La esperanza en los momentos de grave crisis para la humanidad está en redescubrir el concepto de Filioque

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“trabajar sin ahorrar energías para la construcción de la plena y visible unidad de todos los fieles de Cristo” Benedicto XVI

El próximo año celebraremos el aniversario 580 del Concilio de Florencia de 1439. En ese entonces, la controversia que ya venía de los concilios anteriores por el tema de la Santísima Trinidad entre católicos y ortodoxos fue resuelto por el genial cardenal alemán Nicolás de Cusa (1401-1464), que gracias a su investigación histórica, convenció a la unidad de las iglesias separadas de oriente y occidente, para que establecieran una paz ecuménica.

Fue el hombre que más contribuyó al surgimiento del Renacimiento del siglo XV. El Concilio florentino, a lo que dedicó muchos años en su preparación, nos legó el entendimiento de un concepto esencial de la fe cristiana, el Filioque.

Filioque (del latín, “y del hijo”)

Esta idea, se reza cada domingo en la misa católica en el credo de Nicea: “creo en el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo”, este concepto estuvo en centro del cisma del año 1055 de las iglesias ortodoxas griega y rusa, las cuales lo rechazaron al considerarlo una innovación occidental de la iglesia romana. Cusa demostró que no era así, pues desde las actas de los concilios previos, esa discusión existía.

Se le llama la doble Procesión del Espíritu Santo, y tiene una enorme importancia.

Jesucristo es al mismo tiempo Dios y hombre, y el hombre, hecho a imagen y semejanza del Creador (imago viva Dei, en latín), es capaz de participar en Dios en la infinita auto perfección de su creación. La capacidad de Dios de ser hombre, y del hombre en participar directamente con Dios, es el principio inalienable de la dignidad de cada ser humano.

Contrario al Filioque, la idea de que el Espíritu Santo solo procediera del Padre, pero no del Hijo, nos coloca en una relación diferente entre el hombre y Dios. Sería, en cierto sentido una relación más impersonal, Dios Padre es más que la autoridad a quien debemos de obedecer, a quien debemos de amar, pero en la distancia. El hombre no participa en una medida equivalente en el proceso de creación, como sí sería si el Espíritu Santo procediera también del Hijo. Es la chispa creativa humana, que surge de la imaginación humana, lo que nos permite como humanidad avanzar en el descubrimiento de principios físicos válidos en ciencia y en el arte. De esa forma, no solo disfrutamos de la creación del universo, sino que somos partícipes de su perfeccionamiento al emplear los descubrimientos al bien común.

El Concilio de Florencia

En octubre de 1347, la peste negra llegó a Europa por el puerto de Mesina, Italia; la tripulación mercante que traía oro, porcelana y seda de China ya viajaba con un huésped: la peste. Manchas rojas en la piel que los marineros traían del viaje, les pareció a la población del pueblo que eran golpes, pero al amanecer se dieron cuenta que todos los marineros estaban muertos.

Mucha gente en el puerto que convivió con los marineros tuvo las mismas manchas rojas y negras por las hemorragias internas, y después de 5 días de los primeros síntomas, morían. La enfermedad se expandió a través de las secreciones, como la saliva, que se esparcía con la tos y penetraba en el aire, el contagio era efectivo y rápido.

La peste bubónica, se transmitía por la pulga que vivía en las ratas que llegaban de Asia, en tres meses la plaga llegó a Florencia, luego a Roma, y de ahí a Francia, Aviñón y cruzó el Canal de la Mancha para llegar a Inglaterra, también cruzó por los Alpes y llegó a Suiza, en 4 años más a Rusia y en 1351 ya estaba en Flandes y Escandinavia.

Los banqueros venecianos principales difusores de la peste

El control de las principales familias y monarquías europeas, se ejercía por estos bancos. La banca Lombarda, la casa Bardi y la Casa Peruzi, todo el sistema bancario veneciano endeudaron a todos de una forma en la que la deuda no desaparece, porque al pagarla se incurría en más deudas.

