Platón y la homosexualidad

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«Cuando el varón se une con la mujer para procrear, el placer experimentado se supone debido a la naturaleza, PERO ES CONTRARIO A LA NATURALEZA CUANDO UN VARÓN SE APAREA CON OTRO VARÓN O UNA MUJER CON OTRA MUJER y aquellos CULPABLES DE TALES EXCESOS están impulsados por su esclavitud al placer». (Diálogo «Leyes» de Platón, 636 c).

«Es la costumbre, que estaba vigente antes de Layo y dice que ES CORRECTO NO MANTENER RELACIONES CARNALES CON VARONES COMO SI FUERAN MUJERES, apoyándose en el testimonio de la naturaleza de los animales y mostrando que EL MACHO NO TOCA AL MACHO CON ESE FIN PUES NO ESTÁ DE ACUERDO CON LA NATURALEZA». (Diálogo «Leyes» de Platón, 836c).

«Podríamos forzar una de dos en las prácticas amatorias: o que nadie ose tocar ninguna persona nacida de los nobles y libres excepto el marido a su propia esposa, ni a sembrar ninguna semilla profana o bastarda en concubinato, ni, contra la naturaleza, semilla estéril en varones o DEBERÍAMOS EXTIRPAR TOTALMENTE EL AMOR POR VARONES». (Diálogo «Leyes» de Platón, 841c)

En su obra «Fedro», Platón (en boca de Sócrates) escribe a unos homosexuales lo siguiente: «Debéis temer, que si la gente se entera de vuestro asunto amoroso, seréis repudiados». (Diálogo «Fedro» de Platón, 231e).

En «El Banquete», clásico de clásicos de Platón, Pausanías durante el diálogo, expresando la opinión mayoritaria, dice: «Sería necesario, incluso, que hubiera una ley que prohibiera que entre varones haya amoríos».
(Diálogo «El Banquete» de Platón, 181d).

Y en la misma obra, Aristófanes, borracho y siempre objeto de burla de sus amigos, explica el origen de la homosexualidad (y otras tendencias) en el monstruo «Androgynus», un ser peludo con dos caras y ocho patas, similar a una araña, quien por haber desafiado a las leyes de los Dioses, fue CASTIGADO, partido por la mitad, naciendo así los seres «andróginos».

Éste pasaje recibió mucha atención y varias interpretaciones, pero, en honor a la verdad, la opinión de Aristófanes es sólo una más entre varias y sobretodo, termina siendo ridiculizada. Y de todos modos, Aristófanes dice lo siguiente:
«Zeus se compadeció de los andróginos e ideó una solución para combatir su tristeza. Les colocó las “vergüenzas” hacia delante de modo que, en el abrazo, si el andrógino topaba con una mujer tuviese lugar la reproducción y si topaba con hombre que encontrase un amigo».

«Más compadeciéndose Zeus, imaginó otra traza, y les cambió de lugar sus vergüenzas, colocándolas hacia adelante, pues hasta entonces las tenían en la parte exterior y engendraban y parían no los unos en los otros, sino en la tierra, como las cigarras. Y realizó con esta forma la transposición de sus partes pudendas hacia delante e hizo que mediante ellas tuviera lugar la generación en ellos mismos, a través del macho en la hembra, con la doble finalidad de que, SI EN EL ABRAZO SEXUAL TROPEZABA EL VARÓN CON LA MUJER, ENGENDRARAN Y SE PERPETUARA LA RAZA Y SI SE ENCONTRABAN MACHO CON MACHO, HUBIERA ESTORBO DE CONTACTO, SE DETUVIERAN, CONCENTRARAN SU ATENCIÓN EN SUS TRABAJOS Y SE CUIDARAN EN LO DEMÁS DE LA VIDA».

O sea que se reconoce lo infructuoso e inútil del acto homosexual…
(Diálogo «El Banquete», de Platón, 191-192de).

Terminando el famoso diálogo «El Banquete», al fin y al cabo quien expresa la idea central, la que Platón deseaba exponer, es no otro sino su mismo maestro, el legendario Sócrates. Sus palabras y enseñanza, luego de hablar a Diotima, una mujer sabía a quién él admiraba, fueron: «¿De qué manera y en qué actividad se podría llamar amor al ardor y esfuerzo de los que lo persiguen? ¿Cuál es justamente esta acción especial? ¿Puedes decirla?
―Si pudiera ―dije yo―, no estaría admirándote, Diotima, por tu sabiduría, ni hubiera venido una y otra vez a ti para aprender precisamente estas cosas.
―Pues yo te lo diré ―dijo ella―. Esta acción especial es, efectivamente, UNA PROCREACIÓN EN LA BELLEZA, tanto según el cuerpo como según el alma.
―Lo que realmente quieres decir ―dije yo― necesita adivinación, pues no lo entiendo.
―Pues te lo diré más claramente ―dijo ella―. Impulso creador, Sócrates, tienen, en efecto, todos los hombres, no sólo según el cuerpo, sino también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza desea procrear. Pero no puede procrear en lo feo, sino sólo en lo bello.
LA UNIÓN DEL HOMBRE Y LA MUJER ES, EFECTIVAMENTE, PROCREACIÓN Y ES UNA OBRA DIVINA, PUES LA FECUNDIDAD Y LA REPRODUCCIÓN ES LO QUE DE INMORTAL EXISTE EN EL SER VIVO, QUE ES MORTAL.
«Y esas fueron las palabras de Diotima que yo (SÓCRATES) las tomo y enseño por VERDAD».

Fuente: Filosofía Disidente

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