Si México adopta la moneda de plata como su divisa, se convertiría en la economía más sólida del mundo

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El peso de plata, una buena opción

El mal manejo que los gobiernos han realizado de nuestro dinero es un hecho innegable. Lo es, sobre todo a partir del gobierno de Echeverría. De muestra bástenos el siguiente botón: hace veinte años el tipo de cambio era de 12.50 viejos pesos por dólar, hoy es, expresado también en viejos pesos, de 7,500. No hay economía que resista una destrucción del dinero de tales magnitudes, destrucción que se la debemos a quienes, desde aquellas épocas hasta hoy, han estado al frente del Banco de México. Ya es hora de ponerle fin a la destrucción de nuestro (y lo subrayo: nuestro) dinero, y la única manera de garantizar la salud y fortaleza del peso es modificando, de manera sustancial, el actual sistema monetario. ¡En qué sentido? Hugo Salinas Price nos propone un camino (1).

Vale la pena considerarlo. Valga este artículo para contribuir a ello.

La tesis central de Salinas Price es muy sencilla: el principal problema con nuestro dinero es que no tiene ningún respaldo. Nuestro peso es, y la expresión es por demás adecuada, dinero chatarra, es decir, algo que no funciona bien. Se pregunta Salinas Price: «¡Cuánto debe valer un peso?» Y responde: «Nadie sabe». Prosigue: …nuestro sistema monetario, como todos los del mundo, está viciado de origen, radicalmente, desde el momento en que el peso es una medida de nada». Así, concluye Salinas Price, el dinero «no es susceptible de manejo racional». ¡Y qué puede esperarse del manejo irracional del dinero? Respuesta: a la larga la destrucción de la economía.

La crisis por la que atraviesa la economía mexicana desde hace más de un cuarto de siglo es el resultado, entre otras causas, del irracional manejo que las autoridades monetarias han hecho de nuestro (y lo vuelvo a subrayar: nuestro) dinero. Vale la pena repetirlo: hace veinte años el tipo de cambio era 12.50 viejos pesos por dólar, hoy es 7,500. ¡Qué tenemos? Respuesta: dinero chatarra, pesos de nada, una moneda sin respaldo, sujeta al capricho de las autoridades monetarias, y las consecuencias inevitables de todo ello: la crisis económica.

Continúa Salinas Price: «El verdadero dinero, ha sido, es y tendrá que ser, una medida de algo (…) como un litro o un galón es la medida de leche, de jugo de naranja, o de gasolina. Así, hace cien años, un peso se definía como 0.75 gramos de oro puro». Hoy la medida del peso no existe (lo cual es tanto como decir que es el peso mismo el que no existe); razón por la cual Salinas Price afirma que el peso de nada (y lo que está hecho de nada es a su vez nada): Pesos nada les llama. Y con pesos nada es muy difícil que una economía salga adelante, mucho menos si la corrupción, tanto moral como intelectual, ha hecho presa de los economistas al servicio del gobierno encargados, entre otras cosas, de administrar nuestro (ya lo saben: nuestro) dinero.

¡Qué respalda al peso? ¡El buen manejo que de él hacen las autoridades monetarias? Evidentemente que no. ¡Algún metal precioso, como lo es el oro o la plata? Tampoco. Entonces ¡qué respalda al peso? Respuesta: en parte el dólar. Si las reservas de dólares son suficientes, el peso se mantiene estable, sobre todo si no hay inflación. Si las reservas de dólares se reducen comienzan las presiones devaluatorias sobre el peso. Si las reservas de dólares se incrementan se inician las presiones revaluatorias sobre el peso. Hasta cierto punto el peso está respaldado por el dólar.

El problema es que el dólar no está respaldado más que en la buena administración monetaria de los economistas a cargo de la Reserva Federal. Y dicha administración, por más buena que sea, no es suficiente para garantizar la salud y la fortaleza del dinero, mucho menos la del dinero de un tercer país.

El dólar podrá estar bien administrado, podrá estar mucho mejor administrado que el peso, pero ello no lo convierte en la medida de algo. Y si el dinero, como dice Salinas Price, no es la medida de algo, no es verdadero dinero. No pasará de ser dinero chatarra, bien administrado, pero en esencia chatarra. Así las cosas (más allá de la vergüenza de tener que respaldar nuestro dinero «nuestro, no de ellos, no de quienes nos lo administran» con el dinero de otro país, lo cual implica mayor confianza en el gobierno de aquel otro país que en el propio, lo cual es muy grave), ¡realmente nos sirve que nuestro peso esté parcialmente respaldado por dólares?

