El odio angloamericano sionista a Isabel la Católica y a Colón es porque gracias a la Evangelización del Nuevo Mundo se salvó al Cristianismo Católico

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 Detrás de estas leyendas están los intereses protestantes europeos y las fuerzas masónicas angloamericanas. En el libro de Vittorio Messori, “Leyendas Negras de la Iglesia”, se muestra claramente toda esta cuestión de la reescritura de la historia según el sionismo. Desde el siglo XVI las potencias nórdicas reformadas -Gran Bretaña y Holanda iniciaron en sus dominios de ultramar una guerra psicológica al inventarse la “leyenda negra” de la barbarie y la opresión practicadas por España, con la que estaban enzarzadas en la lucha por el predominio marítimo.

El historiador calvinista Pierre Chaunu escribió: “La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana (…). La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica.” Sin duda la conquista católica fue preferible a la protestante. Según Jean Dumont (historiador) “si por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la reforma (“lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, hijo de Satanás” – principio postulado y aplicado en América del norte), un inmenso genocidio habría eliminado de América del sur a todos los pueblos indígenas”.

Las cifras cantan: mientras que los pieles rojas que sobreviven en América del Norte son unos cuantos miles, en América ex española y ex portuguesa, la mayoría de la población o bien es de origen indio o es fruto de la mezcla de precolombinos con europeos y (sobre todo en Brasil) con africanos. Siguiendo con la leyenda negra de la colonización de América, volvamos a la población indígena: mientras en los Estados Unidos de hoy, donde están registradas como “miembros de tribus indias” aproximadamente un millón y medio de personas, en el sur la situación es exactamente la contraria; en la zona mexicana, en la andina y en muchos territorios brasileños, casi el noventa por ciento de la población o bien desciende directamente de los antiguos habitantes o es fruto de la mezcla entre los indígenas y los nuevos pobladores (y africanos, en el caso de Brasil).

Las formas de conquista de las Américas se originan precisamente en las distintas teologías: los españoles no consideraron a los pobladores de sus territorios como una especie de basura que había que eliminar para poder instalarse en ellos como dueños y señores. Esta fue precisamente la postura que adoptó la reina Isabel la Católica desde el momento mismo que patrocino la empresa de la evangelización.

 Su encomienda era llevar la fe cristiana a todos los seres humanos, a los cuales, ella consideraba súbditos, por lo que los cobijó con los mismos derechos que a los españoles y además les reconocía -y ningún otro monarca contemporáneo lo hizo- sus derechos como hijos de Dios y por tanto con una dignidad inviolable.

Los protestantes en cambio, influenciados por la teología racista de la predestinación (el indio es subdesarrollado porque está predestinado a la condenación, el blanco es desarrollado como signo de elección divina), no dudaron en exterminar a los nativos de los territorios que fueron conquistando. Así ocurrió no sólo en América y con los ingleses, sino en todas las demás zonas del mundo a las que llegaron los europeos de tradición protestante: el apartheid sudafricano, por citar el ejemplo más clamoroso, es una creación típica y teológicamente coherente del calvinismo holandés (sorprende que la conferencia de obispos católicos sudafricanos se sumaran sin mayores distinciones a la “declaración de arrepentimiento” de los cristianos blancos hacia los negros de aquel país). El término “exterminio” no es exagerado. Muchos ignoran que la práctica de arrancar el cuero cabelludo era conocida tanto por los indios del norte cuanto por los del sur, pero entre estos últimos, desapareció pronto, prohibida por los españoles.

El choque microbiano y viral que en pocos años causó la muerte de la mitad de la población autóctona de Iberoamérica, fue estudiado por el grupo de Berkeley, formado por expertos de esa universidad. El fenómeno es comparable a la Peste Negra, que procedente de India y China, asoló Europa en el siglo XIV. Enfermedades como la tuberculosis, la pulmonía, la gripe, el sarampión o la viruela eran desconocidas en el nicho ecológico aislado de los indios, como también lo fueron para los españoles las enfermedades tropicales de aquéllos, frente a las cuales carecían de las defensas inmunológicas necesarias. Faltaba aún mucho para Pasteur. En el caso europeo nadie ha culpado a los asiáticos de los estragos que causó la peste negra en Europa, así como sería absurdo el culpar a los españoles por traer un virus que no lo portaban de forma deliberada para causar enfermedades.

