El Escorial y El Valle ¿vórtices de poder?

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 Desde la Antigüedad se ha tenido constancia de que existen de forma natural vórtices energéticos a lo largo de todo el planeta, enclaves de alta carga energética de origen geológica o telúrica, como la misma Ciencia ha podido comprobar, y que en la Historia han estado ligados a sitios sagrados, pero no constituyen por sí mismos un sitio sagrado. Nada que ver con los vórtices geodésicos usados en cartografía y topografía, aunque pueden darse casos en que coincidan.

 Generalmente estos puntos de alta energía se han identificado con lugares que contienen depósitos de ciertos tipos de minerales frecuentemente vinculados a rocas metamórficas o ígneas, montañas y valles, zonas o fuentes de agua sean manantiales, ríos, océanos, zonas de fallas geológicas, volcanes, determinados tipos de árboles considerados como sagrados, construcciones como pirámides, catedrales, determinados enterramientos o sepulcros, sitios donde confluyen acontecimientos históricos o religiosos, etc.

 Son muchas las leyendas e historias que se cuentan sobre este tipo de zonas, pero en esta ocasión nos centraremos en una determinada, la zona de la Sierra del Guadarrama, rica en este tipo de relatos, donde están enclavados El Escorial y el Valle de Cuelgamuros perteneciente a dicho término municipal, aunque no son los únicos lugares con historia a sus espaldas, ya que a lo largo de la geografía española abundan ejemplos, algunos más conocidos y otros no tanto u olvidados.

 La polémica sobre el Valle de los Caídos siempre se ha centrado y enfocado desde la visión política y religiosa de su construcción, y al igual que el resto de Leyenda Negra sobre España, tergiversando datos por conveniencia, pese a la abundante información objetiva existente, a la cual remitimos a quien quiera ahondar en el asunto.

 Sin embargo, hay otros factores de interés en esta zona de la Sierra del Guadarrama donde se ubica dicho Valle de Cuelgamuros -antaño finca conocida como «Pinar de Cuelga-moros» según inscripción literal del Registro de la Propiedad de mitad del Siglo XIX, hasta que a finales de ese siglo se registró ya como Cuelgamuros-, así como el cercano San Lorenzo del Escorial, hasta donde llega la conducción de agua que parte del arroyo de los «Tejos» en la antigua Tejera de Cuelgamuros, y es a esos otros factores a los que dedicaremos este artículo.

 Es de sobra conocido que en los alrededores de El Escorial se concentra alta frecuencia de caídas de rayos, y es que el Bosque de la Herrería contiene numerosas vetas de hierro y afloramientos graníticos, además consta de numerosos manantiales, así como frutos y setas alucinógenas, estupefacientes que eran muy comunes en rituales mágico-religiosos antiguos.

Foto: despiertainfo.com

En este Bosque de la Herrería, a los pies de Las Machotas, está sita una estructura de granito que se conoce como la «silla de Felipe II» y está conformada por «asientos»; dice la leyenda que el rey acudía a este lugar para contemplar la magna empresa de construcción del Monasterio del Escorial, sin embargo, ni es tal «silla» ni era utilizada como emplazamiento para supervisar o contemplar el avance de las obras, debido a que la vista desde dicho emplazamiento es tan lineal que no permite vislumbrar todo el edificio y de que a dicho paraje acudía en labores de caza, no de observación, según confirman diversos historiadores y arqueólogos; conocido es que esta enorme mole granítica es de época prerromana, cuando los pueblos celtíberos poblaban estas tierras como ya apuntaron varios historiadores en el pasado, y han podido comprobar arqueólogos e historiadores más recientemente.

 Según la arqueóloga y epigrafista Alicia Mª Canto, quien halló una figura antropomórfica, la del Bosque de la Herrería sería anterior a Felipe II, y se trataría de un altar escalonado usado por los vetones para sacrificios a uno de sus dioses equivalente al dios Marte del cual en 1861 se encontró un ara romana en la zona.

 Eran estos vetones -sobre los que el catedrático de Prehistoria Gonzalo Ruíz nos dice que tenían la costumbre de sacrificar animales en rituales de ofrecimiento a sus dioses-, uno de los pueblos celtíberos que habitaban la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos; estaban asentados entre la zona del Río Duero, llegando a rebasar el río Tajo, y se sabe que en esta zona de El Escorial tenían frontera con los carpetanos.

 Sobre sus costumbres, aunque se tenía constancia de algunas de ellas, van surgiendo nuevos datos, desde su predilección por zonas ricas en hierro para su actividad metalúrgica como fabricación de armas y herramientas, al tipo de enterramiento para sus difuntos a los que en inicio inhumaban sin cremar para posteriormente cambiar a cremación y enterramiento de cenizas con o sin urna y ajuar de cerámica.

 Aparte de los distintos altares de sacrificios, nos quedan de ellos los verracos en piedra cuya función no está del todo clara, ya que se han sugerido varios posibles usos de las mismas: como monumentos conmemorativos o asociados a simbolismo religioso, asociados a usos funerarios, o para señalización de prados, pastizales y puntos de agua de alta calidad, ya que su principal actividad era ganadera, y otra línea apuntaría a un uso divisional del terreno a modo de señal; además tenían por costumbre amurallar sus poblados, como queda patente en el asentamiento de Ulaca en Ávila, donde se conservan unas 200 viviendas agrupadas en torno a un santuario.

 La estructura del altar de sacrificios del Escorial ha sufrido modificaciones en varias ocasiones, sin embargo, pese a ello, no hay duda al compararla con otras estructuras similares que ciertamente su función era la que dicha arqueóloga cita, basándose en varias observaciones in situ:

  • está situada en un bosque de robles, árbol sagrado para los celtas cuyo significado era sinónimo de fuerza y no doblegarse ante nada;
  • orientada hacia el monte Abantos (nombre que le viene del alimoche o buitre egipcio), lugar frecuentado por los buitres leonados;
  • en zona de presencia no sólo de buitres sino de águilas y osos, un emplazamiento idóneo para la observación de aves;
  • además de la presencia de una piedra caballera con forma de buitre;
  • su material es de granito y tiene forma abarquillada, y el monumento presenta cazoletas, canales paralelos y derramaderos.

 Aproximadamente a un km de distancia de dicha «silla«, existen dos altares más pequeños.

 Está comprobado que presenta sendas similitudes con el altar vetón existente en Panóias (Portugal) -en cuyas inscripciones en latín del Siglo III consta la descripción de cómo se efectuaba el ritual de sacrificio de forma correcta para cada oquedad (inmolación de la víctima, desangración de la misma, incineración de las entrañas, quema de otros miembros, mezcla de líquidos, lavados lustrales)-, el cual también tiene forma abarquillada y está orientado al noroeste.

