¿Hasta cuándo reconocerá Europa que su principal problema social es el Islam y renegar de sus raíces cristianas?

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Desde la disolución de la Unión Soviética a principios de la década de los noventa del siglo XX, la mayor amenaza social y política que ha enfrentado Europa es la invasión islámica, que cada vez más ha ido tomando espacios vacíos que por omisión o comisión los gobernantes europeos han ido quitando al cristianismo que sentó las bases de lo que ha sido Europa durante siglos: el continente madre de la civilización occidental, para entregarlos o dejarlos en manos musulmanas. El modelo soviético y su intento de devorar a todas las naciones del mundo, siguiendo el plan diseñado por el sionismo internacional como ya hemos documentado en este boletín en ediciones anteriores, se ha relanzado ahora a través del Islam y su intento de imponer en todo el mundo el Corán como ley universal y exactamente como lo hizo la Unión Soviética, impedir los derechos naturales y fundamentales del hombre, como la libertad.

Esto ya lo hemos abordado en diversos artículos de este boletín y ahora a raíz de los acontecimientos sucedidos contra la revista francesa Charlie Hebdo, este intento del islamismo de imponerse sobre el viejo continente y después sobre el resto del mundo como ya lo han hecho en gran parte del medio oriente ha cobrado nuevos bríos y ha mostrado al Islam como una religión intolerante, violenta, llena de odio y venganza, muy similar a lo que es el judaísmo como religión y ambas totalmente opuestas a lo que es el cristianismo.

La masacre de principios de enero de 2015 en París llevada a cabo por Jihadistas franceses cercanos al Estado Islámico, que como ya antes hemos documentado en este boletín es una escisión de Al Qaeda que a su vez fue una creación de los servicios de inteligencia angloamericanos sionistas, contra la revista satírica Charlie Hebdo por publicar caricaturas ofensivas contra el profeta Mahoma, obligan a la pregunta: ¿por qué estos actos se producen dentro del Islam y no en el Cristianismo? Porque no podemos sumarnos al coro ‘políticamente correcto’ que dice que estos terroristas no son musulmanes sino simples delincuentes. O en el caso más ingenuo, que los musulmanes están reaccionado porque ofendieron a Mahoma.

  Pero quienes cometen estos actos no sólo dicen que son musulmanes sino que representan al verdadero islamismo de Mahoma y que está en el Corán. Y que los demás están traicionando es decir los que no actúan como ellos.

En el ataque cuando dos hombres armados irrumpieron en las oficinas de la revista gritaron “allahu akbar” (Alá es el más grande) y dispararon contra los periodistas, con el saldo de 12 muertos. Esto se sucede luego de muchas advertencias. Charlie Hebdo tenía vigilancia policial desde 2011 tras un atentado que incendió su edificio y amenazas de extremistas musulmanes por publicar caricaturas del profeta Mahoma.

El 2 de noviembre de 2011 la sede del semanario fue atacada con cócteles molotov provocando un incendio que causó graves daños en el edificio, tras publicar un especial en referencia a la victoria de los islamistas en las elecciones de Túnez. Además, en 2013 había publicado un especial sobre “la vida de Mahoma” en viñetas, que había enfurecido a los musulmanes. Los dos terroristas gritaron “allahu akbar” y luego “vengamos al profeta”, por lo que hubo una motivación religiosa en el atentado, cosa que no reconocen los grandes medios occidentales aunque no es el fin del ataque como ya se ha mencionado en los artículos anteriores sino que fue una operación de inteligencia de falsa bandera que busca detonar diversas crisis al mismo tiempo.

La operación contra la revista no era desconocida para los servicios de seguridad galos ya que los dos hermanos eran conocidos por la policía y la inteligencia francesas. Uno de ellos ya había sido condenado por ser parte de una cadena que envió islamistas como parte de un grupo de combatientes extremistas a Irak, y en los últimos meses había tratado de escapar de la vigilancia mudándose de París a Reims. El tercer cómplice es un joven sin hogar que actuó como chófer. Por lo tanto está claro que eran musulmanes, que tenían relación con el Estado Islámico, que apoyaban la jihad y que eran conocidos por los servicios de inteligencia.

La revista Charlie Hebdo era ofensiva especialmente con la religión cristiana, y particularmente contra los católicos, no sólo con el Islam, ya que sus directores eran masones como ya se ha mencionado sin embargo ningún cristiano lanzó una campaña para condenarla judicialmente ni realizó ningún atentado. En una de sus últimas caricaturas sospechosamente había anticipado su fin: “todavía no hay ataque en Francia” y un jihadista armado hasta los dientes responde: “espera, hay tiempo hasta el final de enero”. Otras dos cosas más enfurecieron a los musulmanes en las últimas semanas.

