EE.UU. al borde de un colapso hiperinflacionario al estilo de la Alemania de Weimar que arrastrara a la Unión Europea

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En muchos artículos de este boletín hemos hablado sobre el divorcio que existe entre el dólar y la economía real. Ya hemos documentado ampliamente como el dólar a partir de 1971 abandono el patrón de referencia oro con lo cual el dólar dejo de tener un respaldo real y confiable y se comenzó a imprimir papel moneda de acuerdo a la necesidad de liquidez y no en base a lo que pudiera respaldarse en metal o algún otro bien físico que le diera un valor real al dólar.

Esta locura de dejar trabajando día y noche la imprenta de billetes, ha inundado el mundo con dólares que tienen un valor de acuerdo no a lo que produce Estados Unidos, sino al valor que obliga al resto del mundo a aceptar a punta de misiles. La fortaleza del dólar no está basada en la riqueza económica norteamericana sino en su violenta y diabólica política bélica.

Llenar sin control el mundo de billetes verdes ha provocado una hiperinflación que, al reventar, arrastrará al resto de la economía mundial que esté anclada a él, a la bancarrota. Esto no es un caso nuevo ni desconocido existe un antecedente muy conocido que ilustra perfectamente bien lo que podría pasar en cualquier momento de no detener esta política económica norteamericana controlada por el consorcio militar industrial. Este antecedente es la Alemania de la República de Weimar, el periodo inmediato posterior al final de la Primera Guerra Mundial. Este momento histórico de hiperinflación comenzó en 1919 y se extendió hasta 1923 cuando llevó a la bancarrota a la economía alemana. La creación de la República de Weimar fue una operación angloamericana sionista para destruir la capacidad económica y principalmente industrial y científica alemana que aún quedó en pie después de la Gran Guerra.

 Se llamó República de Weimar, porque en esa ciudad se reunieron los diputados de la Asamblea Constituyente para redactar la Constitución que estaría en vigor hasta la creación de la República Federal Alemana en 1949.

La República de Weimar nació bajo el espectro de la derrota en la Primera Guerra Mundial, alentada por un movimiento de masas de cariz revolucionario impulsada por el sionismo disolvente, para repetir la operación de conquista de Rusia de parte de la revolución soviética que, como ya hemos documentado ampliamente, fue una operación en pinza del sionismo mundial que tenía sus bases ideológicas en destacados judíos alemanes como Karl Marx y Engels y ejecutores como los judíos rusos Lenin y Trotzky y todos financiados por los banqueros judíos de Nueva York. Fue una operación de “hermanos de raza”.

En Alemania se intentó lo mismo, el desmantelamiento del Imperio Alemán y acabar con la tradición clásica alemana que había dado glorias a la humanidad como Goethe, Schiller, los hermanos Humboldt y Beethoven. Para toda esta élite intelectual alemana que fue lo más destacado de Europa de finales del siglo XVIII y principios del XIX la ciudad de Weimar fue su sede y punto de partida, por ello era simbólico que la constitución que garantizaría para Alemania las condiciones de quiebra económica, industrial y sobre todo moral y social se firmaran en la misma ciudad que había representado para el sionismo europeo su mayor afrenta. La creación de la República de Weimar contó con la oposición de la derecha, la magistratura, la alta burocracia y gran parte del ejército.

Weimar fue la ciudad de los clásicos y de los grandes genios.

Goethe y Schiller, Los Humboldt, Bach. etc. La enumeración de grandes nombres de Weimar es ingente; esta ciudad es una joya de la historia intelectual alemana y europea. El Clasicismo de Weimar duró solo unos 50 años, pero es una de las épocas más fantásticas de la historia intelectual europea.