 Otros altares de sacrificio que presentan forma abarquillada pueden encontrarse en Novás, Vilar de Perdices y Portela, y también hay similitud con los existentes en Ulaca (Ávila), El Raso (Ávila), la Nava del Barco (Ávila), y con algunos de Extremadura.

 En Canto de Castejón, también en el término del Escorial, existe otro altar que se supone sería más antiguo, en donde la realeza posterior haría sus prácticas de tiro, por lo que éste tiene una inscripción fechando en 1.588 el primer arcabuzazo de Felipe III en presencia de su padre Felipe II y su hermana Isabel, una segunda inscripción de Carlos IV fechada en 1803, y una tercera inscripción de Isabel II fechada en tono a 1853 ó 1855.

 Aunque los vetones tenían por costumbre hacer sacrificios de animales (generalmente bóvidos, ovejas, cabras y cerdos), es sabido desde antiguo que en otras zonas de España se encontraron en otras estructuras de sacrificio prerromanas restos y cenizas humanas, como es el caso de los bletonenses (Salamanca) y los lusitanos, lo cuales fueron amonestados por el procónsul Publio Craso en el año 96-94 A.C. por dicho motivo, siendo prohibidos los sacrificios humanos a los dioses, según testifica Plutarco.

 Igualmente, Estrabón, Livio, Horacio y Silio Itálico, nos dan noticias de las hecatombes de humanos y caballos realizadas por estos pueblos peninsulares, así como de la costumbre de los lusitanos de mutilar a sus adversarios las diestras, o en el caso del ritual céltico, las testas.

 Y es que, entre los pueblos occidentales de la Hispania Céltica, hubo una época en tuvieron costumbre de hacer sacrificios tanto de humanos como de animales, y acompañar estos sacrificios con sustancias psicotrópicas y alcohol, rasgo común de las distintas sociedades en su etapa primitiva e involutiva, carente de los valores cívicos, éticos y morales de sociedades más desarrolladas en etapa evolutiva.

 Hay quien es de la opinión que España ya existía antes del cristianismo físicamente, históricamente, geográficamente y racialmente, insinuando que no es imprescindible esta cristiandad para el futuro de España ni de la Humanidad, sin darse cuenta de que lo principal, su identidad y su unidad, lo que le proporcionó rumbo y fortaleza, lo que le dio sentido, fue sin duda ese Espíritu de Cristiandad; antes de ese momento histórico España como tal no existía, era un conglomerado de pueblos sin identidad, simples tribus a merced de cualquier invasión, ideología y costumbres.

 Es a raíz de San Isidoro de Sevilla y su «Historia Gothorum», que los habitantes de la Península Ibérica toman conciencia de su identidad y su destino, y es con los Reyes Católicos cuando surge una unidad de aquellos reinos medievales débiles, que sentará las bases del futuro de España y la Cristiandad.

Monasterio de El Escorial. Foto: pixabay

Dando un salto histórico de varios siglos y sobre el Monasterio de San Lorenzo del Escorial y su construcción, hay abundante información disponible; entre otros, aporta gran cantidad de datos el libro «Historia del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, desde su origen y fundación hasta fin del año de 1848» escrito por José Quevedo, quien nos da a conocer lo que en su época tuvo y si se conservaba a fecha de 1848 o no. Posteriormente a la publicación de dicha obra, el Monasterio fue restaurado, y aunque tuvo sus periodos de altibajos, a fecha actual constituye uno de los principales reclamos turísticos de la Sierra del Guadarrama.

 Al inicio de dicha obra, escribe Don José Quevedo estos párrafos, los cuales me permito transcribir por expresar de forma muy gráfica algunos conceptos de aplicación no sólo para aquello para lo que fue escrito, sino para otros similares, los cuales dejamos a la imaginación del lector del presente artículo:

 «Nunca un objeto precioso, cuya posesión hemos disfrutado largo tiempo, nos parece más bello y estimable, que cuando alguna circunstancia nos hace concebir el temor de perderlo, o de verlo muy deteriorado. Entonces recordamos con entusiasmo el origen de su posesión; contemplamos más detenidamente sus bellezas, y nos parecen mayores y más numerosas que nunca; analizamos hasta sus más insignificantes pormenores; el presentimiento de su pérdida parece multiplicar los motivos de aprecio, exagerando en nuestra imaginación el gran vacío que quedará al dejar de pertenecernos; y como si nunca lo hubiéramos sabido apreciar bastante, entonces su valor nos parece infinito.

 Tal debe haber sido el sentimiento general que de algunos años a esta parte se nota en favor del Monasterio del Escorial, del primer monumento de España, y aun me atreveré a llamarle de Europa; el más bello y completo edificio que han producido las artes, el templo más augusto de la cristiandad, el más incontestable y elocuente testimonio del saber, civilización y poderío de la nación española, la página más elocuente de su historia en el siglo XVI.

 Desde que las circunstancias políticas hicieron necesaria la extinción de las Comunidades religiosas; ha ido aumentando progresivamente la concurrencia de viajeros, que de todos los puntos de España, y de los más remotos climas de Europa y América han venido a contemplar y admirar la grande y bien entendida fábrica que concibió Felipe II , trazó y comenzó Juan de Toledo, y llevó acabo el inmortal Juan de Herrera; y se han apresurado a tomar apuntes, sacar diseños y copias, comenzándole a mirar con el aprecio que tan insigne monumento merece. Hasta entonces parecía olvidado aun entre los mismos españoles, más desde la época citada ha cundido su nombradía, ha aumentado su interés hasta un punto, que se juzga una falta imperdonable no haberlo visitado, como si el tiempo faltara, como si se temiera perderlo para siempre.

 Jamás he creído que llegaría esta época fatal para nuestra nación, nunca me he podido persuadir que el Monasterio del Escorial se dejase arruinar, y de ello responde, no sólo la solidez admirable con que está construido, capaz de resistir la acción destructora de algunos siglos, sino mucho más la consideración, de que el gobierno, en cuyo tiempo se arruinase, el monarca que abandonase esta rica piedra de su corona, atraería sobre sí la maldición del siglo presente, y la execración de las generaciones venideras.

 Sin embargo, arrojada de este vasto y grandioso edificio la corporación religiosa que recibió del mismo Felipe II el encargo de conservarlo, cesó aquella celosa y económica vigilancia que se ejerce sobre la casa propia; los bienes destinados a tan noble objeto se aminoraron y distrajeron; dejó de existir una familia cuya vida social estaba identificada con la material del edificio, y desde entonces su decadencia es rápida e inevitable, porque nada se ha puesto que reemplazase a aquella, y una fábrica tan colosal, bajo todos conceptos, necesita mucha inteligencia, mucho amor a las artes, mucha actividad, celo, y desinterés en la persona que ha de estar al frente de su conservación.

