¿Europa, Estados Unidos de Europa o Unión de Repúblicas Socialistas Europeas?

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Artículo publicado en Mayo 2016

Llama la atención, al ver el actual estado de cosas en Europa, que hay quienes creen que los principales problemas que afectan al viejo continente son de índole económico, problemas de “desigualdad social”, el racismo y xenofobia de ciertos sectores, la homofobia, la presencia de una élite opresora de “derechas y cristiana” que frena el camino hacia la utopía mundialista y multicultural en la que el ser humano se redimirá de sus imperfecciones, siendo lo que se proponga ser, etc. Evidentemente, este análisis marxista políticamente correcto dista mucho de la realidad de lo que se está viviendo en Europa.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los viejos países europeos, muy debilitados, trataron de conformarse al estilo de una democracia cristiana heredera de los antiguos valores del Sacro Imperio Romano Germánico, aunque actualizados claro). Es decir, habría una unidad entre estos países más allá de lo económico, llegando al plano cultural, moral y tradicional.

El objetivo era, por un lado, rescatar los valores que forjaron Europa (la unidad política, social y la moral cristiana como instrumento para superar antiguas rivalidades) y, por otro, crear una potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos y la Unión Soviética. Por tanto, Carlomagno sería el modelo de la Europa post 1945.

Esta tendencia revitalizadora finalmente fue debilitándose hasta el día de hoy, en el que estamos sumidos en una gran decadencia moral. Actualmente Europa es un compendio de políticas e ideologías de corte socialdemócrata y progresista totalitaria, me explicaré:

Por un lado, la visión de los oligarcas de Bruselas es totalmente economicista: El valor fundamental es el dinero, la voluntad de poder a través del dinero.

Por otro, el cristianismo, antaño baluarte de Europa y viejo elemento cohesionador de nuestras naciones y sociedades, está siendo sustituido por una nueva religión: el “progresismo”. Éste sería el camino natural del hombre hacia la felicidad y la realización personal, en oposición a los viejos valores. La sentencia de Gómez Dávila a este respecto es muy esclarecedora: “el progresista cree que todo se vuelve obsoleto, salvo sus propias ideas”

 La demolición de la cultura y de los valores europeos en favor del multiculturalismo. Para ellos, el multiculturalismo sería la panacea que nos permitiría a todos los ciudadanos del mundo ser como hermanos, ser iguales y compartir los mismos valores, la misma cultura y hasta los mismos sentimientos y pensamientos. Una farsa, Europa ha tenido desde hace, al menos, 2.500 años una cultura muy próspera y rica, cuya herencia debe defenderse.

Nuestros valores tradiciones han sido sustituidos por el mero hedonismo y el materialismo (el vivir el momento presente despreocupadamente y realizarse personalmente a través de la adquisición de bienes materiales), dando lugar a adultos infantilizados, caprichosos, inestables e incapaces de comprometerse con ideales ascendentes (autoritas, jerarquía, disciplina, sacrificio, abnegación).

Una falsa idea de igualdad: el igualitarismo forzoso. En este sentido, me permito citar a Oswald Spengler: “Y en eso consiste la tendencia del nihilismo: no se piensa en educar a la masa para elevarla a la altura de la auténtica cultura; eso es arduo y trabajoso, y quizás falten también para ello ciertas condiciones. Por el contrario: el edificio de la sociedad debe ser achatado hasta ponerlo al nivel de la plebe. Debe imperar la igualdad general: todo debe ser igualmente vulgar. La misma manera de conseguir dinero y de gastarlo en la misma clase de diversiones: panem et circenses – no se necesita más, ni se comprende más-. La superioridad, las buenas maneras, el buen gusto y cualquier clase de jerarquía innata constituyen un delito. Las ideas éticas, religiosas y nacionales, el matrimonio orientado a tener hijos, la familia y la soberanía del Estado, son cosas pasadas de moda y reaccionarias.”

Una concepción marxista de la historia y la moral, que ponen al pueblo europeo como agresor, genocida, esclavista y destructor de otras culturas. El peso de ser europeo es impuesto desde la más tierna infancia en las aulas y en forma de bombardeos constantes a través de mensajes repetitivos en medios de comunicación.

