La columna vertebral de una nación, una sociedad, una civilización

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En medio de esta vorágine que se deja sentir a nivel mundial, entre ellos en México y España, parece que hay quien, para ocultar sus propias faltas, prefiere culpabilizar de todo y penalizar justo a quienes conforman lo que sería «la columna vertebral de una nación, una sociedad, una civilización».

No satisfechos de sus tropelías están logrando, mediante adoctrinamiento y manipulación, enfrentar y desintegrar esa «columna vertebral», para saciar sus ansias egoístas y complejos personales, bajo una máscara de aparente altruismo e interés en mejorar económica, cultural y socialmente el país, acompañando su puesta en escena de un falso patriotismo de pacotilla.

Bajo pretexto de ser la «voluntad popular», estamos sufriendo una de las peores epidemias: las «dictaduras de las minorías mayoritarias» bajo el mando de tiranos oportunistas, déspotas, arrogantes, fanáticos, ególatras, resentidos, resabiados e incompetentes; mentirosos compulsivos repletos de cinismo e hipocresía, dispuestos a llegar al fraude si es necesario; intolerantes e irreverentes respecto a la opinión de los demás, ya que son de ideas y opiniones fijas, ávidos de poder, ambiciosos e irracionales, tanto que no toleran ser contradichos o criticados en nada, estando cerrados a cualquier forma de diálogo propio de personas civilizadas, inteligentes, equilibradas, racionales, responsables y maduras, pues se sienten superiores y, por tanto, alegando tener siempre la razón, imponen su voluntad a otros, ignorando y aislando a aquellos que se niegan a participar en su juego de poder, llegando algunos incluso a extremos sádicos, arropados por su jauría rabiosa e irracional, sin sufrir cargos de conciencia; eso, cuando no están compitiendo con otros semejantes a ellos en locura y estupidez mental.

Estos monstruos son títeres creados por las mafias del poder, sostenidos y fortalecidos por una manada de fanáticos seguidores, los cuales, o bien se ven reflejados en dichos parásitos farsantes, o bien ni siquiera se plantean que ese ídolo de barro colocado sobre un pedestal y venerado cual becerro de oro, sea un desequilibrado, un traidor o un oportunista a la caza de incautos a los que utilizar y exprimir para trepar y lograr sus propósitos egoístas más oscuros, mediante técnicas y tácticas de manual tan evidentes que resulta inconcebible que estén surtiendo efecto si no fuera por los apoyos de esas mafias.

No saben ordenar su propia vida, y pretenden gobernar la de los demás.

Pareciera que este tipo de persona necesite sentir, experimentar y descargar su dosis diaria de adrenalina, cual droga para doparse, sobre todo aquello que le rodea para superar su baja autoestima, complejos y resentimientos acumulados.

Algunas de estas personas parecen llevar consigo la «caravana de la muerte» allá por donde pisan.

Dice un antiguo proverbio que «el mal no sólo destruye (o así lo cree) al bien, sino que se destruye a sí mismo», exactamente igual a tantos tiranos y salvajes que hoy día estudiamos como simples anécdotas de la historia, pues fueron en algún momento derrocados, abandonados, aniquilados o despreciados por aquellos mismos que inicialmente les rodeaban y apoyaban, hasta que se hastiaron de ellos.

Por desgracia, los estragos que estos tiranos y sus camarillas generan son difíciles de extirpar y corregir, pero no imposible.

La razón por la que hoy día les vemos actuar con tanta soberbia, se debe sin duda a la tibieza de unos y la corrupción de otros.

En la historia de la humanidad, el concepto de lucha siempre ha estado presente, tanto como el de supervivencia, superación personal y el deseo de aspirar a algo mejor, pero, desde hace varias décadas se ha convertido en pandemia cargada de agresividad e irracionalidad de pensamiento y comportamiento radicalizado, amparándose en políticas de odio hacia todo aquello que conlleve equilibrio y normalidad.

El ser humano presume de ser superior y diferente al resto de criaturas de la Creación, dotado de inteligencia y raciocinio, de espiritualidad y sensibilidad, pero, por lo visto, algunos prefieren ser representantes del estadio más bajo: las «bestias».

En base a diferentes argumentos de dogma, ideología o intelecto, cualquier concepto es utilizado para contender contra otros.

Así, tenemos a lo largo de la historia, la lucha o revolución tribal, de razas, de estirpes, de regiones, de naciones, de poderes, de creencias, de clases, de sexos, de «liberación sexual», económica, ideológica, religiosa, cultural, social, obrera, generacional, política, contra el matriarcado, contra el patriarcado, contra la familia, contra la corrupción, etc…

En algunos de estos conceptos puede haber grandes ideales pero, bajo otros se esconde una lucha contra la verdadera libertad, fomentando el libertinaje al servicio de oscuros intereses: la destrucción de la civilización occidental junto con sus principios y valores, así como de la integridad de la familia y el individuo, en especial si pertenecen al cristianismo.