 También con la falta de la comunidad, y con la muerte de la mayor parte de los individuos que la componían, comenzó a perecer y variar la tradición de que aquel cuerpo religioso había sido depositario, y a la vuelta de muy pocos años la historia del Escorial sería muy poco conocida, y estaría envuelta en un caos de patrañas, consejas e inexactitudes difíciles de desenmarañar, al menos desde la época en que concluyen las narraciones de los PP. Fr. José de Sigüenza, y Fr. Francisco de los Santos, esto es, desde el año 1680, que es hasta donde llegan sus historias de la orden de San Gerónimo. Ésta es una de las razones por que emprendí esta Historia del Real Monasterio de San Lorenzo, llamado comúnmente del Escorial, para fijar de un modo cierto todos los acontecimientos que en él han tenido lugar y referir todos los hechos que de cualquiera manera están relacionados con el edificio. Con este fin no solo reproduzco en ella todo lo que los dichos PP. Sigüenza y Santos escribieron acerca de su edificación, fundación, y engrandecimiento, sino que continúo con la mayor exactitud posible la historia hasta fin del año 1848, de modo que el que la lea, muy poco o nada tendrá que preguntar de cuanto pueda hacer referencia al Escorial. Aunque los entendidos historiógrafos, antes citados, fueron testigos presenciales de los hechos que refieren, aunque sus narraciones están desempeñadas con tanto talento y verdad, no me he contentado con seguirlos ciegamente, sino que por mí mismo he examinado los documentos originales, los he comparado y cotejado con las obras impresas, y he enriquecido mi trabajo con algunas otras noticias nuevas que aquellos omitieron, tal vez por lo muy triviales y conocidas en su época, pero ya casi enteramente perdidas al través de tres siglos, y hoy sumamente interesantes. Nada hay en todo el libro exagerado, nada que no sea cierto, y en cada uno de los hechos hubiera podido copiar los documentos originales o citar minuciosamente el paraje de donde los he tomado; pero hubiera hecho el libro muy voluminoso, y me hubiera separado de mi objeto, que ha sido hermanar la exactitud con la brevedad; pero pongo al fin de esta advertencia el catálogo de los libros que principalmente he consultado, y los depósitos literarios de donde he tomado los datos. Muy poco me he valido de la tradición cuando no la he encontrado apoyada en algún documento, pero he tenido que apelar a ella en algunas épocas, de las cuales, por incuria o por malicia, han desaparecido de los archivos los comprobantes oficiales.

 Otro de los objetos que me he propuesto es excitar más y más el interés por este monumento artístico, que tanto honra a nuestra nación, a fin de que presentándolo de bulto a los ojos de todos, no haya nadie que deje de interesarse por su conservación, y todos contribuyan a ella del modo que les sea posible, porque este edificio no es una cosa aislada y particular, es el retrato fiel de la nación española y del monarca que la gobernaba en la última mitad del siglo XVI.

 También he tenido en consideración, que ninguna de las historias y descripciones que hasta ahora se han publicado llena completamente este objeto, porque en la parte histórica ninguno ha continuado a los PP. Sigüenza y Santos, y aun en la época que estos abrazan, y que escribieron (particularmente el primero) con la elocuencia, maestría, y llaneza propias de su talento y de su pluma, mezclaron los asuntos de la orden de San Gerónimo, cuya historia general era su objeto primario, y trataron del Escorial, como por incidencia, y esto hace que sus narraciones sean interrumpidas y algo pesadas; además de que ya esta obra es de difícil adquisición por los pocos ejemplares que quedan. Las que después del P. Sigüenza publicaron los PP. Fr. Francisco de los Santos, Fr. Andrés Jiménez, y Fr. Damián Bermejo, se ocupan únicamente de la parte descriptiva, abandonando la histórica; y la anónima, publicada en 1843, aunque contiene buenas noticias tanto históricas como descriptivas y artísticas, es sumamente compendiosa. Mas no por eso se crea que intento rebajar en lo más mínimo el mérito de las historias y descripciones citadas; sus autores llenaron su objeto completamente, y yo me daría por muy satisfecho, si hubiera podido imitar la elocuente llaneza y lenguaje castizo del P. Sigüenza, y la exactitud, tino, y buen orden de los restantes.

 Sin embargo, puedo asegurar, que no he perdonado medio alguno de cuantos han estado a mi alcance para reunir, indagar, y reconocer cuantos datos podían conducir al logro de tan noble e interesante objeto; más si el desempeño corresponde a mis esfuerzos y mi deseo, seguro es que mis lectores no verán frustradas sus esperanzas.

 Tal vez a algunos parecerá inútil describir y presentar (como lo hago) objetos que ya no existen; mas creo que esto podrá dar una idea de nuestra antigua riqueza y poderío, y tal vez indicará preciosidades con que otras naciones injustamente se engalanan, y al menos nos conservará la gloria de haberlas poseído, y nos vindicará de los insultos de los que nos tratan de poco ilustrados y bárbaros; facultándonos para devolvérselos enseñándoles al mismo tiempo las preciosidades artísticas que destruyó su vandalismo o nos arrebató su ambición, y en las que estaba demostrado de un modo incontestable, cuanto habían podido, valido, y sabido los que ahora están despreciados.»

Para entender las causas de la fundación del Monasterio, y el porqué de la elección del sitio para edificarlo allí, hay que retrotraerse al 10 de agosto de 1.557, día de San Lorenzo -santo hacia quien Felipe II tenía desde joven gran devoción-, cuando en la Batalla de San Quintín, las tropas al servicio del Imperio español conformadas por españoles, alemanes, ingleses, flamencos, valones, borgoñeses, saboyanos, húngaros e italianos, obtuvieron la victoria sobre el ejército francés.

 Felipe II, hombre culto y de sentimiento religioso, apodado por unos como «El Rey Prudente, el Brazo derecho de la Cristiandad» o «El Rey Santo», y por otros como «El Demonio del Mediodía» -esto último principalmente a raíz del panfleto escrito por Guillermo de Orange en 1581 el «Manifiesto», así como de los escritos de Antonio Pérez, su secretario particular y confidente, bajo seudónimo Rafael Peregrino editados en Londres en 1594, y otros que dieron lugar a La Leyenda Negra de España-, muy ligado a la Inquisición -bajo su reinado se registraron varios autos de fe según documentos, a causa de la contaminación de la herejía luterana en tierras españolas, como los brotes en Valladolid y Sevilla-, identificó los intereses de la Corona con la defensa de la fe católica y la unidad política y religiosa de la nación, así como estaba convencido de su autoridad absoluta en todos los Estados de sus dominios; decidió como uno de sus primeros actos como rey, trasladar la Corte de forma permanente a Madrid por su posición céntrica en la península.