Todo empezó con la Duquesa Ana Amalia, quien logró que poetas y pensadores, cuya fama todavía hoy, se halla inherentemente vinculada a Weimar, se trasladaran a la pequeña ciudad, lejos de las grandes y poderosas residencias. Testigos del Clasicismo de Weimar son los lugares donde vivieron y crearon sus obras los poetas y sus mecenas: las casas de Goethe y de Schiller; los palacios Belvedere, Ettersburg y Tiefurt con sus magníficos parques; los lugares donde Herder escribió sus obras; el palacio Wittum, donde se reunía el ilustre grupo de tertulianos; la famosa Biblioteca de la Duquesa Ana Amalia; y el histórico cementerio con el Panteón de los Príncipes donde se hallan los sepulcros de Goethe y Schiller.

Weimar era el centro del mundo intelectual a finales del siglo XVIII y principios del XIX, el nombre de Friedrich Schiller está asociado excepcionalmente al esplendor del Clasicismo de Weimar: los once años de su colaboración con Goethe se consideran una pieza clave de la época. La herencia de vanguardia de la ciudad y el estado en la que se encuentra SajoniaWeimar-Eisenach, cuya capital era Weimar, se ve en el hecho de que fue el primer estado federado en obtener una Constitución en 1816.

La Alemania de Weimar es un legado para la humanidad que intentó ser destruido por el sionismo, ya que su increíble creatividad y aportes a la cultura, significan que es posible alcanzar unas condiciones de vida mejores, más humanas y más prometedoras.

La República de Weimar antítesis del clasismo de Weimar, nació entre el fragor de la revolución y el eco de la huída del káiser Guillermo II a Holanda, que murió abandonado por casi todos. El enterramiento del régimen de Weimar fue el resultado de la conspiración de un reducido círculo de hombres poderosos, próximos a Hindenburg.

Para los historiadores judíos y sionistas la República de Weimar representó un logro y una época dorada, porque significó para la mayoría de la población el infierno de las medidas económicas que obligaban a Alemania a hacer frente a las obligaciones de reparaciones de guerra.

El sionismo a través de su obra la República de Weimar, impulsó la creación de un nuevo paradigma de mujer alemana que dejó una marca en el imaginario colectivo de la época por que al igual que sucedió en Rusia con la revolución, la Alemania de Weimar presentó un nuevo modelo de mujer que garantizará la destrucción de la familia y con ella la de la sociedad completa. La nueva imagen de mujer alemana es presentada con pelo corto, esbelta, atlética, atractiva y carente de instinto maternal, fumaba y, a veces, vestía con prendas masculinas; salía sola y practicaba el sexo cuando le apetecía; trabajaba, normalmente en una oficina, o se dedicaba al arte, y vivía al día, con total independencia. Mientras la mujer del pasado vivía para su marido y para sus hijos, se sacrificaba por la familia.

La mujer moderna, por el contrario, creía en la igualdad de derechos y luchaba por su autosuficiencia económica. Los años de la República de Weimar son los años de una cierta liberación sexual, de cuando el alemán y la alemana «descubren» su sexualidad, aprenden a disfrutar del sexo y de los placeres de la vida… por ello los representantes de la moral religiosa, tanto católica como protestante, y de los partidos políticos más conservadores así como del ejército se opusieron a esta degradación moral del pueblo alemán a manos de los creadores de la revolución rusa.

En esa época Berlín adquirió un papel sobresaliente con sus cuatro millones de habitantes, era la ciudad más importante de Alemania, y la segunda más poblada de Europa, y fue la punta de lanza del ideario de la República de Weimar. Berlín atraía a pintores y a poetas, a jóvenes soñadores y ambiciosos. Escaparate de clubes nocturnos y locales para homosexuales, era una ciudad desenfrenada y obsesionada por el cuerpo y el sexo. Berlín era ciudad para pasarla bien, con barriadas elegantes y ricas, parques para el esparcimiento, un zoológico y numerosos lagos, al alcance de cualquier berlinés.

Pero, también, una ciudad con sus barrios bajos, donde cientos de miles de personas se hacinaban en cuartuchos de mala muerte, donde se pasaba hambre, donde los estragos de las constantes crisis de los años veinte pasaron factura.