Se deja de invertir para poder pagar los intereses y se tiene que pedir prestado para poder pagar los pagos atrasados, eso sube las tasas en la medida que la deuda sube y el proceso no termina hasta que todo estalla (¿acaso no es lo mismo que nos hace la banca occidental ahora?)

Eso llevó a que la producción de lana se hundiera y una crisis alimentaria comenzara. Hubo hambrunas en los años 1310 y se extendieron por 20 años más. Se empezaron a caer algunas construcciones como puentes y no se hacían nuevos, todo empezó a desplomarse y no había sanidad pública, por eso, la peste no tuvo nada que la detuviera. Florencia entró en bancarrota en 1342, Francia en 1337, Inglaterra en 1340 y la banca lombarda seguía en su juego perverso de usura hasta que la banca Peruzi quebró y le siguió la más grande el mundo, la banca Bardi que quebró en
1345.

Los dueños del sistema bancario veneciano, desesperados, condujeron a la guerra de los cien años, al convencer al rey Eduardo II a invadir Francia. Entonces la combinación de peste negra, agitación social y guerra, provocó la muerte de casi la mitad de todos los habitantes de Europa. Hubo muchos que enloquecieron y otros perdieron la fe, sin embargo en medio de todo este dantesco panorama existieron en la región de Deventer, Holanda, los Hermanos de la Vida Común, una orden de monjes que recogían niños huérfanos para alimentarlos y educarlos. Los niños y luego jóvenes se ganaban la vida al igual que los monjes, de la copia de libros.

Uno de esos niños, que se volvían sabios al leer cada libro que copiaban, era Nicolás de Cusa, quien recibió su educación ahí, donde el célebre Tomas de Kempis había estudiado 20 años antes, y donde más tarde también lo hizo Erasmo de Rotterdam, el gran humanista que tantos escritos trascendentales nos dejó. Cusa pasó después a estudiar filosofía en la Universidad de Heidelberg y luego estudió leyes en Padua, Italia. A los 22 años con el título de doctor, se fue a la Universidad de Colonia donde estudió filosofía y teología para ser sacerdote.

Ya como obispo, fue testigo directo del fracaso del concilio de Basilea (1431-1433), que trató de resolver el sisma griego de 1054, que provocó la división de la Iglesia Católica.

Cusa y sus aliados empezaron a crear las bases para un nuevo Concilio. Su escrito de 1433, Concordancia Católica fue uno de los pilares de este esfuerzo, ahí desarrolló la tesis revolucionaria de que la naturaleza de todo hombre es tal, que fue creado con igual poder y libertad y está dotado por Dios de la razón y que toda legislación está basada en la ley natural y la ley natural está basada en la razón, por tanto, toda legislación para ser válida, debe enraizarse en la razón humana. Así que todo gobierno legítimo y toda verdadera religión y paz política puede alcanzarse del acuerdo y consentimiento del pueblo y no por ninguna ley coercitiva, “toda legítima autoridad surge de una conformidad elegida y de la libre sumisión”.

Cusa no fue inconsciente de los peligros de una democracia pura y que el voto ignorante sobrepasara al voto sabio, y para que el voto de la mayoría no se convirtiera en una tiranía, insistió en que la verdadera libertad debe estar sujeta por la razón. La armonía universal involucra diversidad y diferencia, por ello, la concordancia universal parte de la unidad del “uno y los muchos”: muchas creaturas racionales adheridas al “Uno”, quien es Jesucristo en el mundo. Cada miembro de un cuerpo existe y tiene su propio papel y no pierde su libertad en tanto esta en unión con Cristo quien es la Palabra o el Logos.

Este concepto del consentimiento lo ejemplifica Cusa con la Virgen María, quien dio nacimiento a Cristo, al someterse libremente, “hágase en mí, según tu palabra”.

Los renacentistas amigos de Cusa, estudiaron a Dante Alighieri sobre una forma culta de lenguaje vernáculo común de toda la nación, como la condición para que se eleve el intelecto del pueblo y que este pueda ejercer su autogobierno.

La misión de Cusa, vino de su estudio y asimilación de las Sagradas Escrituras, de las obras de Platón, Arquímedes, San Agustín y Tomás de Aquino. ¿Qué tan consiente era de lo que estaba haciendo? una cita de su puño y letra, lo dice: “yo estoy escribiendo y diciendo algo que nunca antes se ha dicho”.