 Debemos entender que Felipe II, heredó de su padre, el emperador Carlos V, como bien explica Don José Quevedo una «España, cuyo gobierno se había resentido demasiado de las largas ausencias del emperador, aún no tenía la suficiente unidad en sus leyes, costumbres e intereses, y abrigaba aún las cenizas humeantes de las turbulencias y discordias pasadas. Una guerra religiosa en la apariencia, pero política en el fondo, agitaba de algunos años antes los Países Bajos; los diversos y ricos estados de Italia excitaban la envidia de algunos soberanos, entre los que se contaba al Sumo Pontífice; las nuevas posesiones de América reclamaban por sí solas un desvelo y cuidado inmenso; y las intrigas de la Europa entera dirigían sin descanso sus tiros contra el formidable poder y engrandecimiento de los monarcas de España.»

Posteriormente, a la muerte de su padre, de regreso estando en el Monasterio de Guisando y recorriendo los montes de la sierra Norte de Madrid hasta El Real de Manzanares, resolvió que una comisión formada por arquitectos, médicos y filósofos encontraran ubicación exacta entre Guisando y el Real de Manzanares para erigir el Monasterio de El Escorial.

 Incluso se llegó a barajar la opción de Aranjuez, al sur de Madrid a orillas del río Tajo, pero fue descartado por los muchos inconvenientes que ofrecía tal ubicación; la opción de Rivas, ubicado al sureste de Madrid, donde tenía casa de verano y pretendía crear un Bosque Real alrededor de la Corte, descartándose este último emplazamiento según dicen por las aguas malolientes del sitio, pero también por otras razones que hacían más adecuado y propicio situarlo en la sierra Norte.

 Guisando se desechó por estar lejos y ser demasiado agreste, en Manzanares el Real no hallaron sitio que les convenciera, la Fresneda pese a ser de abundante vegetación fue desechada por estar despoblada por insalubridad, encontraron La Alberquilla más llana y apetecible, pero fue desechada por escasez de aguas, hasta llegarse más al norte de la Alberquilla a las faldas de los montes de la sierra del Guadarrama.

 Este lugar, les pareció el más propicio, por tener ciertas características buscadas:

  • abundancia de aguas en forma de manantiales y fuentes;
  • terreno fértil y fresco;
  • buena calidad de piedra granítica o berroqueña, así como de pizarra;
  • bosques cercanos de pinares, robles, castaños y tilos entre otras especies de árboles;
  • abundante caza al haber presencia de jabalíes, osos y lobos;
  • y cercano a la Corte en Madrid.

 Aun así, el propio monarca, desplazóse en varias ocasiones a comprobar y analizar in situ dichas condiciones salubres y fértiles del terreno tan alabadas por los miembros de la comisión.

 Quedaba sólo elegir la Orden que se ocuparía de los fines morales y religiosos del Monasterio, y eligió a la Orden de San Gerónimo, por ser en aquella época ejemplo de virtud, y elegidos por su padre para su retiro en el Monasterio de Yuste, así como la propia devoción que Felipe II sentía hacia aquella Orden monástica.

Basílica del Escorial.

Unos historiadores son de la opinión de que Felipe II subía al Monte Abantos o al Alto de San Juan del Malagón para ver desde allí el Monasterio, otros opinan que el lugar de observación desde donde Felipe II podría observar la construcción del Monasterio, estaría en una roca en la cima de las dehesas de Campillo y Monesterio, orientada hacia el Monasterio, y otros opinan que lo visitaba siempre a pie de obra; lo cierto es que la versión más probable es la última, ya que hay constancia de que visitaba el sitio y consultaba cada detalle con el arquitecto y con los monjes durante la construcción.

 En esa época se llegó a decir, debido a una leyenda medieval según la cual Lucifer habitó en la Sierra de Guadarrama en los días previos a su expulsión al infierno, que Felipe II había ordenado construir allí el Monasterio para cerrar una Puerta al Infierno que dicen se encuentra en esta localidad justo bajo el Monasterio para sellar dicha puerta al infierno y garantizar que Lucifer no regresara, dícese también que eran siete las puertas que construyó de acceso al Averno, siendo otra puerta sita en Turín (Italia), unos dicen que la razón de pensar esto fue la supuesta existencia de una antigua mina abandonada con profundas galerías y otros que una tormenta de rayos y relámpagos cuando la comisión hacía visita al lugar, que llevó a pensar que esta zona cercana al Monte Abantos, al igual que la de Cuelgamuros eran zonas de cruces de fuerzas telúricas entre Tierra y Cielo, entre el plano material y el plano espiritual, y que quien tuviera el control de esa zona tendría el poder.

 Lo cierto es que según Fr. Juan de San Gerónimo y el P. Sigüenza, ni los escribanos ni los alguaciles de Segovia tenían constancia de la existencia de la villa del Escorial con sus chozas de tan pequeña y escondida que estaba. En 1562 se iniciaron las obras de desmonte, ya que el terreno sobre el que está construido el Monasterio era un jaral utilizado para rediles y abrevaderos del ganado, con dos fuentes de aguas perpetuas y abundantes dentro de aquel terreno, una de agua digestiva de baja mineralización que se dejó junto al estanque al lado de la huerta (la Fuente del Estribo), y la otra más a Poniente donde el ganado iba mucho a beber por ser más salina y que en la fecha de fundación del Monasterio fue llamada fuente de la Reina.

 Igualmente, los Bosques de que dotó al Monasterio fueron adquiridos a particulares mediante contrato de compraventa. En uno de estos Bosques, el llamado de la Herrería, donde hubo una población llamada Herrería de Fuente Lámparas, estaba sita una ermita de la Virgen de la Herrería a los pies del cerro llamado de los Ermitaños, de los cuales alguno quedaba aun cuando se fundó el Monasterio.

 La ermita fue derribada en 1595 por orden de Felipe II y la imagen llevada a la Villa del Escorial, donde se colocó en una capilla de un nuevo templo parroquial a petición del pueblo por los infinitos milagros que concedía a aquellos habitantes en tiempos de tribulaciones y angustias. Sobre dicha Virgen de la Herrería se desconoce en qué momento apareció, más se sabe que fue en tiempos de la Reconquista, entre finales del Siglo XI y principios del XII, aunque la imagen que existe data del Siglo XIII, siendo a fecha del Siglo XIV patrona de Fuente Lámparas.

 Cerca de la Herrería, en la Fresneda, donde antaño hubiera una Iglesia de San Juan Bautista, con un retablo con pintura sobre tabla, cuya inscripción estaba escrita en letra gótica alemana con fecha de 1.314, hizo construir Felipe II para que los monjes tuvieran su granja, un pequeño palacio y casa de recreo a modo de convento con jardines, fuentes y cascadas, cenadores, estanques para el riego con abundante pesca en ellos, y largas calles de árboles, conocida como la Granjilla. Al dejar de existir la orden y tras la invasión de los franceses, quedó aquello en deterioro y ruina, y hubo de ser posteriormente restaurado.