Vale la pena reproducir el siguiente párrafo de Salinas Price: «Las deudas, en nuestro esquema monetario actual, no se liquidan. Lo que usamos para liquidar una deuda, son pesos, y éstos son simplemente pagarés irredimibles del Banco de México. Así que lo único que hacemos los mexicanos cuando «pagamos» un adeudo, o cuando compramos cualquier cosa, es traspasar a otra persona o entidad, un adeudo del Banco de México. La deuda no se liquida; simplemente cambia de tenedor. Si efectuamos un depósito a nuestra cuenta de banco, en pago de un adeudo, entonces el banco es el nuevo acreedor del Banco de México.

Toda actividad económica se vuelve un gran juego para ver quien se vuelve acreedor de «pesos nada» del Banco de México. Naturalmente, nadie quiere ser acreedor de «pesos nada» a largo plazo, porque esos pesos son irredimibles. De ahí que los bancos no cuenten con depósitos a largo plazo para financiar grandes obras agrícolas, comerciales, mineras, hipotecarias, industriales o de infraestructura».

¡Exagera Salinas Price? De ninguna manera. ¡Qué la situación es preocupante? Sin duda alguna. Pero más preocupa que no se haga nada para corregirla.

El dinero es el medio indispensable para potenciar una economía. Y si el dinero es dinero chatarra, pesos nada irremediablemente irredimibles, a la economía le falta el medio para potenciarse: ¡Cuál es la solución? La respuesta de Salinas Price no se hace esperar, la plata. El peso debe de dejar de ser pesos de nada para volver a ser pesos de plata. ¡Volver al pasado? De ninguna manera. Por el contrario: dar un paso hacia el futuro, futuro que, si ha de ser de crecimiento y de desarrollo económico, reclama, desde hoy, un peso sano y fuerte. Y para que lo sea debe de ser de plata. Esta es la propuesta de Hugo Salinas Price. Y a propuestas como estas hay que prestarles atención.

Termino citando a Einstein, a quien a su vez cita Salinas Pliego en su libro: «Es más importante la imaginación que el conocimiento».

 Explicación breve de la propuesta para monetizar la onza de plata ‘Libertad’

No somos los primeros en insistir en la monetización de la onza de plata. El Presidente José López Portillo tuvo esa intención, en 1979; quiso convertir la onza de plata en dinero por el importe de su cotización por el Banco de México y en tal sentido fue la legislación correspondiente que él propuso y que aprobó el Congreso. Se intentó, durante dos años, usar la onza de plata como dinero, pero el esfuerzo se tuvo que abandonar en diciembre de 1981 por la sencilla razón que la legislación fue defectuosa. 

La onza de plata, de acuerdo con la legislación de López Portillo, subía de valor monetario cuando subía el valor de la plata y recibía una cotización más alta de parte del Banco de México. Esta condición, de que se eleve la cotización de la onza cuando se eleve el precio de la plata, forma parte de la nueva legislación propuesta por la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata, y simplemente incorpora lo ya dispuesto por la legislación de López Portillo. No proponemos nada nuevo aquí. 

El defecto que determinó el fracaso del intento de monetizar la onza de plata de parte del presidente José López Portillo, fue que toda moneda que ha de usarse como dinero, necesita tener un valor nominal que no pueda reducirse. Tanto las monedas que usamos, como los billetes, llevan un valor grabado o impreso, y este valor nunca puede reducirse. Una disposición legal, en el sentido de que el valor no puede reducirse, sería, en el caso de las actuales monedas y billetes, redundante; la Ley no requiere que se exprese esta condición, porque es imposible reducir el valor grabado o impreso en las monedas y billetes.

Pero en el caso de una moneda sin valor nominal grabado que ha de convertirse en dinero, como fue la intención de López Portillo, hace falta legislación explícita para que esta condición implícita en las monedas y billetes actuales, se vuelva explícita en el caso de la onza de plata Libertad. Es indispensable esta condición explícita en la Ley, para que pueda cumplirse el deseo de López Portillo de convertir la onza de plata en dinero. Fue la ausencia de esta disposición, la que condenó el esfuerzo del Presidente López Portillo al fracaso. 

Que la cotización de la moneda no sea alterable a la baja es un principio que ya opera, necesariamente, en todas las monedas y billetes que utilizamos como dinero. No es nada nuevo en principio. Lo único novedoso será que, en el caso de la monetización de la onza Libertad, este valor nominal será virtualmente grabado, y no grabado físicamente como en la actualidad sucede con nuestras monedas de cupro-níquel. 

Por lo que toca a la re-valuación de la plata por el Banco de México, esto lo hizo Banco de México desde 1947 hasta 1967. Si observamos la gráfica anexa, veremos que es evidente que cada acuñación posterior a la del Peso 0.720, incorporó una re-valuación de la plata, que tomó la forma de una disminución en la cantidad de plata en el peso mexicano. Esto requirió un proceso caro de retirar de circulación toda la acuñación anterior, que quedó desmonetizada por alcanzar el punto de fusión, y volver a acuñar nuevos pesos que incorporaban la re-valuación de la plata.