En todos ellos, las verdaderas víctimas atacadas sin piedad que resisten una y otra vez los embates dirigidos contra dicha «columna vertebral» que sostiene esa nación, sociedad o civilización, son sin lugar a dudas, el núcleo familiar y la clase media.

Pese a las apariencias, es la clase media la más perjudicada de todas; no la clase alta, ni la clase baja a la cual esos mismos «dirigentes», a los que veneran ciegamente, están engañando con ideologías de ignorancia y odio, para que jamás logren ni deseen integrar esa clase media, fortaleciendo y expandiendo esa «columna vertebral» de su sociedad y nación, estando orgullosos de formar parte de ella.

Y es que, las políticas de ayudas sociales bien llevadas pueden ser positivas y lo son en determinadas circunstancias como en desempleo, jubilación, invalidez, viudedad, orfandad y algún otro caso especial pero, están siendo destinadas y desviadas a otros fines, la búsqueda de votos para sostenerse a como dé lugar en el «gobierno», anteponiendo al otorgarlas a aquellos que sean «minorías» que cumplan determinados perfiles afines a ellos, provocando junto con las políticas fiscales restrictivas tanto al trabajador como al emprendedor, pequeño y mediano empresario, situaciones de empobrecimiento de la clase media autóctona nacional, de forma que se ven casos tan rocambolescos como familias de clase «desfavorecida», más aún si son inmigrantes, declarando no tener recursos o trabajar con salario mínimo uno sólo en el núcleo familiar y después el resto de integrantes trabajar en negro, de forma que reciben ayuda social para alimentos, vestido, escuela, vivienda, transporte, etc… una vez sumadas estas ayudas y las ganancias no declaradas supera en muchos casos el salario percibido por gran parte de esa clase media, pudiendo considerarlos realmente no como clase desfavorecida sino rica y con privilegios fiscales, aparte de que en muchas ocasiones las ganancias obtenidas en el país no permanecen dentro de la economía nacional sino que son llevadas al extranjero, algo similar al otro extremo de las clases sociales, el de las clases altas y su políticas de ventaja fiscal, de ahí que nos refiramos a la clase media como la gran perjudicada y atacada al cargar sobre sus espaldas la carga de sostener la nación y al resto de la sociedad.

No les interesa a estos tiranos que «gobiernan» acostumbrar ni fomentar que esas personas tengan espíritu emprendedor y patriótico, ni enseñarles ni ayudarles a ser emprendedores, sino acostumbrarles a la vida fácil de las ayudas económicas y la economía sumergida, en parte esta última provocada por la carga fiscal y el excesivo entrometimiento de un Estado plagado de corruptos en las actividades económicas de su población en lugar de permitir y fomentar una verdadera economía libre.

Independientemente de las discusiones de economistas, de las teorías y escuelas económicas, a fecha actual existen suficientes ejemplos de las bases y pilares que sustentan una economía fuerte y libre de calidad, de forma que lo recaudado sea dirigido a las áreas y proyectos realmente importantes para una nación con eficacia, efectividad y eficiencia, lo que posibilitaría bajas cargas fiscales sin políticas restrictivas para la población sino de bonanza y fortalecimiento de la economía familiar de forma más equitativa. Pero para ello, una clase más debería ser ejemplar para el resto, nos referimos a los funcionarios en general, y los políticos en particular.

La forma habitual de medir el rumbo de la economía es la contabilización del Producto Interior Bruto (PIB), sin embargo, no siempre se acostumbra a comparar con otros criterios o factores como demografía y distribución, esto es, edad de la población, porcentaje de población activa, tasa de paro y tasa de empleo, productividad, acceso a bienes y servicios para verificar si la economía marcha bien o mal garantizando el bienestar social y un reparto eficiente de recursos económicos entre la población, sino que además en algunos países se ha contabilizado en el mismo, desde hace varios años, actividades ilegales como prostitución y narcotráfico, para inflar las cifras y presumir de una economía boyante.