 Queda, pues, aclarado que ni Felipe II destruyó y despobló villas y lugares para construir el Monasterio, como hicieron correr las malas lenguas, ni fue la existencia de una mina previa ni de la Puerta del Infierno lo que hizo que eligieran el lugar.

 Una vez terminado el desmonte, Felipe II junto con el arquitecto Juan Bautista de Toledo (a quien sucedería luego su discípulo Juan de Herrera) y la comisión, se personaron en el sitio para delimitar, de acuerdo a los planos, la orientación y distribución que habría de tener, teniendo en cuenta los grados de inclinación para recibir más luz del Mediodía las estancias y sortear los fuertes vientos para que no hiriesen de frente las fachadas, igualmente se niveló el terreno. Una vez concluida esta parte del proyecto, Felipe II decidió que a partir de ese instante se cambiaría oficialmente el nombre a Real Sitio de San Lorenzo.

 La primera piedra se colocó el día de la festividad de San Jorge, soldado romano de Capadocia, mártir y después santo que vivió en torno al siglo IV d.C., y que a partir del siglo IX aparecerá ya ligado a la Leyenda del Dragón de la mano del Arzobispo de Génova Santiago (o Jacobo) de la Vorágine en su «Leyenda Áurea», y se convertirá en figura clave de la Edad Media.

Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Foto: biblogtecarios.es

Se ha dicho mucho también sobre el hecho de que en la Biblioteca del Monasterio del Escorial abundan gran cantidad de tratados relacionados con la alquimia y la piedra filosofal, la magia y la astrología, así como numerosos globos celestes con la posición de las constelaciones en el firmamento en distintas épocas del año, viejos mapas terráqueos e instrumentos de astrología.

 Generalmente los libros se encuadernaban en el propio taller del Monasterio, sin embargo, en su mayor parte sus fondos proceden de donaciones de la Casa Real e incluyen la colección de libros heredada por los Reyes Católicos, se conservan ejemplares de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, así como la colección que el emperador Carlos V acumuló en su retiro de Yuste, los que Felipe II siendo joven había reunido, los que los agentes del rey pudieron adquirir por toda Europa -como los que adquirió el dominico Alonso Chacón en Italia, los que rescató Arias Montano de Monasterios abandonados por la secularización protestante en los Países Bajos, los que obtuvo Ambrosio Morales rebuscando en viejas bibliotecas de catedrales y monasterios de España-, así como manuscritos hebreos, árabes y griegos -es el caso de la colección de obras árabes, hebreas y orientales y de escritos de Ramón Llull hecha por Arias Montano, también los textos filosóficos y herméticos del arquitecto Juan Herrera, los incautados como los de la colección de Alonso Ramírez a causa de su prisión, y los del Sultán de Marruecos al ser capturado su buque en la época de Felipe III-, a los que vinieron a sumarse los manuscritos del Conde Duque de Olivares, en época de Felipe IV. Posteriormente se siguieron añadiendo a la colección nuevas adquisiciones. Igualmente, cierto es la existencia de la colección de «reliquias» del Felipe II.

 Fue decorada la bóveda de cañón de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, dividida en siete tramos, por Pellegrino Tibaldi mediante técnica de pintura al fresco, como homenaje a la Capilla Sixtina, aunque de temática distinta, ya que se representaron las siete Artes Liberales: Gramática, Retórica y Dialéctica (el Trivium), y Aritmética, Música, Geometría y Astrología (el Quatrivium); sobre la cornisa, cada arte liberal va acompañada de cuatro «sabios» representativos de cada ciencia; y en los frisos, catorce escenas, dos por cada arte liberal; completan dos testeros, la personificación de la Filosofía al lado norte o del colegio, y la Teología al lado sur o del convento; debido a sus amplios ventanales y a su orientación Sur-Norte permite la entrada de luz todo el día, de forma que invita al estudio y a la oración.

Cuelgamuros. El Valle de los Caídos. Foto: elconfidencialdigital

Nuevamente damos un salto en la Historia, y aunque con fines distintos a los de la construcción del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, en esta ocasión tampoco es el Papa ni el Vaticano quien impulsa la construcción de un Monumento religioso, sino al igual que ocurriera con el Monasterio del Escorial es construido por iniciativa de un Jefe de Estado, en este caso entre 1940 y 1958, nos referimos a la Basílica y la Cruz del polémico Valle de los Caídos.

 Tanto la Basílica como la Cruz son las más grandes del mundo, arquitectónicamente una obra de arte sin precedente, no sólo por su estilo sino por las dificultades técnicas que tuvieron que resolver sobre el terreno para poder ejecutarla, visible la Cruz desde Madrid a 50 km aprox. Por respeto a todos los que colaboraron en su construcción debiera ser conservado íntegro dicho conjunto monumental. Fueron desechados numerosos proyectos, entre ellos el del arquitecto Luis Moya que presentó un Arco de Triunfo con una pirámide hueca.

 El Valle de los Caídos consistente en la Basílica católica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos cuya longitud total supera a la del Vaticano, la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y el conjunto monumental -en la que participaron en su diseño los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez, y cuyas esculturas principales (la Piedad, los Cuatro Evangelistas en el primer basamento, y las Cuatro Virtudes Cardinales, esto es, la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza en el segundo basamento) que corresponden a Juan de Ávalos, así como las obras de otros artistas que colaboraron como Julio Beovide, Carlos Ferreira, José Espinós Alonso, Luis Antonio Sanguino, Santiago Padrós o la familia Lapayese-, hacen del Valle testimonio extraordinario del espíritu español y católico, capaz de resurgir de sus cenizas en las peores circunstancias y tender la mano de reconciliación en aras de una reconstrucción con vistas a futuro como expresa la circular del Ministerio de Gobernación en 1958 de «dar sepultura a quienes cayeron en nuestra Cruzada1Cruzada contra el Comunismo y la Masonería sin distinción del campo en el que combatieron», tras uno de los periodos más convulsos y sangrientos en que los españoles que antaño convivían o coexistían juntos de una manera más o menos ordenada y tolerante se enfrentaron llegando a extremos de la más vil bajeza por culpa de ideologías e intereses extranjeros ajenos al espíritu español, y por tanto alejados de las más lógicas normas de convivencia cívica, ética y moral.

 En el valle rocoso, cuya vegetación constaba de pinos, abetos, robles, chopos, acebos, enebros, encinas y jaras, se iniciaron primeramente las obras de la Hospedería y el Centro de Estudios, así como los trabajos de vaciado para alojar la Cripta, la cual sufrió ampliación de las medidas originales con el riesgo y problemas que conllevaba por la presión recibida desde arriba y de lateral, y teniendo en cuenta que dicho risco debía soportar el peso de la estructura de la Cruz, no sólo alojar la Basílica en su interior. Toda una obra de ingeniería y arquitectura sin precedentes conocidos.