Weimar fue Berlín, Berlín fue Weimar. La capital adquirió categoría de símbolo y fue patrón de referencia. En el resto de Alemania se pensaba que los berlineses habían ido demasiado lejos. Era un imán que atraía a alemanas y foráneos con ambición y talento, pero que también infundía pavor y desprecio. Era un reflejo único, esencial, de la Alemania de Weimar el modelo que el sionismo deseaba implantar sobre toda Alemania. En este contexto social se dio la hiperinflación en la República de Weimar.

La cual consistió en aplicar la misma demencia política económica que lleva a cabo el banco central norteamericano de imprimir dólares sin restricción ni control. En Alemania esto significó que el valor del marco-papel en relación con el marco-oro pasó en menos de un año de la paridad 100 a uno, a uno por un billón (un millón de millones)

Cuando la Primera Guerra Mundial estalló el 31 de julio de 1914, el Reichsbank suspendió la convertibilidad de la moneda en oro, con lo que pudieron empezar a emitir grandes cantidades de papelmoneda lo mismo que hizo Estados Unidos en 1971. Al término de la contienda, su financiación había costado al Reich 185.000 millones de marcos, coste que debía duplicarse si se tiene en cuenta que el marco se vendía al término de la contienda a la mitad de su valor anterior.

De estos 185.000 millones, ni tan siquiera la quinta parte (38.000 millones) procedía de impuestos, mientras que el 50% (97.000 millones) provino de deuda, y el 27% (50.000 millones) de bonos del tesoro a corto plazo.

En 1918 el Reichsbank reconocía una deuda flotante de 49.000 millones, y una acumulada de 96.000, en tanto que la cantidad de dinero en circulación se había incrementado de 2.900 a 18.600 millones. Los instrumentos de financiación a los que había recurrido el régimen imperial habían supuesto, por tanto, un crecimiento del 600% del déficit presupuestario y del 500% de la masa monetaria en circulación. En este sentido, la inflación era menor de lo esperado, ya que la depreciación de la moneda alemana con respecto al dólar entre 1914 y 1919 fue aproximadamente de la mitad: de la relación 1 dólar: 4,2 marcos, se pasó a 1 dólar: 8,9 marcos en enero de 1919. Los precios sólo habían subido un 140% para diciembre del 18, situación similar a la inglesa.

En lo concerniente a las reparaciones de guerra, tras varias reuniones preliminares en 1920, la Conferencia de París de 1921 había fijado las mismas en 269.000 millones de marcos-oro, a pagar en 32 anualidades, cifra que fue reducida a 132.000 en la Conferencia de Londres. Estas reparaciones se pagaron con dinero prestado por los propios Aliados.

En alemán, se puede leer: El 1 de noviembre de 1923, una libra de pan costaba 3.000 millones de marcos, una libra de carne: 36.000 millones, un vaso de cerveza: 4.000 millones.

Para hacer frente al incremento del gasto público provocado por su política social sin aumentar los impuestos, el gobierno alemán empezó a imprimir cada vez más papel-moneda, aferrándose al error de que la devaluación de la moneda se debía, no a la expansión monetaria y crediticia, sino a la desfavorable balanza de pagos.

Hasta enero de 1922, la moneda alemana se devaluó hasta 36,7 marcos por dólar, momento en que la inflación tomó proporciones anormales. A principios de 1922 los precios aumentaron aproximadamente un 70%, lo cual había causado un aumento de salarios (sólo del 60%). En diciembre de 1922 el dólar ya alcanzó el promedio de 7.592 marcos y después de la ocupación del Ruhr, en enero de 1923, su caída no tuvo fin.

