La nueva Ruta de la Seda impulsada por China

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En la conclusión de la XIX reunión del Congreso del partido Comunista de China (PCC) celebrado el pasado mes de octubre de 2017, el presidente chino, Xi Jinping, presentó una visión para China y el mundo para el año 2050, en la cual China llegaría a ser una nación plenamente desarrollada, que ayuda a las que fueron naciones colonizadas del mundo entero a salir de la pobreza para convertirse en naciones industriales modernas.

El presidente Xi, fundamenta esto en los conceptos de “una comunidad de destino común” y “un nuevo tipo de relaciones entre las grandes potencias”. Él respalda totalmente el propósito declarado del Presidente norteamericano Donald Trump de trabajar estrechamente con China y con Rusia en este nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias, llevadas por la visión de la Nueva Ruta de la Seda, de un destino común de progreso para todos.

“China ha liderado un desarrollo internacional y la gobernanza global para construir una comunidad de destino común por medio de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII)”, señala Zhao Minghao, columnista del diario chino en inglés GLOBAL TIMES, que titula su artículo publicado el lunes 30 octubre, “China y Estados Unidos pueden ser grandes juntos”. Zhao es investigador adjunto en el Instituto Chongyang para Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China.

La diferencia entre los dos futuros que enfrenta la Humanidad

Recordemos que hace apenas 2 años, en la Cumbre los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) de 2015, en la ciudad rusa de UFA, se creó el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) con un capital inicial de 100,000 mdd. La sede principal del banco se estableció en Shanghái; con un primer gobernador institucional de la India y el primer presidente de la Junta Directiva será de Brasil. Además se creó el Fondo de Reservas de Emergencia de 100,000 mdd.

Con esto, los BRICS iniciaron la creación de sus propias instituciones financieras, que además del respaldo financiero del banco, se levanta una protección para evitar riesgos financieros a los países en desarrollo.

Esto ha sido una respuesta positiva ante el actual sistema financiero internacional injusto e insolvente.

El NBD responde a los intereses de los países en desarrollo que desean tener una institución financiera que realmente pueda reencarnar el principio de que las finanzas impulsan el desarrollo y el desarrollo promueve el progreso.

Los miembros del NBD, en especial China, antes de hacer avanzar esta noble institución, han promovido la reforma al Banco Mundial y el FMI, y ante la negativa de estos, se impulsó el establecimiento del NBD permitiendo que estos países posean, bajo su propio control, un mecanismo de prevención de riesgos financieros ante un complicado ambiente internacional, proporcionándoles una fuente de capital confiable para su desarrollo. Los BRICS, no buscan el esquema de “ventajas comparativas” como el que se ha impuesto a naciones como México con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que ha reducido, a lo largo a dos décadas y media, a la nación a la condición de ser esencialmente un proveedor de materias primas y de mano de obra barata.

Uno de los principales objetivos del Banco de Desarrollo, fue impulsar los proyectos de construcción de infraestructura que requieren periodos largos, volúmenes grandes y resultados económicos en términos de aumento de productividad per cápita y por kilómetro cuadrado, como lo son ferrocarriles de alta velocidad, líneas de transmisión de electricidad, sistemas de gestión de agua, telecomunicaciones, puertos, represas, etc.

Por experiencia se establece que el crédito para fortalecer el desarrollo en el sentido real, debe enfocarse en la infraestructura bien planificada y bien construida, la que nos puede conducir a un nivel superior de actividad económica, que se conoce como “plataformas de desarrollo”, proporcionando soluciones completas a extensas zonas del planeta.

Con esto en mente, China empezó hace años a construir la red ferroviaria en Asia, que ya llega a terminales tan lejanas como Madrid, España, pasando por Bielorrusia, Alemania y Francia, y muy pronto cruzará el túnel del canal de la Mancha para llegar a Londres. La totalidad de proyectos de infraestructura y desarrollo que está financiando China en Asia, África, Europa Central y varios puertos del Mediterráneo, equivalen a 8 veces el Plan Marshall con el que los EU ayudaron a reconstruir a Europa Occidental y Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Tenemos, por otro lado, la carencia total de visión en occidente por el momento.

Los intereses imperiales británicos detrás del intento de golpe contra Trump son las mismas fuerzas de la City de Londres y de Wall Street que han llevado a las economías occidentales a la decadencia industrial, al derrumbe de su infraestructura, a la desaparición de la industria nuclear y de los programas espaciales, a la horrenda epidemia de drogadicción, al enorme desempleo y a las cada vez mayores tasas de empobrecimiento y de suicidios. Por eso, la diferencia entre los dos futuros que enfrenta la humanidad es muy clara.