 El visitante sabe que ha llegado al lugar por los Juanelos labrados en el siglo XVI para ser utilizados por Juanelo Turriano, ingeniero e inventor hispano-milanés, que hacen las veces de centinelas del acceso al conjunto formado por la explanada y la Cripta de la Basílica, los caminos del Vía Crucis, la monumental Cruz que corona y domina el Valle, el Monasterio, la Biblioteca, la Escolanía, y la Hospedería.

 Siguiendo los propios criterios de la UNESCO, en la que España ingresó en 1953, -siendo uno de los primeros sitios reconocidos como Patrimonio de la Humanidad en España el Monasterio y Sitio de San Lorenzo de El Escorial en 1984 – la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos sostiene – y no sin razón – que el Valle cumple los requisitos para estar incluido entre los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad, más aún por la circunstancia de que las lindes históricas del Real Sitio de El Escorial quedaron definidas claramente por la Cerca Histórica de Felipe II que recorre los actuales términos municipales de San Lorenzo de El Escorial.

 El Real Sitio se extendía por los bosques situados en las laderas del monte Abantos, las machotas y la Cuerda de Cuelgamuros, espacio que actualmente está protegido y declarado Bien de Interés Común mediante decreto 52/2006.

 Por su parte UNESCO sólo circunscribe el nombramiento como Patrimonio de la Humanidad a los términos municipales de El Escorial y San Lorenzo de El Escorial, éste último término municipal en su orientación norte llega e incluye el paraje de Cuelgamuros, finca donde está ubicado el conjunto monumental del Valle de los Caídos, por tanto, perteneciente al término municipal de San Lorenzo de El Escorial desde el punto de vista geográfico, cultural e histórico.

 En los círculos de izquierdas, no son pocos los que han exigido la demolición de la Cruz del Valle tras la exhumación de los restos de Franco 2«Antes de comenzar su sesión plenaria de hoy [20 de noviembre de 1975], la Asamblea General de la ONU rindió tributo al fallecido Jefe del Estado español, el Generalísimo Francisco Franco, con un minuto de silencio observado por todos los delegados, que se pusieron en pie respetuosamente»(de quien sólo diremos que, al ser exhumado de allí, sus detractores han conseguido un nuevo hito, pues nuevamente Historia y Leyenda se entremezclan, muere el hombre y nace el mito). Esta demolición, de producirse, jurídicamente podría implicar incurrir en delito, ya que, si bien no tiene declaración explícita de Bien de Interés Cultural, está situado dentro del término municipal de San Lorenzo de El Escorial, calificado como BIC en toda su extensión en 2006 por la Comunidad de Madrid, y como Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, en la categoría de sitio histórico desde noviembre de 1984.

 En 2011, el Concejal del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, presentó un escrito solicitando la declaración explícita del conjunto monumental del Valle de los Caídos como Bien de Interés Cultural ante la dirección de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, puesto que estaba incluido dentro del municipio de San Lorenzo reconocido por la UNESCO como Bien Patrimonio de la Humanidad. La solicitud no prosperó, aunque fue retomada por el mismo concejal en 2014, en esa ocasión PSOE e Izquierda Unida votaron en contra y los votos de abstención del PP impidieron que esta moción fuera a aprobada.

 Aparte de estar abierto al turismo, este lugar ha tenido hasta fecha actual un marcado fin religioso al ser habitado y asistido espiritualmente por una Orden Benedictina de unos quince monjes, quienes además regentan un colegio privado, el Santo Domingo de Silos, que cuenta con una Escolanía formada por niños de entre 9 y 14 años de edad y una Hospedería con 220 plazas hoteleras, restaurante y salas de reuniones.

Entre los años 1958 y 1982, estuvo en funcionamiento el Centro de Estudios Sociales organizado en seis secciones: Moral y sistemas Sociales; Fichero de Doctrina Social Pontificia y de Realizaciones Sociales; Estructura Social de España; Socio-economía del Desarrollo; Cursos y Publicaciones y Bibliotecas, con la misión de laborar -sobre la base de la justicia social cristiana- en el conocimiento e implantación de la paz entre los hombres. Una de las labores más importantes que el Centro realizaba, eran las reuniones de equipos de investigadores, entre los cuales participaban profesores extranjeros.

 Por su parte, la Biblioteca, con un fondo de más de treinta mil volúmenes, estuvo considerada como una de las mejores dotadas en materia de Ciencias Sociales.

 Nos centraremos en otros aspectos, como son los arquitectónicos, decorativos y simbólicos, haciendo un rápido resumen de sus aspectos principales.

 Ha sido muy destacado en diversas publicaciones que la Cruz supuso un duro reto, hubo que calcular no sólo el peso sino los vientos, debido a su altura de 150 metros, y 46 metros de longitud de brazos, todo ello con un peso de 200.000 toneladas de hormigón; recomendamos el artículo «Aspectos constructivos del Valle de los Caídos» , de Alberto López Núñez, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos para conocer los detalles.

 Según el arquitecto Diego Méndez en entrevista dada a Tomás Borrás de ABC en 1957, la idea y deseo de Franco era «Presentar una cruz en lo alto de un risco que trepa a las nubes sin que parezca enana, vulgar de estilo y proporciones» , pareciéndole el sitio propuesto «Hermosura del sitio, magnitud, aspecto imponente y bravío que recoge el ánimo a la meditación» .

 Esto es, que según uno se va acercando, surja desde el Risco de la Nava, y se eleve hacia y entre las nubes, con porte majestuoso y elegante, sobria, recia, monumental pero integrada en el paisaje que la rodea, similar a la sensación producida al entrar en cualquier catedral gótica donde por primera vez se experimentó con las líneas verticales imponentes y la magia de la luz para despertar en la mente de los creyentes e incluso de los no creyentes un espacio espiritual de dimensiones desconocidas hasta entonces, pero en el ambiente «mágico» y «etéreo» del Valle y su entorno, e invitando a la meditación espiritual, olvidando por un momento el materialismo terreno.

 Y es que así visto desde lejos, con su Cruz, su Basílica excavada en la roca y tras ella el Monasterio, el Risco de la Nava nos recuerda no sólo la Cruz de los Evangelistas, sino al Gólgota, a la cruz del Calvario utilizada en heráldica significando la vía dolorosa, el camino que Jesucristo recorrió hasta su muerte sin flaquear en las tres virtudes: «Fe, esperanza y caridad» , antes de ser enterrado en el sepulcro y resucitar, y que fue muy utilizada en los orígenes para marcar los caminos de peregrinación, los monumentos y los cruceros.