Una caricatura muestra el líder de Isil en un saludo de deseo para el nuevo año, mencionando “…y sobre todo la salud” como un buen deseo para el año 2015 es decir excluyendo el deseo de paz. En otra caricatura titulada “las predicciones del mago” muestra al controvertido escritor Michel Houellebecq, referido por su nueva novela “sumisión”. El escritor francés Michel Houellebecq sitúa a un partido islamista en el palacio del elíseo en 2022, tras haber derrotado en la segunda vuelta de esas hipotéticas elecciones presidenciales en Francia al ultraderechista frente nacional (FN).

La ficticia fraternidad musulmana de Mohammed Ben Abbes le gana al partido que actualmente lidera Marine Le Pen, quien tiene el apoyo del partido socialista y del sarkozysmo de la UMP. Abbes es presentado como un musulmán que preconiza el patriarcado, la poligamia, el velo islámico, las mujeres en la casa y conversión al Islam.

Y Houellebecq opina que si bien se podrá parar el ascenso al gobierno de los musulmanes en el 2022, no así la islamización de Francia. Una interpretación sin miedos y ‘políticamente incorrecta’ La masacre llevada a cabo en Charlie Hebdo no es un ataque a la libertad de prensa, como muchos han repetido, sino un ataque contra occidente y contra la libertad, que son los objetivos en la mira del Islam como lo fue para los soviéticos.

Como ya mencionamos, este ataque contra la revista parisina es un hito en el progreso de imposición de la ley sobre la blasfemia islámica en el mundo occidental. Los asesinos aplicaron la ley de blasfemia islámica de manera bárbara, pero no es más que lo que quieren hacer los islamistas moderados cuando trataron incesantemente de cerrar la revista por distintos tipos de presiones, entre ellas judiciales. Charbonnier rechazaba públicamente la ley de blasfemia islámica. Como dijo en 2012, “vivo en virtud de la legislación francesa. Yo no vivo bajo la ley coránica”. Pero en esta nueva época de ascenso del Islam a nivel mundial lo hicieron bajo la constante amenaza de la violencia islámica, física y por otros medios.

El político holandés Geert Wilders, declaró sobre la masacre de París: “los asesinatos de los 10 periodistas y 2 policías en París sirve como una advertencia a todos los países del mundo libre. Estamos en guerra. Charlie Hebdo estaba bajo protección policial tras numerosas amenazas debido a su abierta crítica del Islam. A pesar de la protección de la policía, los terroristas fueron capaces de asesinar a sus oponentes”.

Seguramente esta declaración es apoyada por el Estado Islámico porque piensa lo mismo. Sin embargo los políticos no lo perciben así. Dos horas después del ataque la unión de organizaciones Islamiques de France (UOIF) publica una declaración: “Charlie Hebdo ha sido objeto de un ataque horrible. Por el momento hay once muertos y cuatro heridos graves. La UOIF condena en los términos más enérgicos este ataque criminal y estos horribles asesinatos. La UOIF expresa sus condolencias a las familias y a todos los empleados de Charlie Hebdo”. Esta reacción formal de la UOIF, ideológicamente afiliada a la hermandad musulmana, no hace ninguna referencia al Islam o la islamofobia.

La mayoría de los musulmanes “moderados” condenan la masacre, pero esos mismos grupos querían llevar a los tribunales el semanario satírico francés por el delito de “islamofobia”, es decir, por la publicación de caricaturas de Mahoma, la religión musulmana y de diferentes exponentes la sociedad islámica. Por su parte dos imanes franceses que visitan el Vaticano han llamado a los musulmanes a expresar su disgusto por los criminales que han “secuestrado” su religión con actos criminales como el de París.

Pero Oubrou, uno de ellos, muestra claramente que su preocupación no es por los hechos en si sino por los efectos del ataque en la comunidad musulmana francesa: “este acto puede dividir la sociedad y frenar la asimilación y la integración de los musulmanes en la sociedad francesa. ¿A quién beneficia el crimen? Ni al Islam, ni a los musulmanes. Las religiones están hechas para unir a la gente, y cada acto extremo que parte la humanidad no es un acto religioso”. Con ello quiere deslindar la responsabilidad de los moderados, pero no se atreve a excomulgar del Islam a los terroristas. Los actos terroristas de falsa bandera en París, se dan en el contexto de la mayor apertura de los dirigentes europeos al Islam y al mismo tiempo la promoción abierta a la descristianización alzando su voz contra la islamofobia.

