Jérôme Lejeune el padre de la genética y profundamente católico que por oponerse al aborto perdió el Premio Nobel

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Artículo publicado en Julio 2016

Este asombroso médico es considerado por muchos como el padre de la genética moderna, principalmente por ser el descubridor de la causa del síndrome de Down y el síndrome de Lejeune (o del maullido de gato). Y, sin embargo, este notable investigador parece habitar en las sombras de la historia científica, debido a su profunda fe.

A principios de la década de 1950, Jérôme Lejeune comenzó a trabajar en el Centro Nacional para la Investigación Científica, en el equipo del Dr. Raymond Turpin. Tras 6 años de trabajar ahí, en 1958 Lejeune descubrió la causa genética del síndrome de Down: la presencia de una copia extra del cromosoma 21.

Abriendo así las puertas para el desarrollo de la citogenética y la genética moderna, Lejeune descubrió las causas de otras enfermedades cromosómicas, al mismo tiempo que recolectaba reconocimientos por su labor, incluyendo el Premio William Allan, el mayor reconocimiento en el campo de la genética.

Los descubrimientos que realizó abrieron el paso para la investigación terapéutica de como el número de copias de un gen podían afectar la salud. Sin embargo, también llevaron al desarrollo de técnicas de diagnóstico prenatal de anormalidades cromosómicas y a la propuesta de terminación de los embarazos afectados.

Jérôme Lejeune se opuso firmemente a la terminación del embarazo en caso de descubrirse que el niño nacería con alguna enfermedad genética, cuestionando abiertamente la moralidad del aborto, punto de vista poco compartido entre sus colegas.

Causando mucho revuelo por sus ideas, fundamentadas en su fe católica además de argumentadas conscientemente desde el punto de vista científico, lo cual le ganó el odio de varios partidarios del aborto, pues era difícil luchar contra sus argumentos científicos.

Llevando la causa pro-vida a las Naciones Unidas, se refirió a la OMS como: “una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Más tarde le escribiría a su esposa: “Hoy me he jugado mi premio Nobel”. Después de haber sido considerado para recibir el premio Nobel, su nominación nunca prosiguió, viéndose la verdad de sus palabras.

Tras su declaración dejó de recibir apoyo económico para sus investigaciones, y dejó de ser recibido en los congresos internacionales de genética.

Sin embargo, esto no lo desanimó ni movió de sus convicciones. Luego, le llegó un nuevo reconocimiento a su trabajo, esta vez desde el Vaticano, pues el Papa Pablo VI lo eligió para la Academia Pontificia de Ciencias. Luego, cuando San Juan Pablo II fue nombrado Papa, éste le pidió a Lejeune que le informara todo sobre la clonación, investigación en embriones, y otros temas por el estilo, sentándose la base para una larga amistad.

En 1994, Jérôme Lejeune fue nombrado primer Presidente vitalicio de la Academia Pontificia para la Vida. A solo unas semanas de su nombramiento, el investigador falleció de cáncer de pulmón.

Pero su historia no concluye ahí. En junio de 2007 se inició su causa de beatificación, concluyéndose en abril de 2012 el proceso diocesano. Ahora, sólo se espera un milagro obrado por su intercesión.

Además, la Fundación Jerome Lejeune continúa con el trabajo en investigación y desarrollo, ofreciendo tratamiento y esperanza a los pacientes con síndrome de Down.

Fuente: www.veritasmedios.org

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