El Nuevo Orden Mundial de la ONU usa a las organizaciones multilaterales como punta de lanza política para la despoblación, la anticoncepción y el ecologismo

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El Nuevo Orden Mundial utiliza a la ONU y a las organizaciones multilaterales como punta de lanza política que introduce su programa mundial, que a grandes rasgos está anclado en 4 agendas: agenda de población (que introduce el control de la población y su reducción), agenda de salud reproductiva (que contempla la anticoncepción, el aborto y la esterilización), agenda homosexual (que indirectamente apoya al control de la reproducción), y agenda ecológica (en que maneja el concepto de desarrollo sustentable, el calentamiento global y la gobernanza mundial ecológica).

Los agentes del NOM (NWO en inglés) saben que, no obstante los progresos realizados en occidente, estas agendas tienen fuerte resistencia cuando se exponen en instancias democráticas de esas organizaciones, como asambleas, simposios o conferencias. Y por eso han optado por introducir términos complejos sin definir estrictamente –como por ejemplo el de salud reproductiva-, asignar fondos para programas relacionados con esos conceptos, y luego que la burocracia que los opere o instancias colectivas de menor nivel, definan en la práctica que se hace a partir de ese concepto, obviamente sobre la base de las agendas del NOM.

Esto les permite manejarse con un doble discurso que van arreglando de acuerdo a sus necesidades y al interlocutor.

Un ejemplo es que no existe ningún documento que vincule la salud reproductiva y planificación familiar con la anticoncepción y el aborto en la ONU, sin embargo los burócratas de esa organización presionan a los estados para que lleven adelante políticas de anticoncepción y aborto como si fueran propias de la ONU.

Aquí presentamos dos artículos donde se puede ver con claridad lo que está sucediendo con este mecanismo perverso y dictatorial que usa la elite para imponer sus políticas mundiales.

Fuerte advertencia sobre la salud reproductiva y la planificación familiar

En dos artículos recientes, Meghan Grizzle, de la World Youth Alliance, sostiene que las frases «salud reproductiva» y «planificación familiar» son perfectamente aceptables y que los provida deberían luchar por ellas. Argumenta que el aborto no forma parte de la salud reproductiva en el derecho internacional y que los anticonceptivos no son parte de la planificación familiar.

Grizzle tiene razón, en cierta medida. No existe un tratado internacional vinculante que defina la salud reproductiva como inclusiva del aborto. De hecho, este no se menciona en ningún tratado en absoluto. En uno se nombra la salud reproductiva: en la convención sobre discapacidad; cuando fue aprobada, 15 naciones insistieron en que no incluyera el aborto. Y es cierto que, a pesar de que la planificación familiar se menciona en tres tratados vinculantes, no se la define como inclusiva de la anticoncepción.

¿Se desprende de ello que no hay nada que temer con estas frases y que de hecho deberíamos adoptarlas? Sugerimos que Grizzle es demasiado positiva respecto de estos términos y de su amenaza. Se equivoca en una importante definición y es excesivamente optimista para pensar que estas frases puedan ser recogidas para usos buenos.

El derecho internacional se forma a través de tratados vinculantes y mediante el reconocimiento del derecho internacional consuetudinario que tiene lugar por medio de la práctica estatal universal con el conocimiento de la obligación legal.

Los tratados vinculantes no se pronuncian respecto del aborto. Incluso cuando se menciona la salud reproductiva en la convención sobre discapacidad, solo se la define como categoría de no discriminación. Pero hay más que temer en los tratados que las simples palabras. Cada uno de ellos viene con un órgano de supervisión. En los últimos años, estos órganos han asumido funciones cuasi judiciales y, básicamente, han reescrito los acuerdos.

El comité que supervisa la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (conocida como CEDAW, por sus siglas en inglés), ahora interpreta que el tratado incluye la salud reproductiva y el derecho al aborto. Hasta la fecha, han ordenado a más de 90 países que modifiquen sus leyes de aborto. Algunos tribunales nacionales han comenzado a hacerle caso, como lo hizo recientemente Argentina, que liberalizó su legislación en la materia basándose en esta reinterpretación. Grizzle tiene razón en señalar que estos comités actúan excediéndose en sus mandatos. Pero lo hacen, y con consecuencias patentes.