Pero se debe considerar, que al igual que la homofobia, señalar la islamofobia como si fuera una patología y estigmatizar con ella a los que no están de acuerdo con la narrativa dominante, es un intento de imponer los criterios del Nuevo Orden Mundial por lo que es una de las mayores perversidades contra la libertad de conciencia y contra la verdadera libertad de expresión que tanto el sionismo como el Islam y el comunismo tratan de extirpar de los derechos humanos. Una fobia es un miedo irracional. Pero en este caso, es perfectamente razonable estar preocupado por un movimiento religioso que está llenando de sangre el mundo.

La acusación de islamofobia etiqueta a los “enemigos del Islam“. Los moderados los marcan, le ponen la etiqueta, y luego vienen los violentos y los atacan físicamente; lamentablemente esa es la historia. Para los extremistas islámicos es legítimo matar en nombre de Alá a los periodistas y dibujantes que escriben y dibujan cosas que no les gustan, mientras que los moderados se conforman con verlos en la cárcel. Las acusaciones públicas repetidas de islamofobia, los ataques legales y verbales repetidos contra aquellos que atacan al Islam y a los musulmanes, no hace más que aumentar la victimización de los musulmanes, lo que aumenta su odio y hostilidad contra occidente, y genera una reacción de defensa en las masas europeas. Hasta los líderes de países musulmanes se han dado cuenta de que el problema no es el terrorismo, sino el Islam y lo comienzan a hablar en público lo que no se atreven a hacer los políticos europeos.

Hace unas semanas, Salman Bin Hamad AlKhalifa, príncipe heredero de Bahrein, desmitificó la retórica de la “guerra contra el terrorismo”, admitiendo que no es una ideología sino sólo un medio para conseguirlo. El príncipe dijo: “no sólo estamos luchando contra los terroristas, sino que estamos luchando contra los teócratas”, aquellos hombres que se colocan “a la cabeza de una ideología religiosa y que tienen el poder, en virtud de un edicto religioso, para privar a alguien del futuro y utilizarlo con fines políticos”

El príncipe Al-Khalifa no siguió la consecuencia de su análisis (tal vez por temor a posibles represalias) pero se desprende que no se puede solucionar el problema solamente atacando a los violentos, porque el problema está en la intolerancia religiosa, más allá de los métodos.

Hace unos días, hablando en la universidad AlAzhar en el Cairo, el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi ha tenido el valor de decir a los líderes religiosos de la más alta institución del Islam sunita que el mundo musulmán ya no puede ser percibido como: “fuente de ansiedad, peligro, muerte y destrucción” para el resto de la humanidad.

Y los líderes religiosos del Islam deben “salir de sí mismos” y promover una “revolución religiosa” para erradicar la intolerancia y sustituirla por una “visión más iluminada del mundo”. Si no lo hacen, van a tomar “ante Dios” la responsabilidad de llevar la comunidad islámica a la ruina.

Dijo Al Sisi: “¿es posible que 1600 millones de personas no pueden pensar en ser capaces de vivir si no eliminan al resto de los 7 mil millones de personas en el mundo?”. Ningún líder occidental ha tenido hasta ahora el valor de usar palabras similares a Al Sisi. De hecho, todos ellos han cuidado de no herir los sentimientos de los musulmanes, porque son fácilmente ofendidos. Sin embargo, la masacre de París nos recuerda lo que ya sabemos, que el Islam es el problema, tanto para occidente como para los mismos países musulmanes. Pero para actuar se debe revisar la discriminación tolerada hasta ahora en el nombre de la “diversidad cultural”. Son incompatibles con el sistema legal occidental las concesiones, como las de Gran Bretaña, de permitir la gestión de barrios enteros bajo la ley sharia en vez de bajo las leyes de su majestad.

Pero también hay otro tema, no sólo la cobardía y la incapacidad, sino los negocios. Las monarquías del golfo que alimentan a los islamistas y grupos jihadistas son las mismas que vierten fondos en las mezquitas, centros culturales y organizaciones islámicas en toda Europa, y son las mismas que vierten en el viejo continente cientos de miles de millones de dólares. Una lluvia de petrodólares que está financiando el think-tank atlántico y sirve para comprar empresas, hoteles y equipos de fútbol.