Las denuncias de Fray Bartolomé de Las Casas Brevísima relación de la destrucción de las indias. Obra de fray Bartolomé de Las Casas, quien calificó así la colonización de América. ¿Se trata de una calificación cerrada y definitiva? Veamos. Bartolomé de Las Casas nació en Sevilla, en 1474, hijo del rico comerciante judío Francisco Casaus. Esa es la clave de que él se prestara gustosamente a promover el origen de la leyenda negra. Además él fue el primer biógrafo de Cristóbal Colón, ya que su padre fue parte de su tripulación, con lo cual Bartolomé de las Casas, acusó en su obra biográfica a Colón de toda clase de excesos que posteriores y contemporáneos biógrafos de Colón han tratado de desmentir pero sin éxito ya que la historia oficial aceptada y difundida sobre Colón es la que escribió este judío con disfraz de cristiano evangelizador.

  Bartolomé de Las Casas también acompañó a Colón en su segundo viaje al otro lado del Atlántico, quedándose en Antillas, donde creó una gran plantación donde se dedicó a esclavizar a los indios (práctica que caracterizó el primer período de la conquista, suprimida por Isabel la católica). Después de estudiar en la Universidad de Salamanca, Bartolomé partió a América para hacerse cargo de la herencia paterna, y hasta los 35 años empleó los mismos métodos que más tarde denunciaría. Luego de su “conversión”, Las Casas se ordenó cura primero y luego dominico y dedicó el resto de su larga vida a defender la causa de los indígenas ante las autoridades de España. Con demasiada frecuencia se escribe la historia dando por sentado que sus protagonistas se comportan pura y exclusivamente de forma racional. Algunos estudiosos, al realizar un análisis psicológico de la “vociferante” personalidad de Las Casas han llegado incluso a hablar de un “estado paranoico de alucinación”; juicios severos que han sido defendidos por historiadores como el español Ramón Menéndez Pidal. Asimismo, el norteamericano William S. Maltby, profesor de historia de Sudamérica en una universidad de EEUU, y quien en 1971 publicó un estudio del tema en cuestión, escribió que “ningún historiador que se precie puede hoy tomar en serio las denuncias injustas y desatinadas de Las Casas”, cocluyendo que “en resumidas cuentas, debemos decir que el amor de este religioso por la caridad fue al menos mayor que su respeto por la verdad.”

  Sea como fuere, tras su insistencia, las autoridades de la Madre Patria atendieron sus consejos y aprobaron severas leyes de tutela de los indígenas, lo que más tarde iba a tener un perverso efecto: los propietarios españoles, necesitados de abundante mano de obra, dejaron de considerar conveniente el uso de las poblaciones autóctonas que algún autor define hoy como “demasiado protegidas”, y comenzaron a prestar atención a los holandeses, ingleses y franceses que ofrecieron esclavos importados de África y capturados por los árabes musulmanes; esclavos a quienes posteriormente también llegaría una ley española de tutela.

Es preciso rescatar que Las Casas haya podido atacar impunemente y con expresiones terribles no sólo el comportamiento de los particulares sino el de las autoridades, lo que se debió, en palabras de Maltby “además de a las cuestiones de fe, al hecho de que la libertad de expresión era una prerrogativa de los españoles durante el siglo de oro, tal como se puede corroborar estudiando los archivos, que registran toda una gama de acusaciones lanzadas en público -y no reprimidas- contra las autoridades”. Lo cual por supuesto la leyenda negra no dice u oculta además de que en las tierras protestantes ya sean calvinistas, luteranas, la libertad de expresión estaba prohibida.

Más aún, este furibundo contestatario no sólo no fue neutralizado, sino que se hizo amigo íntimo del emperador Carlos V, y éste le otorgó el título de protector general de todos los indios, y fue invitado a presentar proyectos que, una vez discutidos y aprobados, se convirtieron en ley en las Américas españolas. Nunca antes un “profeta” había sido tomado tan en serio por un sistema político al que se nos presenta entre los más oscuros y terribles.