 Quizás más olvidada, más desapercibida pese a su majestuosidad, sea la Portada de la Basílica, cuya puerta de bronce fue obra del escultor Fernando Cruz Solís, quien desarrolló en relieves acuartelados los quince misterios del Rosario, y en el zócalo inferior una leyenda con dichos de los Apóstoles. Es como coronación de la cornisa de la portada, donde está emplazado el grupo escultórico de la Piedad, con el Cristo Yacente siendo sostenido por su Santa Madre.

 Los dos arcángeles gigantescos, que reciben a quien penetra en la Cripta, situados en dos nichos en el espacio intermedio a modo de guardianes, cuyas alas están levantadas y cuyos brazos se apoyan sobre la empuñadura de la espada hincada, fueron obra del escultor Carlos Ferreira.

 José Espinós Alonso, fue el artista encargado de la reja forjada que da acceso a la nave principal de la Cripta, destacan en dicha reja figuras de los Santos Mártires y los Santos Héroes, así como una crestería formada por ángeles, y la figura de Santiago en el centro, coronada por Cruz y Ángeles.

Basílica católica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Foto: https://www.flickr.com/photos/eltb

La gran nave está dividida en cuatro tramos, a derecha e izquierda de la misma hay seis pequeñas capillas, relacionadas con la intención y el motivo del Monumento y correspondientes a las advocaciones marianas; están dispuestas de la siguiente manera:

  •  A la derecha, la Inmaculada Concepción (Patrona del Ejército de Tierra), la Virgen del Carmen (Patrona de la Armada) -esculpidas por Carlos Ferreira ambas-, y la Virgen de Loreto (Patrona del Ejército del Aire) esculpida por Ramón Mateu.
  •  A la izquierda, la Virgen de África esculpida por Ferreira, la Virgen de la Merced (Patrona de los Cautivos, no sólo físicamente sino de espíritu) obra de Lapayese (de quien están presentes dos imágenes de los Apóstoles en alabastro en cada una de las seis capillas, obra de padre e hijo, y la Virgen del Pilar realizada por Mateu.

 Se añadieron copias de los Tapices del Apocalipsis, realizados en oro, plata, seda y lana, tejidos por Guillermo Pannemaker, adquiridos por Carlos V y traídos a España por Felipe II, cuyos originales se conservan en el Palacio de La Granja.

Representan estos paños las siguientes escenas:

  • Paño 1º: Revelaciones hechas por los 7 Ángeles, representantes de las 7 iglesias de Asia a San Juan en Patmos.
  • Paño 2º: Comienzo del Juicio Final.
  • Paño 3º: Destrucción de la Humanidad por las plagas. Adoración del Cordero.
  • Paño 4º: Historia de Enoc y Elías.
  • Paño 5º: Combate entre ángeles y demonios que pretenden atacar a la Mujer vestida de Sol.
  • Paño 6º: Triunfo del Evangelio.
  • Paño 7º: Las bodas del Cordero.
  • Paño 8º: Triunfo de la Iglesia sobre el demonio encadenado en el Paraíso.

 Destacan en los contrafuertes, las esculturas representativas de las fuerzas de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, y las Milicias, obra de Antonio Martín y de Juan Antonio Sanguino. En la cabecera del Crucero está el Coro.

 Desde la gran nave y a través de diez escalones se accede al Crucero, donde en verticalidad perfectamente centrado respecto a la Cruz Monumental exterior está sito el Altar Mayor en cuyo frontal anterior se halla el bajorrelieve del Santo Entierro y en el frontal posterior la Santa Cena.

 En este Altar, la talla monumental de Cristo en la Cruz obra del escultor Beobide (discípulo de Zuloaga), y que se distingue no sólo por ser la cruz de enebro, sino por tener el Cristo los ojos abiertos, con una mirada suplicante dirigida hacia el Cielo, que nos recuerda el momento exacto de la Crucifixión en que Cristo se entrega a Dios.

 En los brazos laterales hay dos capillas; la de la derecha, en cuyo Altar está el Cristo yacente obra de Lapayese junto con dos estatuas de la Virgen y de San Juan, es última estación del Vía Crucis que recorre el Valle.

 Caracteriza al Presbiterio la existencia de las esculturas de los cuatro Arcángeles: San Rafael, San Miguel, San Gabriel y San Uriel.

 La Cúpula está decorada con mosaico, obra de Santiago Padrós, y técnica artística de herencia romana con gran arraigo en la Península Ibérica.

 Inicialmente la idea era dejar la roca excavada vista, similar al Santo Sepulcro donde Jesucristo estuvo antes de su Resurrección, pero el continuo riesgo de desprendimiento de rocas, hizo variar los planes, recurriendo a revestimiento de hormigón armado como apoyo y sujeción del chapado pétreo interior del templo. Todo el conjunto arquitectónico está relacionado con conceptos simbólicos cristianos presentes en el Evangelio.

 Por un momento, quizás sienta alguna persona tentación de compararlo con Petra, por aquello de estar ambas excavadas en la roca, pero una vez dentro, esa misma persona, al observar el conjunto de la Basílica puede sentirse transportado a la grandeza de los Templos Cristianos como el Vaticano, encontrar similitudes con el Monasterio de San Lorenzo del Escorial o incluso hallarle similitud con la Leyenda Artúrica y sus caballeros de la Mesa Redonda. Sin embargo, es un conjunto monumental único.

 Quizás menos conocido por algunos, sea que aquello aloja también el Laboratorio de Gravimetría y Mareas Terrestresdependiente del Instituto de Geociencias (IGEO, un centro mixto del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid), al cual los investigadores acuden una vez al mes para labores de mantenimiento debido a que la presencia humana perturba las mediciones.

 Desde hace décadas, y debido a la gran estabilidad desde el punto de vista geológico y geofísico, condiciones indispensables para este tipo de estudios, según el director de IGEO, un equipo de científicos estudia allí la gravedad terrestre y sus efectos, el laboratorio está compuesto por dos instalaciones separadas: la dedicada al estudio de las mareas terrestres (deformaciones que se producen en la corteza de la Tierra a consecuencia de la acción gravitacional de la Luna y el Sol) en la Basílica de la Santa Cruz y la que contiene los instrumentos para el estudio de la gravedad absoluta en el chalet del ingeniero en el poblado del Valle.

 Antes de establecer en los 70 el Laboratorio en el Valle, mediante cesión del emplazamiento por parte de Patrimonio Nacional, se barajaron otras ubicaciones, como la mina de uranio Los Ratones (Cáceres), pero finalmente en 1971 fueron cedidos dos espacios situados en los sótanos de la Basílica para establecer la estación permanente, lo cual implicó un costoso trabajo de adecuación de las salas para instalar instrumentación y empezar a operar a mediados de los 70.