La otra manera por la que se compone el derecho internacional es mediante la costumbre. Los abogados proabortistas afirman falsamente que el uso reiterativo de la frase «salud reproductiva» en documentos de la ONU que no forman parte de tratados ha dado lugar a un derecho consuetudinario al aborto. En la mayoría de los casos apuntan al Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994).

Grizzle insiste en que el documento de El Cairo no puede ser utilizado de ese modo porque, a pesar de usar la frase «salud reproductiva», no incluye el aborto. Grizzle está, simplemente, equivocada. El texto dice: «La atención de la salud reproductiva en el contexto de la atención primaria de la salud debería abarcar … [la] interrupción del embarazo de conformidad con lo indicado en el párrafo 8.25». Ese párrafo dice que el aborto no debe promoverse como método de planificación familiar. Sostiene que cualquier cambio que se introduzca en la legislación sobre el aborto sólo puede ser decidido a nivel nacional, estatal o local, y en los lugares donde el aborto es legal, también debería ser seguro. El aborto, de cualquier modo, está presente en gran medida en el documento. 

Hay aun más problemas con la aceptación de estas frases. Son peligrosamente imprecisas. El documento de El Cairo, al cual Grizzle califica de no polémico, define a la salud reproductiva como «un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos.  En consecuencia, la salud reproductiva entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia.» Grizzle dice que este tipo de galimatías legal es aceptable e incluso loable.

No hay forma de escapar del hecho de que estos términos son controvertidos. Cada vez que aparecen en el borrador de un documento de las Naciones Unidas causan revuelo entre las delegaciones. En la sesión de este año de la Comisión de la ONU sobre la Condición de la Mujer, algunas delegaciones fueron tan enérgicas en su promoción de la salud reproductiva y de la planificación familiar que las demás rechazaron el documento final. Además, si esos términos fueran inofensivos, la Santa Sede no intentaría constantemente bloquearlos, o, de no ser esto posible, definirlos de manera aceptable en las reservas a los documentos.

Haríamos bien en ver más allá del texto de los instrumentos internacionales, vinculantes o no, para comprender el riesgo que entrañan estos términos. El aborto y la anticoncepción son el alimento básico de la dieta promovida por los organismos de las Naciones Unidas. En pocas palabras, actores poderosos de la ONU (organismos, ONG, fundaciones, gobiernos) siguen incluyendo el aborto y la anticoncepción precisamente bajo el nombre de salud reproductiva y planificación familiar.

Si bien los artículos de Grizzle constituyen un grato alejamiento de las opiniones generalizadas de la comunidad internacional sobre la salud reproductiva y la planificación familiar, intentar cambiar el significado de esos términos es, en el mejor de los casos, una lucha quijotesca. Nadie cree realmente que la aceptación de estos términos por parte de la ONG de Grizzle (que, hay que admitirlo, es pequeña) convencerá a los Estados Unidos, a la ONU, a la UE, a los países donantes escandinavos, a las fundaciones multimillonarias y a poderosas ONG que decidan que estos términos ya no suponen el aborto y la anticoncepción.

La realidad es que en las últimas décadas, la «cultura de la muerte» ha transformado con éxito las normas sociales occidentales, especialmente aquellas vinculadas con la sexualidad. El acto conyugal es visto como una actividad recreativa separada de la unidad natural y fundamental de la sociedad: la familia. Por consiguiente, se trata a la vida humana en sí misma, que es fruto del acto conyugal, como un producto desechable.

Las propias nociones de salud reproductiva y planificación familiar se basan en el presupuesto de que el sexo es una actividad recreativa o un impulso incontrolable. Si realmente queremos derrotar a la cultura de la muerte, no debemos transigir en absoluto en los temas de la sexualidad y la familia. Los términos «salud reproductiva» y «planificación familiar» son un caballo de Troya para cualquiera que los adopte como componente de su política social.