 La destrucción por la fuerza de las religiones autóctonas Jean Dumont señaló respecto de Bartolomé de Las Casas: “el fenómeno de las casas es ejemplar puesto que supone la confirmación del carácter fundamental y sistemático de la política española de protección de los indios. Jean Dumont señaló respecto de Bartolomé de Las Casas: “el fenómeno de las casas es ejemplar puesto que supone la confirmación del carácter fundamental y sistemático de la política española de protección de los indios.

  Desde 1516, cuando Jiménez de Cisneros fue nombrado regente, el gobierno ibérico no se muestra en absoluto ofendido por las denuncias, a veces injustas y casi siempre desatinadas del dominico. El padre Bartolomé no sólo no fue objeto de censura alguna, sino que los monarcas y sus ministros lo recibían con extraordinaria paciencia, lo escuchaban, mandaban que se formaran juntas para estudiar sus críticas y sus propuestas, y también para lanzar, por indicación y recomendación suya, la importante formulación de las “leyes nuevas”. (…)”

Es más, Carlos V mandó nombrar a Las Casas obispo, y por efecto de sus denuncias y las de otros religiosos, en la Universidad de Salamanca se crea una escuela de juristas que elaborará el derecho internacional moderno, sobre la base fundamental de la “igualdad natural de todos los pueblos”. ¿Necesitaba la gente del nuevo mundo esta protección?

Jane Fonda, actriz norteamericana que desde la época de Vietnam intenta presentarse como “políticamente comprometida” se sumó al conformismo denigratorio que hizo presa de no pocos católicos frente a lo que llaman la “destrucción de las grandes religiones precolombinas”, afirmando que éstas “tenían una religión y un sistema social mejores que el impuesto por los cristianos mediante la violencia”.

Un estudioso, también norteamericano, le contestó en uno de los principales diarios recordándole cómo era el ritual de las continuas matanzas en las pirámides mexicanas:”Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y la arrojaban sobre la piedra de sacrificios. El gran sacerdote le clavaba entonces el cuchillo debajo del pezón izquierdo, le abría la caja torácica y después hurgaba con las manos hasta que conseguía arrancarle el corazón aún palpitante para depositarlo en una copa y ofrecérselo a los dioses. Después, los cuerpos eran lanzados por las escaleras de la pirámide. Al pie, los esperaban otros sacerdotes para practicar en cada cuerpo una incisión desde la nuca a los talones y arrancarles la piel en una sola pieza. (…) una vez curtidas, las pieles servían de vestimentas a la casta de los sacerdotes.”

Menos sanguinarios eran los incas. Como recuerda un historiador: “los incas practicaban sacrificios humanos para alejar un peligro, una carestía, una epidemia. Las víctimas, a veces niños, hombres o vírgenes, eran estranguladas o degolladas, en ocasiones se les arrancaba el corazón a la manera azteca.”

  Volviendo a Las Casas y la conquista, a diferencia de los anglosajones, que se limitarían a exterminar a aquellos “extraños” que encontraron en el nuevo mundo, los ibéricos aceptaron el desafío cultural y religioso -tantas veces difamado- con una seriedad que constituye una de sus glorias, no pretendiendo con ello ocultar los errores que efectivamente se cometieron: por primera vez en la historia, los europeos se enfrentaban a culturas muy distintas y muy lejanas.

Despreocupación por el alma de los indígenas Resulta significativo cuanto escribe el protestante Pierre Chaunu sobre la colonización española de las Américas y las denuncias como las de Las Casas: “Lo que debe sorprendernos no son los abusos iniciales, sino el hecho de que esos abusos se encontraron con una resistencia que provenía de todos los niveles -de la Iglesia, pero también del estado mismo- de una profunda conciencia cristiana.” Resulta lamentable que obras como brevísima relación de la destrucción de las indias de Fray Bartolomé fueran utilizadas sin escrúpulos por la propaganda protestante y después, por la iluminista, aunque esa había sido la finalidad para la que fue escrita.

Sobre el triste panorama que pinta la obra de Las Casas sobre la conquista, Luciano Perena, de la Universidad de Salamanca señala que: “Las Casas se pierde siempre en vaguedades e imprecisiones. No dice nunca cuándo ni dónde se consumaron los horrores que denuncia, tampoco se ocupa de establecer si sus denuncias constituyen una excepción. Al contrario, en contra de toda verdad, da a entender que las atrocidades eran el único modo habitual de la conquista.” 