 Así, en 1975, se estableció en el Valle de los Caídos el último punto de una línea de calibración de gravímetros de alta precisión que inicia en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid, un total de 14 estaciones repartidas por Madrid para determinar las constantes instrumentales y garantizar la precisión de las mediciones y observaciones, las cuales son fundamentales para controlar parámetros relativos a balística, satélites, plantas nucleares, construcciones de grandes presas, etc…

 Este laboratorio del Valle de los Caídos es un lugar de referencia al que cada año acuden científicos de todas partes de España, e incluso de otros países, a calibrar sus equipos en la línea.

 A finales de los años 80, surgió una nueva posibilidad, realizar la primera determinación en España de la gravedad absoluta con un gravímetro de caída libre, y nuevamente las instalaciones del Valle eran las más idóneas para ello.

Originalmente se pensó en la Basílica, pero debido al volumen del equipo, hubo que pensar en otra opción que no fuera la cripta de la Basílica, en 1988 se cedió una de las casas de la colonia en que vive el personal de mantenimiento del mausoleo, es la conocida como «el chalet del ingeniero», allí se instaló la «Estación Fundamental de Gravedad Absoluta».

En 2005, sin embargo, las filtraciones de agua comenzaron a deteriorar las condiciones ambientales de uno de los sótanos de la Basílica, y la humedad hizo inviable seguir con las observaciones de mareas terrestres, sumado al hecho de que los equipos actuales superan a los existentes.

 Igualmente, en el año 1982, se inauguraba en El Escorial el Centro de Proceso de Datos, en un antiguo seminario reformado, para centralizar los datos policiales, y que las comisarías fueran teniendo enlace con el centro. Dicho centro está dotado de las últimas tecnologías tanto en procesamiento de datos y comunicación, como en seguridad. En 2006 y 2007, se puso en el punto de mira de la opinión pública a raíz de que en esta estructura cuya nave central es de hormigón armado, se habían detectado casos de cáncer y fallecimiento por la misma causa, según los propios trabajadores por estar trabajando con inhibidores, por el intenso ambiente de radiofrecuencias, y otras contaminaciones peligrosas para su salud, como pequeñas radiaciones de radón, amianto, electricidad, ondas de comunicación, polvo de tóner de las fotocopiadoras, etc., y solicitaban desdoblar el centro en dos para reducir la concentración de los materiales contaminantes y las emanaciones.

 ¿Qué tiene pues de especial esa zona de España?

Foto: Guía turística 1970.

Por situación en el centro peninsular, en plena «espina dorsal de España», en el corazón turístico, con conexión al Camino de Santiago e igualmente en el paso de las peregrinaciones por la ruta de Toledo para las Romerías de la Virgen costumbre antigua del Siglo XVII; ya no sólo por la ruta sino por la existencia de otros enclaves monumentales en la serranía del Guadarrama asociados a la historia de España, de trayectoria monumental de siglos ligado a cuestiones políticas, defensivas, territoriales, religiosas y culturales como es el caso del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y el complejo monumental de la Basílica y la Cruz del Valle, el Castillo de Manzanares el Real, La Pedriza, el Real Monasterio de Santa María de El Paular (Madrid), el Palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia), el Palacio de Riofrío (Segovia), el antiguo Palacio de Valsaín, etc; estar situado el Laboratorio de Gravimetría y Mareas Terrestres por las condiciones especiales del sitio; y el Centro de Proceso de Datos policiales; así como ser de creencia popular que la fortaleza del cristianismo católico tradicional está ligado a dicho enclave, ya que hay quien cree que el Valle es emisor de energía, y que quien controle aquello tendrá el control y el poder, o que la Iglesia Católica cuya fuerza reside en Dios, Cristo y la devoción Mariana, ha de perder fuerza o caer sin aquel Santuario… Nada y todo.

 Similares pensamientos debían tener aquellos que en 1928 dinamitaron la construcción del primer monumento a Cristo Rey en México, el cual fue reconstruido para mayor rabia de muchos en los años de la década de 1940.

 La fuerza y la Fe no residen en los monumentos, residen y manan de los corazones, las mentes y el espíritu, se mantienen vivos durante siglos y generaciones, y resurgen de las ascuas con más fuerza cuando parece que tan sólo quedan cenizas y el fuego del espíritu ha sido extinguido. Quien siembra odios recoge tempestades, las persecuciones ideológico-religiosas siempre las han perdido aquellos que las han provocado, alegando buscar tolerancia y libertad mientras imponen regímenes de terror y odio irracional, de la mano de baja moral y ética carente de todo civismo. Que hablen, pues, los hechos.

 Para aquellos que critican los principios y valores cívicos, éticos y morales cristianos, pero se quejan de la descomposición social, baste decir que dicha descomposición es producto precisamente de la carencia de enseñanza y cumplimiento de normas lógicas de convivencia cívica, ética y moral, así como de carencia espiritual, y la insana confusión entre libertad y libertinaje que permite al ser humano distinguirse de las bestias.

 Un pueblo que no es capaz de pasar página, olvidando odios y rencillas, aceptando su pasado histórico con sus aciertos y errores sin necesidad de andar borrando o tergiversando datos, siendo objetivo en sus percepciones, aceptando que la historia de una nación no es estática sino dinámica con periodos involutivos y evolutivos, comprometiéndose a cumplir aquello que exige a la otra parte implicada, trabajando por y en la reconstrucción de una nación unida en pos de convertirse en potencia mundial -como ya lo fue en el pasado y se vislumbraba a futuro-, está condenado al fracaso y a repetir sus mismos errores una y otra vez, de tal forma que va perdiendo su identidad y sus bases de unión quedando a merced de cualquier oportunista, sea este un individuo o un grupo, que sepa ver y explotar sus debilidades y complejos.

 Lo que ocurra en un futuro con el conjunto monumental y resto de instalaciones, aún está por verse, y lo decidirán no todos los españoles sino una parte de ellos, pues hay varias sugerencias sobre la mesa relativas al posible uso de dichas instalaciones: desde ser dinamitado el conjunto entero y convertirlo de nuevo en roca, dejarlo como está pero bajo tutela de la Conferencia Episcopal, hasta convertirlo en cementerio civil, centro cultural de alianza de civilizaciones y pueblos, centro masónico, centro de reuniones y conferencias internacionales, centro de memoria histórica, museo, etc…las posibilidades puesto que cuenta con instalaciones de hostelería y salas de reuniones, por lo visto, son infinitas.

El Risco de la Nava con su Basílica en el interior y la Cruz sobre ella, recuerda al Santo Sepulcro, al Gólgota, y a su vez a una gran custodia cuando el sol incide de determinada forma.

Nota: A lo largo del texto encontrará usted estimado lector diversos enlaces, si bien algunos han servido de fuentes y así se indica, otros se enlazan simplemente por considerarlos como de posible interés para el lector.

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