La monetización de la onza de plata que propone la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata, requiere de una re-valuación de la plata cuando sube su precio. Este principio no es nuevo, pero hasta ahora, ha requerido de nuevas acuñaciones. Con la legislación propuesta, ya no se requiere reacuñación de la moneda. La misma moneda, revaluada periódicamente y con un valor nominal virtual que no puede reducirse, puede seguir en circulación permanentemente. 

La permanencia en circulación como dinero, de una moneda de plata cuyo valor sube junto con el precio de la plata que contiene, es de un valor político y social inestimable, porque dicha moneda se vuelve una institución permanente, de carácter tangible y visible, que le da continuidad y solidez al sentido de nacionalidad. Por otra parte, al evitar las reacuñaciones que requirió anteriormente el uso de la plata en nuestra moneda y que implicaban la desmonetización del ahorro nacional en cada ocasión, la misma moneda, la onza Libertad con un valor ascendente se vuelve un medio de ahorro idóneo, inmune a la inflación monetaria y a las vicisitudes financieras que pueda atravesar el país. 

Esta moneda propicia el ahorro en la forma más efectiva posible, porque ofrece al ahorrador algo que vale la pena ser ahorrado. No requiere de altos intereses para atraer el ahorro. Cuánta plata se acuñe, irá al ahorro, mientras se siga expandiendo el circulante fiduciario.

Sólo cuando dejara de incrementarse el circulante fiduciario una situación hipotética que dista mucho de tornarse realidad – saldría en forma natural a circular en operaciones comerciales. 

Los ahorradores de la onza de plata convertida en dinero, inmediatamente tendrán la posibilidad de financiar sus proyectos con esta plata ahorrada, pues ésta será de inmediato e incuestionablemente aceptada por el sistema bancario como colateral de primera calidad para préstamos en pesos fiduciarios a las tasas más bajas posibles – similares, quizás, a las que rigen en empréstitos gubernamentales. 

Como hemos demostrado, el proyecto de monetización de la onza de plata Libertad no incluye nada nuevo en principio y únicamente se trata de una adaptación a las condiciones modernas, de los principios que ya rigen y han siempre regido a la moneda: la re-valuación de la plata en la moneda y la estabilidad de su valor nominal cotizado, en este caso, por medio de una cotización que no baja, que equivaldría a incorporar a ella, un valor nominal grabado virtualmente en lugar del valor físicamente grabado o impreso que llevan nuestras monedas y billetes actuales. 

El pasado 13 de marzo se presentaron, en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República, varias iniciativas destinadas a promover y proteger el ahorro popular.

Todas ellas merecen un gran reconocimiento por parte de la sociedad mexicana, dado que el ahorro de las familias ha sido severamente castigado debido a la creciente inflación y porque el gobierno carece de una política que favorezca el ahorro. Y como resultado, la población ha perdido más del 50% de su poder adquisitivo tan sólo en la última década.

En particular, esta asociación celebra que, dentro de las cinco iniciativas de ley, se haya incluido una para fomentar el ahorro en moneda de plata, dado que éste ha sido el objetivo que perseguimos desde nuestra fundación, en 1995, constatando que la moneda de plata protege verdaderamente el ahorro de las familias al conservar su valor en el tiempo, gracias a su contenido intrínseco de metal fino.

Desde hace siglos, la moneda de plata representa un símbolo tradicional de la riqueza y la prosperidad del pueblo mexicano.

El aprecio popular por la moneda de plata, así como el esfuerzo político por volver a utilizarla como una alternativa importante para el ahorro popular, ha sido una constante en nuestra historia.

La moneda de plata constituye un medio de ahorro comprobadamente efectivo; por ello, es deseable que las autoridades nacionales en todos los niveles, promuevan y alienten su uso, en beneficio de la economía individual, familiar y nacional.

México es el primer productor mundial de plata y actualmente este recurso estratégico se va al extranjero, en donde es rematado a precios irrisorios. El 98% de nuestra plata sale fuera del país y es usada, entre otras cosas, como colateral de inversiones por parte de grandes compañías financieras.

Consideramos que, en vez de que este precioso recurso nacional se vaya al extranjero, nuestra plata debe quedarse en nuestro país para favorecer primero a los mexicanos, y contribuir al bienestar económico mediante la forma que es más idónea: su uso al servicio del ahorro popular.

El presente esfuerzo legislativo supera los obstáculos técnicos que en el pasado propiciaron el retiro de las monedas con plata de la circulación, lo cual garantiza su viabilidad, y atiende a los diversos estudios que demuestran la factibilidad de que esta moneda se utilice como medio de ahorro alternativo.

Sostenemos que la moneda de plata constituye un factor de unidad nacional que abarca a todos los sectores sociales, trasciende las diversas posturas partidistas y propicia la estabilidad de las familias mexicanas, por lo cual nos sumamos decididamente a esta iniciativa y pedimos al Congreso su pronta aprobación.

Tomado de: http://www.plata.com.mx

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