Para entonces la mayoría de la gente había perdido todos sus ahorros, y los contribuyentes se dieron cuenta de que, simplemente con retrasar el pago de sus impuestos, la depreciación del marco los haría desparecer. La Hacienda se hundió, y el gobierno, cada vez con menos ingresos, se financió imprimiendo aún más billetes. El dólar pasó de 17.972 marcos a 350.000 en julio, 1 millón a comienzos de agosto, 4 millones a mediados de mes, y 160 millones a finales de septiembre. El derrumbe del marco fue tan absoluto que dejó de funcionar como valor de cambio, con el consiguiente colapso de la economía alemana. Para octubre de 1923, el 1% de los ingresos gubernamentales procedían de los cauces habituales, y el 99% de la emisión de nueva moneda. En torno al 15 de noviembre se pagaba la inimaginable cantidad de 4,2 billones de marcos por un único dólar.

Fue en ese momento cuando Hjalmar Schacht puso en vigor el Rentenmark, una moneda para uso interno respaldada por la riqueza económica del país. Algún tiempo después se creó el nuevo Reichsmark, que sustituyó a las viejas monedas a partir del 11 de octubre de 1924. Los antiguos billetes fueron puestos fuera de circulación el 5 de junio de 1925. Pese a que el “milagro del Rentenmark” resolvió el problema de la hiperinflación y permitió estabilizar la economía, sus devastadores consecuencias siguieron siendo las mismas. Las diferencias sociales se acentuaron enormemente, y, como de costumbre, los más ricos no sólo no se vieron perjudicados por la hiperinflación, sino que salieron beneficiados.

Las grandes empresas pudieron así librarse de sus deudas, reducidas a cero, muy rápidamente. Algunos grandes industriales, gracias a esto, pudieron multiplicar por diez su fortuna: el ejemplo típico es Hugo Stinnes, el llamado «nuevo Kaiser», que creó un inmenso trust industrial adquiriendo empresas arruinadas a precios bajos, gracias a préstamos que devolvió al cabo con marcos sin valor alguno.

La clase media, en especial los rentistas, quedaron arruinados mucho antes de que la inflación adquiriera proporciones delirantes. Los ahorradores perdieron todo su dinero, mientras que la gente que gastó su dinero en comprar inmuebles y bienes tangibles, la gente que más se endeudó, se había hecho rica. Para el alemán medio era el mundo al revés: las personas que siguieron las normas se vieron estafadas y traicionadas, mientras que quienes las violaron se enriquecieron.

Además, unida a la pérdida absoluta del valor del marco, se produjo un alza disparatada de los precios. La hiperinflación de 1923 acabó con la sociedad alemana de preguerra. La reducción del gasto público y las prestaciones sociales para equilibrar personas que llegaban en el momento en que eran más necesarios, después de que gran parte de la población se hubiera arruinado. Ante la miseria, el hambre y la falta de atención sanitaria, el ocio se convirtió en un medio de evasión de masas, lo que creó una poderosa industria del ocio (Unterhaltungsindustrie) en torno a la prensa, la radio y, sobre todo, el cine, en una verdadera ola de americanización y escapismo social.

Esta es prácticamente la misma situación en la que se encuentra actualmente Estados Unidos, creando una inmensa masa de dinero circulante sin sustento alguno más que su fuerza militar y ofrece el entretenimiento de Hollywood y la televisión para hacer llevadera la situación insostenible.

Hasta el mismo empresario y escritor estadounidense Robert Kiyosaki, famoso por sus predicciones financieras como la del estallido de la burbuja tecnológica en el año 2000 o la quiebra del banco Lehman Brothers en 2008 asegura en News.com.au. que un futuro colapso económico será causado en 2016 por lo que él considera el mayor problema de EE.UU: el exceso de impresión de billetes que provocará una hiperinflación que desembocará en una crisis financiera global en 2016. «Mi preocupación siempre ha residido en que, si imprimes dinero, dos grupos de personas son perjudicados: la clase media y la gente pobre», añade.