En una economía fuerte y libre que impulsa el progreso social, no sólo se fomenta un entramado interno económico sólido del núcleo familiar sino un estado del bienestar social donde cada individuo tiene cubiertas sus necesidades y aspiraciones:

  • Debe proveer las necesidades esenciales de sus  ciudadanos;
  • Debe asegurar seguridad y libertad para cada uno de sus ciudadanos;
  • Debe garantizar el acceso a la información y comunicación, libertad de pensamiento y expresión de cada ciudadano, así como la libertad de los medios sean de prensa, internet, etc;
  • Debe lograrse una elevada tasa de empleo y proporcionar los medios necesarios formativos y educacionales a la población de forma que puedan desarrollarse en el área que sienten vocación y no por cupo, de forma que alcancen su máximo potencial sea como empleados o como empresarios y profesionales emprendedores;
  • Debe contar con recursos suficientes que aseguren el estado del bienestar social sin favorecer o desfavorecer a unos individuos sobre otros, dando igualdad de oportunidades, pero no penalizando a aquellos que en base a su esfuerzo producen más que otros o con mayor calidad y, por tanto, han ganado el derecho a percibir, de acuerdo a su esfuerzo, cualificación e inversión, mayor remuneración o ganancia;
  • Los sectores de producción (antaño divididos en tres y actualmente en cinco) relativos a desarrollo y explotación del sector agropecuario, sector industrial incluyendo minería y extracción de petróleo, sector de servicios, sector de información, sector de industria cultural y de entretenimiento, sector educativo y sector sanitario, deben guardar un equilibrio correlativo y en proporción directa a los recursos que presente el país en cuestión, calibrando eso sí, el impacto ambiental de forma que un sector no perjudique a otro ni al estado de bienestar social o medioambiental;
  • Así mismo, importaciones y exportaciones deben guardar dicho equilibrio de forma que no prime el uno sobre el otro sino de acuerdo a las oportunidades y necesidades de dicha nación y su sociedad, la autarquía es una utopía a fecha actual en que estamos interconectados a nivel mundial, en un grado superior a siglos anteriores, donde el autoabastecimiento cada vez se hace más difícil en determinadas áreas, sin embargo debe procurarse no depender en exceso de las importaciones y que éstas no superen a las exportaciones, las cuales no hay problema en fomentarlas en torno al 50% una vez cubiertas las necesidades nacionales del producto en una economía abierta y sólida;
  • Debe fomentarse la creación y sostenimiento de pequeñas y medianas empresas nacionales, de manera que puedan perfectamente coexistir con grandes empresas nacionales y/o extranjeras, incluso multinacionales, sin que haya perjuicio de éstas sobre las nacionales familiares; debemos recordar que son estos profesionales y empresarios quienes crean empleo para aquellos que por su carácter, falta de oportunidades, financiación o cualquier otra causa o circunstancia, no hayan podido incorporarse al sistema empresarial, así como fuentes de impuestos que financiarán el sostenimiento de servicios, sistemas y funciones públicas como son sanidad, pensiones, defensa y seguridad nacional, infraestructuras, justicia, etc;
  • Deben apoyarse las ferias y exposiciones comerciales como un medio para dar a conocer los productos y empresas del sector permitiéndoles tener visibilidad, aunque gracias a las nuevas tecnologías es posible lograr presencia y visibilidad;
  • Igualmente importante es fomentar la formación de núcleos económicos fuertes;
  • El Estado debe abstenerse de intervenir en exceso con fuertes cargas fiscales, legislaciones que entorpecen favoreciendo sólo a unos grupos y provocando restricciones, así como no inmiscuirse en asuntos que no son de su ámbito, ya que dicho intervencionismo estatal y gubernamental fallido en ciertas áreas ha provocado en varias ocasiones «burbujas» de mercado, por lo que el propio Estado debe ser quien fomente y favorezca mediante políticas económicas, sociales, laborales, fiscales, comerciales, etc… la actividad empresarial del núcleo familiar libre del intervencionismo estatal que tanto perjudica la creación de la riqueza nacional, en lugar de provocar cargas administrativas y sociales así como alta fiscalidad justo contra aquellos que desean o se ven obligados a emprender como freelance o empresario;
  • Los funcionarios del Estado deben evitar despilfarrar el erario público en proyectos inviables y vender o endeudar la nación a capricho suyo o de sus socios nacionales e internacionales y, en caso de hacerlo deben ser juzgados y penalizados de forma acorde al daño ocasionado.

Para que todas estas medidas surtan realmente efecto, los principios y valores deben ser inculcados en el propio seno familiar y apoyado por el sistema educativo, debe partir de cada individuo que conforma la sociedad, el cual debe exigir al gobierno que se cumplan de forma transparente, y debe exigir que quienes conforman ese gobierno sean personas de proba rectitud y profesionalidad, competentes y cualificadas para ejercer los cargos y responsabilidades asignadas y auténticos patriotas que velen por los intereses de su nación que otorguen calidad de vida a sus habitantes, y no al servicio de oscuros intereses y mafias de poder que fomentan inmigraciones descontroladas y empobrecimiento nacional. Usted es parte de ese cambio, no lo olvide.

Texto por Alejandra Chaparro del Río.

 

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