16 de Septiembre de 1810: Cuando México luchó por independizarse de Francia, no de España

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Artículo publicado en Septiembre 2016 Cuarta Semana

Pese a lo mantenido durante años, la revuelta que inició el proceso de descolonización era contra el Gobierno de Napoleón en España y en apoyo de Fernando VII. En el famoso Grito de Dolores se alabó al monarca hispano

México celebra su aniversario de la Independencia de la Corona Española. Y lo hace a la mexicana, herencia patria, donde las fiestas no se perdonan, pero en la que la hora no es exacta (el llamado grito de Dolores del cura Manuel Hidalgo fue la madrugada del 16 de septiembre pero el ex presidente y dictador Porfirio Díaz adelantó la onomástica de la independencia al 15), la fecha tampoco (hoy se festeja el inicio de la revuelta no la independencia que ocurrió en 1821) y los motivos son también dispersos: ¿Se independizaba México de España o de Francia? ¿Fue una revuelta contra el laicismo francés o los comerciantes de ultramar? ¿Fernando VII era el odiado o el deseado?

El proceso de independencia es tema sagrado en un país que tuvo que construir una identidad propia haciendo malabares entre indígenas, mestizos, ibéricos, terratenientes, curas, campesinos… Durante años se gritaba en las plazas, aún se escucha, «mueran los gachupines», que quiere decir «mueran los españoles». Ni siquiera esa frase, atribuida a la soflama lanzada por el cura Manuel Hidalgo en la Iglesia de Dolores, Guanajuato, con la que comenzaba la revuelta, puede asegurarse como real: «No hay ninguna certeza, pero supuestamente el grito original fue muera el mal gobierno», explica a EL MUNDO Álvaro Matute, prestigioso historiador y miembro de la Academia Mexicana de la Historia desde 1998.

Hay dos versiones de la época de lo que dijo Hidalgo antes de hacer sonar la sagrada campana de su Iglesia y alzar un estandarte de la Virgen de Guadalupe para levantar al pueblo criollo contra el nuevo Gobierno. La primera es de Fray Diego de Bringas que, en un sermón de diciembre de 1810 en Guanajuato, dijo que el llamado de Hidalgo en su final dijo así: «Hemos averiguado estas verdades, hemos hallado e interceptado la correspondencia de los gachupines con Bonaparte. ¡Guerra eterna, pues, contra los gachupines! Y para pública manifestación que defendemos una causa santa y justa, escogemos por nuestra patrona a María Santísima de Guadalupe. ¡Viva la América! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la religión y mueran los gachupines!».

La otra versión es de 1813, de Fray Servando Teresa de Mier, que recuerda con estas palabras la soflama independista: «No hay remedio: está visto que los europeos nos entregan a los franceses. Veis premiados a los que prendieron al Virrey y relevaron al Arzobispo porque nos defendían. El Corregidor, porque es criollo, está preso. ¡Adiós, Religión! Seréis jacobinos, seréis impíos. ¡Adiós Fernando VII! Seréis de Napoleón».

Comienza en todo caso con ese grito, el que fuera, un complejo proceso que las élites políticas mexicanas posteriores han ido modificando. «El proceso se inicia en 1808 cuando Napoleón invade la Península Ibérica. La revuelta es contra el Gobierno de Pepe Botella», aclara Matute que incide «el propio Manuel Hidalgo estaba a favor de Fernando VII».

«Sería difícil decir que fue una independencia contra España. Es un movimiento de los criollos ante el vacío de poder creado por la toma napoleónica. Hay una recomposición de estructuras ante una gran descomposición del poder alentado por un movimiento en toda América Latina de ideas liberales», afirma a este periódico Carlos Castañeda, filósofo y analista político mexicano.

Parece claro que ese era el germen del movimiento liberal, pese a que posteriormente se ha acallado en muchos casos ese inicio religioso y en apoyo del monarca español por el parece más conveniente para la épica nacional discurso de una confrontación directa con la Corona española: «Se ha distorsionado mucho esa realidad atribuyendo al movimiento parte del ideario del final de la Independencia a los comienzos», aclara el miembro de la Academia Mexicana de la Historia.

No era parece Fernando VII, por tanto, al que se pretendía derribar, sino al Gobierno de Napoleón y al grupo de ricos comerciantes gachupines que se habría aliado con los franceses, había dado un golpe de estado y había colocado a su propio virrey. «El golpe de estado que dan esos comerciantes gachupines, que es contra quienes se estaba y a los que se refiere el término, es clave. Ellos nombran como Virrey a Pedro Garibay e impiden a los ayuntamientos que desarrollen sus gobiernos», explica Matute.

México, en todo caso, el país más hispano de toda América y con el que hay una estrecha y dispar relación que contribuyó a acrecentar la acogida que el país dio a miles de exiliados republicanos tras la Guerra Civil española, volverá hoy a subirse a un balcón, a hacer sonar una campana y a celebrar su independencia mirando en parte de perfil su verdadera historia. Algo que ocurre con diversos personajes y momentos históricos claves del país: imperio azteca, Hernán Cortés, Porfirio Díaz, la Revolución de Villa y Zapata y su verdadero resultado…

«Hay una historia oficial que ha sido clave para legitimar el régimen. Pasa por ejemplo sobre la Independencia y sobre todo con la Revolución del siglo XX que se ha contado en los libros de texto. Es divertido ver en el Monumento de Revolución de Ciudad de México los restos de un montón de personajes que en vida fueron enemigos acérrimos y hoy se les presenta como aliados. Con la independencia ocurrió lo mismo. No la consuma Hidalgo en 1810, la consuma años después Iturbide que es después considerado una canalla porque quiso nombrarse emperador», concluye Castañeda.

Al respecto Daniel De Teresa y Mier comentó: «Existe concenso entre los historiadores que Miguel Hidalgo inicia su revuelta contra el gobierno virreinal; jamás hizo llamamiento alguno a rebelarse contra Fernando VII ni incitó a la población a matar españoles; eso de mueran los gachupines es un solo un mito. Él era realista, no buscaba la independencia de México, sino una revolución interna que mejorará las condiciones sociales, económicas y políticas de Nueva España. Además, él era un criollo, descendiente de españoles como casi todos los independentistas. Quien visualiza Nueva España como una nación independiente es Morelos. Iturbide es quien realmente consigue la independencia. Al finalizar la guerra el pueblo y la junta de gobierno lo nombran emperador de México. Iturbide ofreció la corona de México a un príncipe de la casa de Borbón, pero como Fernando VII no envió a nadie de su familia, entonces Iturbide se convierte en emperador».

Fuente: El Mundo.

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