material lo es su “dios” que es materia y espíritu en una sola sustancia.

A esta perspectiva se le consideró como Panenteísta, lo que significa Todo en Dios.

Esta idea errónea de hacer de Dios creador y creatura al mismo tiempo, diluye la naturaleza de Dios por cuanto el Creador es infinito pero la creatura o la creación no lo es, pues tuvo un principio y tendrá un fin, mas no así Dios, así que decir que Dios es creador de la naturaleza pero al mismo tiempo es la misma naturaleza, es precisamente caer en el relativismo que Einstein convirtió en su teoría para explicar los fenómenos y leyes de la naturaleza que parecían inexplicables, a menos que se torcieran el tiempo, el espacio y la materia para que entonces sí de alguna manera todo encajara.

Por otra parte, hacer lo mismo lo que son dos naturalezas distintas, como es la materia y el espíritu, también contradice la doctrina cristiana que enseñó Jesús que siempre habló de la separación en la vida eterna, de lo material y lo espiritual y que Spinoza niega hacer una las dos naturalezas con las que Dios llevó a cabo la obra de la creación: lo material y lo espiritual.

Para Spinoza igual que para Einstein y más recientemente para el mismo Francisco, “su” Dios o Naturaleza se expresa con las siguientes ideas o sentencias:

 “Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.

Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa. Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.

El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito…

¡No me encontrarás en ningún libro!

Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío.

¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir. Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?…

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como un loro lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti”.

Para nadie es desconocido que Jorge Mario Bergoglio es un relativista puro filosóficamente hablando y que tiene grandes coincidencias de pensamiento con la corriente filosófica anticristiana de la Nueva Era que se basa en el relativismo, que pregona que no puede haber una verdad única, sino que cada quien tiene su propia verdad y cada verdad es igual de válida.

 Einstein fue quien le dio sustento científico y matemático a esta idea de que no hay una verdad única, sino que todo es relativo, ya que su teoría general de la relatividad sostiene que las leyes de la naturaleza, es decir, las reglas que dan orden y sustento a la creación y que comparten la misma naturaleza del su Creador, que es la permanencia e inmutabilidad sí cambiaban y que no eran absolutas, es decir, verdades como corresponden a la naturaleza de quien las creó que es un Dios eterno e inmutable.

 Ya un contemporáneo de Spinoza el filósofo alemán Gottfried Leibniz, se encargó de desmentir a Spinoza y de sustentar que en base a la naturaleza de Dios, éste había creado el mejor de los mundos posibles, es decir que la obra de la creación está hecha en los términos de mayor eficiencia, aprovechamiento de los recursos y lo más perfectible ya que Dios no haría algo menos que lo mejor que deseó hacer y que la misma materia finita y limitada le permitió.

 Por ello pensar que las leyes de la naturaleza como la gravedad y la materia que obedece a principios físicos pueden cambiar y modificarse simplemente contradice a la misma naturaleza de quien las creó. Sin embargo la teoría general de la relatividad, al afirmar que no hay una verdad única e inmutable, abrió la puerta desde el terreno de lo “científico” a toda clase de falsedades y Einstein representó para la ciencia, lo mismo que Freud para la conciencia y la conducta humana, es decir, los científicos que usaron sus teorías y estudios en tratar de destruir la idea cristiana de la verdad, y del plan de Dios en la creación.

Spinoza sugiere en Los principios que no tenemos necesidad de buscar una garantía externa (transcendente) de la verdad de nuestros pensamientos, de manera que el fundamento de la ciencia no es la existencia de un Dios distinto de mÍ sino la presencia en mí de una idea del ser absoluto que yo no tendría si no fuera en cierto modo este mismo ser.

Esto es la base filosófica de Francisco y de la religión pagana del siglo XXI, la Nueva Era, que nos ofrece un dios personal que habita en uno y que no tiene existencia fuera de uno, con lo cual efectivamente se acaba la trascendencia de un Dios creador omnipotente, que está en todas partes, sino que cada persona tiene una porción de dios y ese dios se completa en sus creaturas pero no fuera de ellas.