Enfoque de los proyectos de infraestructura

En Iberoamérica, ya están muy avanzados los estudios para construir el ferrocarril bioceánico de Sudamérica, que conectará el océano Pacífico con el Atlántico con dos vías férreas desde Brasil hasta Perú, pasando por Bolivia; y desde Brasil hasta Chile, cruzando Argentina. Una buena Parte de los países de Sudamérica se está enganchando la Franja y la Ruta, con importantes proyectos.

Por ejemplo de energía nuclear, con Argentina, ciudades de la ciencia en Bolivia y Ecuador. En Centroamérica y el Caribe se preparan para unirse a la Nueva Ruta de la Seda, como ya lo hace Panamá, que ya firmó 19 contratos con China para remodelar el canal, y Nicaragua, donde China construirá un nuevo canal interoceánico para los barcos de mayor calado del mundo.

En México, ya se aprobó por el Congreso y está por empezar la licitación para la construcción del Ferrocarril transoceánico del Istmo de Tehuantepec, que unirá dos puertos, Coatzacoalcos y Salina Cruz, que se convertirán en superpuertos, con lo cual se consolidarán esas cinco rutas transoceánicas de la Franja y la Ruta en Iberoamérica, que conectarán Asia con Europa y África.

El Caribe, igual que México, Texas y Florida, han sufrido grandes daños y destrucción por los recientes huracanes y no hay forma de lograr una reconstrucción exitosa si no nos unimos solidariamente toda la región a la Franja y la Ruta. El reto es que las fuerzas políticas del país, asuman que la reconstrucción económica de México, como la de Sudamérica, puede vincularse a este nuevo sistema económico de cooperación basado en el principio de los beneficios mutuos.

No resolveremos esta crisis limitando la discusión a esquemas de redistribucionismo administrativo y proyectos productivos de asistencialismo social. China ya abrió el camino, solo falta que lo queramos transitar.

La misión de México

En este sentido, México tiene un papel fundamental para consolidar la expansión de la Franja y la Ruta no solo hacia Iberoamérica, sino también hacia la zona de Norteamérica.

A este respecto, fue el propio presidente chino quien, en la reciente reunión de los BRICS-Plus que se celebró el 4 y 5 de septiembre de 2017 en Xiamen, China, definió lo que debe ser la nueva misión de México:

“Ambas partes deben unir sus estrategias de desarrollo y sinergizar sus respectivas ventajas para construir una cadena de suministro que conecte a China y México y que irradie a las regiones circundantes”, a lo cual añadió que espera que los lazos chino-mexicanos desempeñen “un papel ejemplar” en el proceso de construcción de una comunidad entre China y América Latina.

Ese momento ya está aquí. México debe acelerar su inserción en la Franja y la Ruta reconstruyendo precisamente las zonas dañadas gravemente por los últimos sismos, como Oaxaca y Chiapas.

Ahí es donde tenemos que emplear las mejores técnicas de construcción que México posee, con financiamiento federal para construir un sistema de infraestructura moderna y eficiente.

Este debe ser el sentido de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), a las cuales el presidente Peña Nieto dio el banderazo el 28 de septiembre de 2017; cuya primera fase abarca tres polígonos de desarrollo centrados en Lázaro Cárdenas-Las Truchas, en Michoacán; Coatzacoalcos, Veracruz; y Puerto Chiapas, Chiapas.

China ya puso el ejemplo, al sacar a 700 millones de chinos de la pobreza en los últimos 30 años con este concepto económico. Solo falta resolver los problemas de tenencia de la tierra en las comunidades afectadas por el trazo del nuevo ferrocarril de alta velocidad, del Istmo de Tehuantepec, que unirá Coatzacoalcos con Salina Cruz, para consolidar esta primera fase.

Ese ferrocarril es la columna vertebral para el comercio transatlántico de esas zonas económicas especiales.

Una segunda fase contempla extender el ferrocarril hacia Puerto Chiapas y Chetumal, así como un corredor de gas y petróleo desde Coatzacoalcos hasta Campeche y Tabasco.

China está lista para que muchas naciones más se unan a este nuevo sistema de cooperación global por el desarrollo, incluso se hacen las gestiones necesarias para que Donald Trump haga que EU participe. El viaje que Trump y una delegación de empresarios realizó a Asia del 3 al 15 de noviembre pasado fue clave. La gira por China, Corea del Sur, Filipinas y Vietnam, marcó una pauta que indica que ya no continuaría la política de aislar a China de los EU que llevó a cabo con tanto ahínco, Obama.

A este respecto, es absolutamente crucial que México asuma su papel de unificador de Iberoamérica, como lo intentó en su tiempo el Presidente José López Portillo, y solo de esa forma México logrará que Trump nos respete como nación, y a toda Iberoamérica, y que nos escuche: somos 680 millones de habitantes en toda Iberoamérica, y en todo el continente, 996 millones.