Las Casas fue una suerte de precursor de la ―teología de la liberación al estilo marxista.

La preocupación de España por la salvación de las almas de los nativos no tuvo precedente, y hasta que la corte de Madrid no sufrió la contaminación de masones e “iluminados”, no reparó en gastos ni en dificultades para cumplir con los acuerdos con el Papa, que había concedido los derechos de patronato a cambio del deber de evangelización. Los resultados hablan: gracias al sacrificio y al martirio de generaciones de religiosos mantenidos con holgura por la corona, en las Américas se creó una cristiandad que es hoy la más numerosa de la Iglesia Católica y que ha dado vida a una fe “mestiza” encarnada por el encuentro vital de distintas culturas. A pesar de los errores y los horrores, se trató de una de las más grandes aventuras religiosas y culturales que tuvo una feliz evolución. A diferencia de lo ocurrido en Norteamérica, en Sudamérica el cristianismo y las culturas precolombinas dieron vida a un hombre y a una sociedad realmente nueva respecto a la situación precolombina.

  Fue sin duda el trabajo de Las Casas un arma de guerra contra el “papismo”, fingiendo ignorar que contra España se utilizaba la voz de un español escuchado y protegido por el gobierno y la corona de esa misma España. “Arma cínica de una guerra psicológica” es como define Pierre Chaunu el uso que las potencias protestantes hicieron de la obra de Las Casas. Los motivos fueron políticos, pero también religiosos: la separación de Roma efectuada por Enrique VIII había dado lugar a una iglesia de estado bastante poderosa y estructurada como para ponerse al frente de las demás comunidades reformadas de Europa. Los Países Bajos y Flandes desempeñaron un papel importante en esta “guerra psicológica”.

Precisamente fue Theodor de Bry -flamenco- quien diseñó los grabados que acompañarían muchas ediciones de la brevísima relación; dibujos en los que los ibéricos aparecen entregados a todo tipo de sádicas crueldades contra los pobres indígenas, y que no sólo tienen su origen en la imaginación del autor, sino que son prácticamente las únicas imágenes antiguas de la conquista, al punto de seguir siendo reproducidas hasta hoy.

Para ahondar aún más en el tema, es preciso indagar acerca de qué ocurrió con las colonias luego del dominio español. Luego de ser invadida por Napoleón, España tuvo que desatender los extensos territorios americanos.

Luego de reconquistar su gobierno, ya era demasiado tarde para restablecer el statu quo de las tierras de ultramar.

La burguesía criolla siempre había mantenido relaciones tensas con la corona, por abocarse esta última a “defender demasiado” a los indígenas e impedir su explotación; sentimiento que se hizo extensivo a la Iglesia debido a los esfuerzos de las órdenes religiosas para velar por el respeto y la mejora de las normas que protegían a los indios. Debido a esta oposición a la Iglesia, vista como aliada de los indígenas, la élite criolla que condujo la revolución contra la Madre Patria estaba profundamente contaminada por el credo masónico que dio a los movimientos de independencia un carácter de duro anticristianismo que se mantuvo hasta nuestros días. A excepción de México, la mayoría de los jefes de la insurrección contra España fueron todos altos exponentes de las logias; un análisis de las banderas y los símbolos estatales de América Latina permite comprobar la abundancia de elementos de la simbología de los “hermanos”.

Resulta innegable el hecho de que en cuanto se liberaron de las autoridades españolas y de la Iglesia, los criollos invocaron los principios de hermandad universal masónica y de los “derechos del hombre” de jacobina memoria para liberarse de las leyes de tutela de los indios. Casi nadie dice la amarga verdad: pasado el primer período de la colonización ibérica, fatalmente duro por el encuentro-desencuentro de culturas tan distintas, no hubo ningún otro período tan desastroso para los autóctonos sudamericanos como el que se inicia en los albores del siglo XIX, cuando sube al poder la burguesía supuestamente “iluminada “.

Con información de: Leyendas Negras de la Iglesia de Vittorio Messori, Signos de Estos Tiempos

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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