20 años antes, en el Concilio de Constanza de 1414, que terminó en un gran pleito, trazó lo que sería las discusiones de un nuevo concilio, hizo su aportación al reclutar y traer una delegación griega de más de 700 eruditos y prelados para que asistieran al Concilio de Florencia. Sus influyentes escritos como Concordantia Catolica, fueron decisivos para el éxito.

Cusa conoció en Padua al mejor Cartógrafo de la época, Paolo del Pozo Toscanelli, quien elaboraría el mapa que llevó a Cristóbal Colón a descubrir América. También forjó una larga amistad con Filippo Brunelleschi, un genial arquitecto que logró construir lo que nadie, la Cúpula de la Catedral de Florencia dedicada a Santa María de las Flores.

Precisamente debajo de esa hermosa y emblemática cúpula de 42 metros de diámetro, se llevó a cabo el Concilio de Florencia en 1439 (explicar la importancia de la Cúpula de Brunelleschi nos llevaría otro artículo, pues fue la obra de arquitectura más audaz que se hubiera construido hasta entonces. Aun ahora se desconoce su procedimiento de fabricación).

Ese era el ambiente de los renacentistas, grandes ideas, grandes obras, todo para el perfeccionamiento de la Creación.

Las obras de Platón predominaron, Cosimo de Medici, amigo de Cusa, funda la primer academia de estudios clásicos en Europa y comienza el renacimiento dorado Italiano, con pensadores creativos, surge el Bel Canto, y las artes florecen con la llegada de genios de la talla de Luca Pacioli y Leonardo da Vinci.

Las ciencias y las artes logran grandes avances, las ciencias políticas también, en Francia, Luis XI rompe el poder de los señores feudales y hace la abolición de las guerras privadas, establece el primer estado soberano de la historia, considerando que la función más importante del gobierno es el fomento y la preservación del bien común. Enrique VII en Inglaterra lo secunda.

En estos momentos, las condiciones de la humanidad actual, guardan increíbles semejanzas con la historia del siglo XIII, por lo que es justo y necesario, revivir el tema trinitario y del Filioque, retomar el trabajo de Cusa y los maestros de la fe, los santos, Pablo, Agustín y Tomás de Aquino, es regresar a los principios; una tarea del mundo cristiano a la que todos podemos sentirnos llamados.

El culto al paganismo de la edad oscura del siglo XII, que excluía a la razón como la vía para explicar el universo y sus interacciones, hoy revive y su expresión fiel es el satanismo como parte de la “cultura” cotidiana. Reaparece ahora una posible división de la Iglesia Católica, es decir, condiciones previas al derrumbe de la civilización con la peste negra, ahora están de vuelta amenazando al mundo occidental que aún se somete a las ideas imperiales de la antigüedad, a través de la geopolítica y del control del mundo a través del dinero.

Sin embargo, lo que hace resurgir las economías de Asia, en particular China, es su concepto del hombre, el humanismo confuciano está presente en China y toma formas propias en otras naciones, como Rusia, al mismo tiempo que Europa se descristianiza.

Las múltiples manifestaciones de desprecio por la vida humana, se trasladan a todo occidente, la aceptación de política neoliberal, la especulación financiera, la legalización del aborto, las uniones del mismo sexo que rechazan la procreación, el ambientalismo que pone a la especie humana por debajo de los animales al considerar a la sociedad humana como una plaga maligna que extermina la vida en el planeta, entre otras. El hemisferio Americano debe seguir los pasos de Asia, con la maravillosa empresa de la Nueva Ruta de la Seda y encaminarnos juntos, como humanidad, hacia un Nuevo Renacimiento. Los cristianos entendiendo el Filioque y estableciendo una paz ecuménica, podremos ser la levadura que fermente a la masa.

Artículo publicado en el Boletín BIIE Vol.05 No.13 – Abril 2018 Primera Quincena.

Analista político internacional con 30 años de experiencia, especializado en Ciencia, Tecnología e Inteligencia.

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