Podremos equipararnos a China como potencia económica si Trump se olvida del inútil muro y se abre a una relación económica justa con Iberoamérica para transferirnos tecnología e integrarnos conjuntamente a la parte terrestre de la Franja y la Ruta, a través de la construcción de un túnel en el estrecho de Bering, para conectarnos a esa red ferroviaria mundial de alta velocidad. Como lo ha dicho el Cónsul de China en  Tijuana: “México e Iberoamérica, deben prepararse para recibir a 100 millones de chinos en viajes de turismo y negocios”.

Esto es lo que deberían estar discutiendo los EU y México en estos momentos, una transición ordenada del ya obsoleto Tratado de Libre Comercio (TLCAN), a una nueva economía, de integración económica de las Américas en el nuevo orden económico mundial definido por la Nueva Ruta de la Seda.

El Estado debe financiar y ser rector de la industrialización

Ninguna estrategia de reconstrucción, ni de industrialización, particularmente en las Zonas Económicas Especiales, tendrá éxito dentro de las reglas del TLCAN y del actual esquema de Participación Pública-Privada (PPP). El TLCAN no ha sido un éxito, ha sido un esquema que convirtió a México en una enorme plantación esclavista de maquiladoras con los salarios más bajos del mundo, que produjo más pobreza y agudizó la separación entre ricos y pobres, sentando las bases de la violencia y del reclutamiento de esos sectores empobrecidos al crimen organizado y al narcotráfico.

El esquema PPP no funciona porque tenemos una banca privada extranjera, cuyos propietarios son los dueños de la burbuja especulativa que está a la espera de cualquier “accidente” para estallar. Es una casta oligárquica de buitres financieros dispuestos a lucrar con el desastre, y un sector empresarial nacional en bancarrota que les rinde pleitesía y los imita.

Para arrancar hacia una verdadera reconstrucción e industrialización, el financiamiento sólo puede provenir del Estado.

¿Cuál es la infraestructura estratégica que México debe construir?

Primero. La gestión de agua a gran escala.
Ahora es el momento de retomar los más importantes proyectos planteados hace más de 30 años, como el PLHINO (Plan Hidráulico del Noroeste) y el PLHIGON (Plan Hidráulico del Golfo Norte) que juntos dotarán de agua abundante a las regiones más castigadas por las recurrentes sequías, con esas obras, se podrán habilitar varios millones de hectáreas al riego para la producción a gran escala de granos y otros cultivos, además de resolver el problema de abasto de agua en las ciudades.

Segundo. El sistema nacional de ferrocarriles.
Sería una amplia red que conecte centros urbanos de mediana y gran distancia entre sí, incorporando a los puertos y a zonas industriales para formar corredores de desarrollo agroindustrial. Para las grandes distancias deben ser trenes de alta velocidad (300 km/h) que formarían una red troncal a la que se conectarían redes secundarias de ferrocarril convencional y autopistas.
Las principales rutas troncales serían: Ciudad de México-Laredo, Nayarit-Cd. Juárez, Salina Cruz-Coatzacoalcos (ruta transístmica), Ciudad de México-Tijuana y Tijuana-Matamoros.

Tercero. La AEM, Agencia Espacial Mexicana.
Deberá incorporarse a los programas de desarrollo espacial de Asia, EU, la Unión Europea e Iberoamérica.
Participar del desarrollo de instrumentos, prototipos, nuevos materiales, manufactura avanzada, etc., con agencias espaciales.
La ciencia espacial debe de fluir velozmente en nuestras universidades y centros de investigación para recuperar el tiempo perdido y poner este noble conocimiento como principal impulsor de la tecnología nacional. Ya tenemos una cierta mano de obra calificada en los actuales corredores de informática y aeronáutica en Jalisco, Querétaro, Aguascalientes y Sonora.
Este programa, del cual solo se exponen grandes rasgos, producirá en México más de 1 millón de empleos productivos al año, con altos salarios, debido al incremento de la productividad per cápita y por kilómetro cuadrado.

Nota

(*) La Franja y la Ruta, es el nombre dado por China a la adopción de la Nueva Ruta de la Seda. Estamos hablando de un gran proyecto multinacional de desarrollo. Es un plan en ejecución desde el 2014 que se ha presentado en foros internacionales y goza de gran prestigio en el mundo. Con desarrollos principales en Asia, África y Europa Oriental. Está basado en la conexión transcontinental terrestre de toda Asia mediante ferrocarriles de alta velocidad e infraestructura asociada en energía y agua, que facilitará la creación de corredores de desarrollo. Contará con varias rutas. Una vez terminado, Asia y Europa quedaran estrechamente conectadas. Este proyecto podrá extenderse a nivel mundial a través del Puente Terrestre Mundial.

Artículo publicado en el Boletín BIIE Vol.05 No.06 – Diciembre 2017 Segunda Quincena.

Analista político internacional con 30 años de experiencia, especializado en Ciencia, Tecnología e Inteligencia.

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