Kiyosaki argumenta que si EE.UU. imprime billetes de dólares en exceso, se producirá una situación de hiperinflación mundial en la que el dólar tendrá un peso notablemente menor. Según él, de esta forma «EE.UU. se convertirá en la próxima Zimbawe», donde «con medio millón no se puede ni comprar pan».

Asimismo, Kiyosaki advierte que este mismo problema podría extenderse a Australia, Japón y la Unión Europea si el dólar se derrumba.

Quien también expresó la misma preocupación sobre la hiperinflación fue el eurodiputado francés Jean-Luc Mélenchon que vaticinó un futuro muy sombrío para la Unión Europea. En su opinión, una de las mayores amenazas del bloque en la actualidad es el rápido aumento de la deuda externa.

Según cita el portal de noticas ruso ‘Svpressa’, el líder del Frente de Izquierda francés y ex ministro de Educación Técnica, Jean-Luc Mélenchon sostiene que este asunto es realmente preocupante ya que la deuda externa total de los países de la Unión Europea sobrepasa los 17 billones de dólares que acumula EE.UU. en volumen de deuda pública así que: «Estas deudas nunca se pagarán». «Como ya se ha demostrado en la historia, todo acaba en quiebra y eso puede conducir al desastre total, la guerra o la hiperinflación», agregó.

Exactamente como hemos sostenido en este boletín en muchos artículos referentes a las sanciones económicas contra Rusia, el eurodiputado y político francés considera que las sanciones contra Rusia y la crisis en Ucrania únicamente refuerzan las tendencias negativas. «Las sanciones impuestas a Rusia debido a la difícil situación en Ucrania, sólo contribuyen a conformar un futuro sombrío en toda Europa, tanto en el ámbito económico como en el sociopolítico.” «La situación que observamos hoy es similar a la que hubo en vísperas de la Primera Guerra Mundial», indicó el que fuera candidato a la Presidencia de Francia en el 2012 por el Frente de Izquierda.

Sin embargo, para Alexánder Shatilov, decano de la Facultad de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Financiera, dependiente del Gobierno de la Federación de Rusia, el estado actual de la deuda externa no es el principal problema de la Unión Europea. La débil capacidad de control del bloque y los numerosos problemas en el terreno socioeconómico y político, especialmente en lo que se refiere a la brecha entre países ricos y pobres, son otros temas de vital importancia que la Unión Europea debería apresurarse a resolver, apuntó Shatilov. Ya que de lo contrario el principal bloque económico del planeta se derrumbará.

¿Puede sobrevivir una de las economías más grandes del mundo a sus problemas inherentes de deuda, envejecimiento de la población u obsolescencia de su sistema bancario? Es el caso dramático de la Vieja Europa. Otro experto que apoya esta tesis es el economista Michael Snyder, quien sostiene que la economía europea presenta problemas estructurales de deuda que hacen que los problemas provocados por la crisis puedan resultar insalvables y extremadamente peligrosos. Muchos medios y analistas, entre ellos ‘The Washingon Post’ califican la situación que se vive actualmente en Europa de cruenta crisis. Y para no pocos especialistas económicos estamos ante lo que puede ser el principio de una situación mucho peor, según informó el portal ‘The Economic Collapse’.

Tomando como punto de referencia el desempleo, Europa sale malparada al ser comparada de forma objetiva con EE.UU., donde la situación es también dramática. Mientras en ‘el país del tío Sam’ la tasa de desempleo se situaría en torno al 10%, la media de las economías más grandes de la Unión Europea es sensiblemente mayor (Francia: 10,2%; Polonia: 11,5%; Italia: 12,6%; Portugal: 13,1%; España: 23.6%; Grecia: 26.4%).

Debido al fuerte desempleo ha aumentado notoriamente la cifra de personas dependientes de los afamados estados de bienestar europeos, disparando la deuda de los países miembro hasta llegar a duplicar el valor del PIB en el caso de Grecia (España: 92,1%; Francia: 92,2%; Bélgica: 101,5%; Portugal: 129,0%; Italia: 132,6%; Grecia: 174,9%).