En los tiempos en que la agenda homosexual diseñada por el sionismo internacional ha ido ganando terreno a costa de los derechos naturales de la única familia que existe, la heterosexual, la misma Iglesia o al menos algunos sectores influyentes dentro de ella, se han dejado influir por esta aberración que contradice el orden natural. Y por esta perversión en la que muchos pastores han hecho caer en el error a fieles de todo el mundo, ahora la sociedad enfrenta su mayor amenaza: la de dejar de ser la familia natural su célula primordial.

Esta apertura hacia lo que siempre fue rechazado y condenado en la Iglesia durante casi dos mil años se ha hecho mas evidente en países desarrollados y ricos que desde las revoluciones sexuales de hace cincuenta años han dinamitado sus propios cimientos al promover una caída en la natalidad, creando con ello el grave problema social y económico de una mayoría de población anciana o en edad de retirarse sin que tengan el apoyo de un relevo generacional que produzca la riqueza que cubra sus pensiones.

La confusión generada a partir de aceptar la diabólica perversión de que cada quien puede elegir libremente su preferencia sexual sin tomar en cuenta su naturaleza ha creado entre muchos otros conflictos, dos tragedias: creer que los problemas se solucionan con un cambio de sexo y alentar una cirugía de cambio de sexo que no tiene marcha atrás.

Está siendo una moda en occidente que los padres alienten a los hijos a demostrar una conducta del sexo con el que no nacieron, apoyados muchas veces por psicólogos imprudentes, e impuesta en la opinión pública por la presión que estigmatiza furiosamente a los que llaman a la cautela o disienten.

Los padres debieran comprender que el tema va más allá de la discusión de si se nace homosexual o si es algo que se adquiere en la vida, porque muchos de los que creen vivir en un cuerpo equivocado y se hacen cirugía para reasignarse el sexo, luego se han arrepentido, pero ya es tarde. Y esto tiene importancia especial con los niños que desde temprana edad muestran tendencia a querer ser del otro sexo, y que los padres alientan, dándoles la legitimidad para pedir un cambio quirúrgico de sexo, lo cual destroza vidas, cuando en muchos casos el verdadero problema es un malestar consigo mismo. Hay que tener claro que no existe una comprobación científica de que un alma puede nacer en un cuerpo equivocado, sin embargo, quien plantea esto se enfrenta con amenazas, y todo tipo de represalias en occidente.

Ya que todo aquel que se atreva a cuestionar la ideología prevaleciente impulsada y creada por el sionismo, inmediatamente es señalado y estigmatizado con toda clase de descalificaciones para acallar la voz del sentido común, de la razón y de la conciencia que grita claramente que esta maldad es totalmente equivocada. El término “trastorno de identidad de género” ha sido eliminado de la nueva edición de la guía oficial de la American Psychiatric Association para la clasificación de las enfermedades mentales, conocida como el DSM-5, que es considerada como la “biblia” de los psiquiatras, no sólo en EE.UU.

Mientras que antes un hombre que se “auto identificaba” como una mujer (o viceversa) podría haber sido clasificado como teniendo una enfermedad mental, ahora el DSM-5 utiliza el término “disforia de género”, que significa que es sólo una enfermedad mental si la persona está preocupada por esta auto identificación. Los activistas “LGBT” presionaron a la APA para el cambio por años.

Este cambio de criterio médico no extraña si se entiende que detrás de la mayoría de las organizaciones de médicos a nivel mundial desde la organización mundial de la salud perteneciente a la ONU hasta colegios de médicos etc están controlados por el sionismo angloamericano. Y además toda la teoría de la personalidad usada por el campo de la psicología y de la psiquiatría es creación de otro judío Sigmund Freud que padecía estas mismas desviaciones mentales y perversidades sexuales que él consideraba la norma de todos. Uno de los ejemplos más patéticos de hasta donde ha sido llevado esta perversidad contra los niños impulsada como política oficial desde la Casa Blanca son los campamentos para enseñar a los niños a ser homosexuales.

Hay campamentos de cuatro días para niños no conformes de género, donde son llevados por sus padres a experimentar el sexo opuesto, a una edad tan temprana como tres años, incitando así a los niños a experimentar la transexualidad, cuando su conducta bien podría ser una imposición por el ambiente. El campamento “Tú eres tú”, un campamento familiar de fin de semana, atiende a “niños no conformes con el género y transgénero biológicos”, según el fotógrafo Lindsay Morris, que publicó fotos de estas actividades en su sitio web.

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