Sobre la herencia Católica-Hispana, y su importancia imperativa en la Nueva Castilla, en el Perú

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Para llegar a la resolución final de este tema, se debe cuestionar primero que nada ¿Qué es el Perú, o que quedaría de aquel sin la catolicidad civilizadora incrustada fundamentalmente encima del corazón de la monarquía española de los Habsburgo? El austracismo fue legítimo fundador de facto de nuestra magnífica nación, teniendo en claro que culturalmente, y legalmente nacemos por mandato de su Sacra Cesárea Católica Real Majestad Carlos V, con la “Capitulación de Toledo” el 26 de julio de 1529, como Gobernación de Nueva Castilla, y luego nos confirmó como Reino del Perú, por Real cédula en Barcelona, el 20 de noviembre de 1542, y que con su dogma, y moral se nos dicta en sobre medida hasta la actualidad el rigor de lo justo e injusto, de lo legal e ilegal, es que el Perú no nació laico, por el contrario estuvo bajo el dominio absoluto, e indiscutible de la Santa Religión Católica que nos generó las leyes que rigen nuestra tradición, nuestra cultura notable, y con todo esto la posibilidad de crear una nueva civilización digna de trascender en este territorio patrio siempre predeterminado a la grandeza, por lo tanto es incoherente afirmar que nuestra nación hija siempre predilecta de España, en el sentido político estuvo separado de la religión, como algunos indebidamente tratan de hacer creer, el Perú sin la hispanidad no es nada, y no podría ser ni un intento de país, y a lo mucho sería parte de algún estéril, y necio idealismo internacionalista, así como también no existe la hispanidad sin la catolicidad, todo va concatenado para formar el pilar más importante de lo que llamamos Perú, y las características que lo identifican como tal, así mismo es importante señalar que no hay diferencias determinantes con sus demás hermanas hispano-americanas, sino solo se encuentran diferencias por regionalismos que terminarían dividiendo al mismo Perú, como en las épocas en que estaba dividido nuestro reino en intendencias, la primera unidad que tuvo nuestra nación fue basada en la Santa Religión Católica, no primando el sentido político-territorial de la forma de gobierno monárquica que nos rigió, se debe tener en cuenta el contexto temporal en el cual la pertenencia a la religión católica era considerada más importante que la patria de procedencia de un individuo, si se entiende esto, está claro que la identidad católica no es cualquier identidad religiosa común, y corriente, más bien es sinónimo de unión, de alianza, que se basa en la conversión, por medio de una evangelización universal, cuando una nación se basa para su creación en una religión, y considerando en el caso de la catolicidad, que no varían sus enseñanzas según los tiempos, o las modas, se concluye que la esencia de nuestras tradiciones son invariables, imperturbables, y eternas, por lo tanto rescatar los cimientos de una nación por medio del buen resguardo de la tradición es correspondiente, loable, y digno para cualquier nación que goza de identidad católica, y esta identificación es eterna, tan eterna como decir que un padre tiene un nombre y apellido concreto, y que estos no varían según los tiempos, ahora si alguien es capaz de desconocer a su padre, está de más que conserve el nombre con el que fue bautizado, así podemos entender que sin la hispanidad, el Perú ya no tendría razón de existir, ni de ser, pero si en su reemplazo “Barataria”, o probablemente con otro nombre que se le ocurra al “erudito” creador de países imaginarios, o de fantasía.

Con respecto a una refundación nacional, sin la estelaridad de lo hispano imperial, concluyo resueltamente que sería un fiasco absoluto, porque refundar implica volver a una tradición, a un pasado con base cultural, y para volver a ir por las sendas de las civilizaciones trascendentes, es necesario refundar con la base cultural imperante, o dominante, que en toda hispano-américa, solo se encuentra en la hispanidad, y teniendo en cuenta que algunos plantean disparatadamente, e invocan como base ideológica a una peruanidad inexistente, en el sentido separado, y novedoso de lo hispano, es absurdo pensar en refundar nuestra nación sin apoyo fuerte que la sostenga culturalmente, que solo podría brindarle la hispanidad unificadora, entendamos que para ser algo nuevo, tenemos que haber creado cosas nuevas, y el Perú como nación, sin su parte hispana, no ha hecho independientemente nada trascendente, y menos diferente de lo que vienen haciendo sus naciones hermanas hispano-americanas, que solo es alienarse constantemente hasta las náuseas; culturalmente estamos paralizados desde las traumáticas guerras secesionistas, que frenaron aparatosamente el avance autónomo, y cultural de nuestra civilización hispano-americana; también debemos comprender que a la cabeza de la hispanidad, entre los pueblos hispano-americanos, se hacen diferencias principalmente por ciertas herencias culturales de civilizaciones americanas ancestrales que entre las decadentes repúblicas hispano-americanas sólo corresponderían a insignificantes regionalismos que terminarían dividiendo caóticamente a todas estas, por estos motivos cuando en un futuro, se reafirme, y se exalte en su justicia como corresponde lo católico-hispano en esta patria, se podrá recién hablar de una peruanidad unificadora, y original sin caer en lo ridículo, y recién a partir de aquel momento se podrá tomar enserio a nuestra nación como fuente de una nueva civilización. Solo unidos naturalmente por medio del hispanismo, y de su catolicidad más sincera podremos pensar en crear un nuevo proyecto de nación trascendente, y hasta que no aceptemos que la hispanidad es la razón de ser del Perú, porque le dio la vida, y que como tal debe ser reivindicada, caeremos en el error de los fundadores imbéciles de la república, creer que somos libres, e independientes. Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat.

Artículo publicado en el Boletín BIIE Vol.05 No.02 – Octubre 2017 Segunda Quincena

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