Spinoza modifica la teoría cartesiana, para hacerla inatacable a las objeciones, pero al mismo tiempo está fundando así la teoría de la inmanencia.

Con la publicación del Tratado teológico-político en 1670, el “spinozismo” empezó a ser sinónimo de “materialismo ateo”. Lo cual se puede derivar también del pensamiento y enseñanza de Francisco que cada vez habla menos de Dios y de la vida eterna y se ha centrado en la justicia social y material del hombre en su mejora de las condiciones materiales pero no así en sus condiciones espirituales, que serán eternas, a diferencias de las materiales que son temporales.

El Tratado teológico-político fue la obra más importante de Spinoza que éste pudo publicar en vida. Está considerada como una defensa de la libertad de pensamiento y de la tolerancia, que son la base del pensamiento relativista de que no hay una verdad absoluta como ya vimos, sino que cada uno puede tener su verdad y todas son igual de válidas y respetables lo cual también sirvió de sustento filosófico para la teoría de la relatividad de Einstein.

Para Spinoza no hay bondad ni maldad, no hay ética, no hay moral. Todo es buenismo. Y esto es el principio del relativismo del cual se nutrieron tanto Einstein como Francisco y ha sido también la base filosófica de la perversa ideología anticristiana de la Nueva Era.

En su Ética, Spinoza afirma la idea del conatus. La fuerza, empeño y fe de lo que existe en seguir existiendo. Éste es un desarrollo de la idea de los cabalistas sobre los pasos de la Creación. Y en la explicación de la filosofía de Spinoza relativo a este asunto encontramos un reflejo del principio demoniaco de rebelión contra Dios como lo explica el rabino Rav Laitman:

1° – La luz del Creador, forma una vasija, que recibe esa luz, la contiene y queda llena;

2° – en esa plenitud, la vasija creada, criatura, quiere ser como el Creador y en vez de conservar la luz, la rechaza intentando otorgarla como hace el Creador; porque tiene envidia de Él;

Aquí encontramos el principio de la rebelión de Luzbel

3° – la vasija se vacía porque no es el Creador e intenta corregir su error aceptando en parte la luz y rechazando otra parte y queda parcialmente vacía; es una primera corrección;

4° – en una nueva corrección, la vasija acepta toda la luz creadora del Creador para otorgarle a Él la satisfacción, la donación y el gozo de su aceptación y gozo. Alcanza la felicidad de la entrega al Creador en honor del Creador. 

En el Tratado teológico-político Spinoza critica a la teología cuando ésta trata de extender su poder fuera del ámbito que le es propio; se permite una lectura histórico-crítica de la Biblia para desde ahí elaborar una nueva teoría de lo político. Exactamente como lo hacen los protestantes y como lo ha venido haciendo reiteradamente Francisco dando interpretaciones libres y disparatadas además de heréticas a pasajes de la Biblia,

Spinoza propone que la Biblia es parte de la Naturaleza y los hechos que narra desde la caída de Adán también, de manera que lo que hay que hacer es una lectura racional de la misma, en la que se prescinde de lo sobrenatural. Es decir quitar a la palabra de Dios, la parte divina y dejar las palabras pero eliminar a quien las dijo, como si no existiera y como si esto pudiera ser, aunque contraste con el sentido común.

A partir de ahí, se puede fundar una separación clara entre el ámbito de la fe (que es el dominio de la teología) y el de la razón política, que será propio de la filosofía política. A la separación de teología y política en términos racionalistas corresponde también la separación entre piedad (correlato de la fe) y verdad (correlato de la razón). En la doctrina de la Iglesia no hay tal separación, sino que la verdad va unida a la fe y esta se sustenta en la razón.