Dicha concepción crea en el europeo un sentimiento de auto desprecio y culpa. Su identidad, sus valores, sus tradiciones, el Cristianismo (la Iglesia de la Inquisición y de la agresión a Hispanoamérica y al mundo musulmán) no son elementos de los que sentirse orgullosos. Por tanto, el europeo debe redimirse y someterse sin rechistar a la invasión musulmana, por ejemplo.

La destrucción de la familia para crear individuos aislados y desarraigados, cuyo modelo y figura de autoridad paternal sea el Estado. Un individuo desnortado e infantilizado sin valores ni pensamiento propio, fácilmente manipulable.

El homosexualismo, que no se conforma con equiparar la homosexualidad a la heterosexualidad, sino que otorga al colectivo gay todo tipo de derechos y ventajas sociales.

El asesinato de los no-nacidos, el abortismo, como supuesto derecho de la mujer. Lo curioso es que quienes más abortan son las mujeres nativas europeas. Las foráneas evitan utilizar tal “derecho”.

La disolución de lo masculino y lo femenino. Para ellos el sexo biológico no es concluyente ni definitivo. Ser hombre o mujer es algo que se aprende a lo largo de la vida, es un constructo social. Mi punto de vista es que las feministas quieren, sobre todo, la «reconstrucción de la masculinidad» de acuerdo a sus propios intereses, es decir un hombre despojado de toda virilidad, estrongenizado, un pusilánime sin carácter que puede ser controlado por el gobierno y la mujer. El objetivo, utilizando un término psicodinámico, es castrar al hombre.

La imposición del inglés y de la cultura anglosajona en detrimento de las lenguas nacionales. Por ejemplo, el alemán es el idioma nativo más hablado en Europa, pese a lo cual se le relega a un tercer plano. Se considera al inglés como el idioma del Nuevo Orden, la lengua del empleo y la cultura, en todos los sentidos.

La pérdida de soberanía de las naciones europeas en beneficio de la burocracia de Bruselas, que rige los destinos de dichas naciones de forma cortoplacista y motivada por los intereses económicos del momento.

Una legislación totalitaria que incluso penaliza las emociones de los ciudadanos (por ejemplo, no se pueden decir tales cosas por “incitación al odio”) y que regula nuestra forma de pensar y actuar.

 La falta de libertad de expresión. Viktor Orban –presidente de Hungría- se refería hace unos meses a que en Europa (más bien en la UE) está prohibido decir la verdad. Y no le falta razón. Si este artículo fuese publicado en Europa posiblemente cayera sobre este servidor una avalancha de improperios, amenazas y denuncias.

La asunción del pensamiento “políticamente correcto”, una especie de censura, de policía del pensamiento, que actúa inmisericordemente contra todo aquel se atreva a denunciar estas verdades. Fruto del cual, nadie se atreve a hablar, a decir la verdad, a expresar su verdadero pensamiento. No lo hacen por miedo a represalias legales, incluso físicas (puedes ser agredidos por grupos de extrema izquierda), o por miedo a ser señalado como fascista, retrógrado, homófobo, etc. Hay que exigir el cese de estas políticas en las que el sentido común no es lo políticamente correcto.

La aplicación de una fuerte censura hacia todo aquello que vaya contra esta forma de pensar marxista-posmodernista europea. Autores de talla, intelectuales que no son de la cuerda de este pensamiento totalitario son silenciados o sentenciados a la “muerte civil”.

Como conclusión final y parafraseando a Vladímir Bukovski (escritor y disidente soviético), esta Unión Europea se parece mucho a la extinta URSS, pues va camino de convertirse en un monstruo supranacional y totalitario, que ondea la bandera de la libertad, la democracia y los derechos humanos –en sus bocas palabras vacías-, aplastando al propio pueblo europeo y avocándolo a su destrucción y a la sustitución por individuos desarraigados e infantilizados, sin carácter, sin creencias, sin valores y sin espíritu crítico.

Solamente si hay una reacción decidida, a la altura de este inmenso desafío, Europa se salvará y progresará enarbolando la bandera de los verdaderos valores europeos. Si esta reacción no existe o es difusa, todo se perderá en pocas generaciones. Europa será el nuevo tercer mundo y los europeos habrán desaparecido.

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