La fuerte deuda ha golpeado el valor del euro en los últimos meses, provocando una pérdida en el poder adquisitivo de las familias europeas. A la larga puede provocar una deflación que obligue al Banco Central Europeo a tomar medidas más serias de inyección de liquidez, lo que llevaría a una mayor depreciación del euro y provocaría una hiperinflación como la que está a punto de estallar en Estados Unidos.

No son buenas noticias para la economía europea, que, desgraciadamente, es víctima de sus propios valores fundamentales. El futuro próximo dirimirá el rumbo de las grandes economías mundiales y definirá la posición de la Vieja Europa en este nuevo escenario económico. La situación económica de la eurozona es tan dramática que hasta el portavoz de las peores políticas económicas liberales ‘The Economist’ ha hecho recomendaciones sensatas a Europa por ser la amenaza más grande para la economía mundial.

La Unión Europea lleva varios años tratando en vano de recuperarse de la crisis, aunque están tratando de apagar el incendio echando gasolina, lo cual provoca una situación peor. Eso es lo que sucede cada vez que los economistas ponen en marcha las medidas del recetario económico aprendido en las universidades de libre comercio para tratar de remediar las calamidades provocadas por la ronda anterior de medidas implementadas. Por lo que es revelador que el mismo ‘The Economist’ revele los problemas financieros más importantes de la región y cómo la economía del continente podría volver a crecer. Europa se encuentra a punto de entrar en la tercera recesión de los últimos tres años, advierte ‘The Economist’.

Los precios caen en ocho países europeos, la inflación bajó a un 0,3% y la región se prepara para afrontar la deflación y el estancamiento económico. La historia nos enseña que las crisis las aprovechan los políticos populistas para llegar al poder aprovechando el descontento de la población por la situación actual.

La economía europea padece varios problemas, desde la situación demográfica hasta las enormes deudas acumuladas. Los países no dejan de cometer errores en su política económica y financiera, asegura el semanario británico. Francia, Alemania e Italia no aplican las reformas necesarias. Aunque las políticas que se le exigen a los países ricos podrían agravar aún más su precaria situación.

‘The Economist’ ofrece una serie de recomendaciones a la Unión Europea que podrían mejorar la economía de la región: El Banco Central Europeo necesita empezar a comprar los bonos soberanos.

Como la mayor economía de la Unión Europea, Alemania debería invertir más dinero en infraestructuras en vez de imponer a los otros la política de austeridad. Esta es la única recomendación sensata que hace el semanario británico ya que efectivamente invertir en infraestructura es un detonante de la economía real y ha sido precisamente por las condiciones económicas y financieras a las que están obligadas las euroeconomías, que se les han impuesto restricciones y recortes en infraestructura por considerarlos inflacionarios y un gasto cuando son todo lo contrario inversiones y generadora de fuentes de trabajo que a su vez detonan el consumo interno.

También recomienda el semanario inglés que los gobiernos europeos podrían ampliar el límite del déficit presupuestario.

Ya empezó la cuenta atrás, advierte la revista. Si las autoridades europeas siguen teniendo tan poca voluntad política, el continente caerá en el estancamiento económico y en la hiperinflación. Después será muy difícil recuperarse.

Y aunque claro, no lo dice The Economist, pero si la Unión Europea no deja de ser el comparsa de las locuras económicas y políticas de Estados Unidos, tienen garantizada la bancarrota ya que al estar anclados al dólar hiperinflacionado su ruina está asegurada si no cortan las amarras.

Alemania tiene una responsabilidad mayor e irrenunciable dentro de los destinos de Europa por ser la economía más grande y desarrollada y sobre todo por haber sido la cuna del clasicismo de Weimar que sin duda aportó la semilla para gestar una nueva humanidad que se libere de la maldad diabólica del sionismo y acabe con él.

Con información de: RT

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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