El Fondo de Población lucha para dar prioridad al control demográfico en conferencia sobre medio ambiente

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) saca partido de la próxima conferencia Río+20 a celebrarse en junio para promover el control demográfico y los derechos reproductivos como ejes del  desarrollo sostenible y de la erradicación de la pobreza.

En una sesión informativa realizada la semana pasada, justo antes de la segunda ronda de negociaciones informales, el UNFPA tildó al crecimiento de la población como el principal obstáculo para lograr el desarrollo sustentable y reconoció el incremento del acceso a los derechos y servicios reproductivos como la solución.

Ann-Brigitte Albrectsen, Directora Ejecutiva Adjunta del UNFPA, advirtió a los países: «La población mundial ahora ha superado ampliamente la marca de los 7 mil millones y continuará aumentando en miles de millones más. Los esfuerzos para mejorar mucho más la calidad de vida de tan enorme y creciente población a la vez que se garantiza el uso sostenible de recursos esenciales y finitos es el mayor desafío de la actualidad». 

El asesor económico del UNFPA Michael Herrmann en seguida recordó a los representantes de los países en desarrollo con poblaciones en aumento: «La demografía no es el destino». Insistió en que para lograr el crecimiento económico, erradicar la pobreza y poner freno al cambio climático era esencial que limitaran el crecimiento de la población.

Siguiendo el ejemplo de Herrmann, durante la reunión, los representantes del UNFPA imploraron a los países que hicieran lobby por la inclusión de la «dinámica poblacional» junto con «la salud y los derechos reproductivos» en el documento resultante, y que no los vieran como cuestiones aisladas.

Tales son los obtusos modos de las negociaciones de las Naciones Unidas. ¿Qué significa «dinámica poblacional»? ¿Qué implica este término cuando se lo relaciona con otros como «salud y derechos reproductivos»?

La expresión «dinámica poblacional» se usa poco en los documentos de la ONU y apareció por primera vez en el documento original del El Cairo y más tarde en la Agenda 21 de la Conferencia de Río sobre el medio ambiente. La unión de este término con el de «salud y derechos reproductivos» en el nuevo documento suscitó entre las delegaciones la inquietud de que esta sea una nueva clase de truco para promover el control demográfico.  

Colaboradores proabortistas del UNFPA como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Noruega y Suiza tuvieron en cuenta los pedidos del Fondo de Población y presionaron fuertemente este mes durante las negociaciones, para incluir ambos términos juntos en el texto, lo cual despertó mayores sospechas.

La Santa Sede y Malta se opusieron a la inclusión de dichas expresiones, que en este momento aparecen múltiples veces en el documento y pueden o no ser incluidas en el documento final que será acordado en Río el próximo mes de junio.

Incluso si los términos no se incorporan en el documento final, parece poco probable que la estrategia de derechos reproductivos del Fondo de Población vaya a cambiar de un momento a otro. Como lo manifestó recientemente el Director Ejecutivo del UNFPA, el Dr. Babatunde Osotimehin, en el informe anual de ese organismo sobre el «Estado de la Población Mundial», son las inversiones las que «empoderan a los individuos para tomar sus propias decisiones, que tendrán gran impacto en tendencias demográficas como el crecimiento de la población […] y que [determinarán] la dinámica poblacional»

De modo que gran parte de lo que acontece en la ONU es debate en torno a un lenguaje oscuro coloreado por la desconfianza entre delegados y burócratas sobre las intenciones y el significado de las palabras y de las frases.

El objetivo de muchos representantes es insertar términos imprecisos lo antes posible, dejarlos indefinidos y definirlos posteriormente como aspectos de nuevas normas internacionales que dicen que los gobiernos están legalmente obligados a obedecer.

Lo que está claro en las actuales negociaciones es que, contra todas las pruebas, el UNFPA y demás actores de la ONU creen que el mundo está peligrosamente superpoblado, que los índices de fertilidad todavía son demasiado elevados y que deben ser reducidos. Esperan utilizar el documento que se está negociando para alcanzar este objetivo.

Fuentes: C-FAM, First Things, Signos de estos Tiempo

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