Al negar la transcendencia y el carácter personal de Dios, la revelación tiene en Spinoza un papel fundamental. Pues sólo queda la palabra sin el interlocutor. Spinoza mantiene que las iglesias deben renunciar a su pretensión de ejercer autoridad fuera de su dominio y someterse al poder civil, que es el único soberano.

Esto es el principio del estado laico que permite tolera cualquier credo religioso siempre y cuando se someta a su autoridad civil y política lo cual significa que pierde su carácter trascendental y queda limitada a la esfera humana, que es precisamente la idea de Bergoglio respecto a la religión, que puede limitarse al ámbito humano, con lo cual se diluye su verdadera esencia que es espiritual.

Sin embargo sabemos que el estado no es garantía de justicia ya que ésta sólo viene de Dios y es la materialización de su voluntad y del orden perfecto con que dotó a su creación, por lo tanto, que el estado establezca las leyes y el derecho en base a sus conveniencias sin tomar en cuenta a Dios, es la primera violación al derecho natural y falta a la justicia, que tendrá como consecuencia un estado que se impone a base de la ley y el derecho para evitar someterse a la justicia, y las leyes que de Dios emanen y no reflejarán la justicia divina que es inmutable sino el voluble criterio humano del momento.

Para Spinoza las leyes son superiores a la justicia ya que esta no tiene lugar en su filosofía, las leyes son al final de cuentas, creación humana y por tanto son mutables y hechas a conveniencia de la época y los intereses particulares, a diferencia de la justicia que es siempre una y la misma.

Einstein toma de Spinoza esta idea de que no hay verdades absolutas, por lo tanto, las leyes de la naturaleza tampoco son estáticas y fijas sino al igual que las leyes humanas, las leyes de la naturaleza se pueden adaptar a las teorías o conveniencias humanas, como fue el caso con la Teoría General de la Relatividad que fue el medio que usó Einstein para adaptar la creación, el universo y las leyes de la naturaleza, que son fijas y no cambian, a su muy particular concepto de espacio-tiempo que se amolda dependiendo de las condiciones que provocan que las leyes cambien y se modifiquen de acuerdo a su entorno.

Spinoza sostiene además que en cuanto al orden social y de gobierno, el Estado para imponer que los individuos obedezcan sus leyes, es necesario que el Estado conceda a los individuos total libertad de pensamiento y expresión. Suprimiendo todas las demás, ya que así la libertad de pensar y escribir se vuelven inofensivas, dado que no se pueden llevar realmente a la práctica. Pues esta es la única forma en que el cuerpo político que los individuos se han dado a sí mismos, a través de un pacto o tratado para salir del estado primitivo, puede perdurar.

En resumen:

El Dios de Spinoza no es el Creador transcendente, sino la naturaleza misma. De ahí la fórmula: Dios y naturaleza son la misma sustancia, la cual puede ser aprendida por la inteligencia humana bajo dos modos o aspectos.

Esta idea rompe, además, con las representaciones habituales de la divinidad de carácter antropomórfico, o sea, basadas en la atribución a la divinidad de rasgos que en principio son propios del ser humano.

Dios no es la providencia organizadora, ni el padre amantísimo, ni el monarca severo, ni el juez justiciero, ni siquiera el relojero perfecto.

Spinoza presenta estas representaciones como ficciones interesadas de los humanos. Y funda así una ontología, una filosofía del ser, que se suele denominar monista (una única sustancia con dos modos o aspectos esenciales), naturalista (por la reducción de Dios a la naturaleza) e inmanentista (porque no recurre a un ser transcendente para entender, explicar o comprender la naturaleza). Exactamente este es el pensamiento de Bergoglio que es el mismo de la filosofía de la Nueva Era.

Espeluznante ¿no?

En ediciones próximas analizaremos más a detalle la falsedad, imprecisión y erróneo de la Teoría General de la Relatividad.

Con información de: http://equinoxio.org, https://informacionporlaverdad.wordpress.com

Artículo publicado en el Boletín BIIE Vol.04 No.22 – Mayo 2017 Primera Quincena

 

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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