La reforma energética del PRI-Peña representa la misma traición que el tratado Mclane-Ocampo de Benito Juárez

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El gobierno de México acaba de ceder su soberanía energética a los intereses angloamericanos sionistas que explotarán en su beneficio la riqueza petrolera nacional y la eléctrica. Esto representa la tercera fase del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, que entró en vigor hace exactamente 20 años.

La primera fase del TLC consistió en abrir las puertas de México sin restricciones a toda clase de productos de Norteamérica, desprotegiendo a los productores nacionales, exportando lo mejor y la mayoría de la manufactura nacional.

El segundo paso, era entregar la soberanía alimentaria a los intereses norteamericanos, exportando igualmente la mayoría de la producción nacional o al menos lo mejor de ella e importando lo que el país requería para comer.

La tercera fase es la energética en la cual México entregará, como ya lo hizo, el control y la operación de Pemex y CFE a intereses angloamericanos para que ellos manejen a su conveniencia el mercado energético nacional, provocando -como es previsible- la quiebra de la economía mexicana.

Este acuerdo firmado y puesto en práctica en 2014 es una copia y actualización del famoso e infame tratado McLane-Ocampo, que también consistió de tres partes. La primera fue el Tratado de la Mesilla, firmado por el presidente Santa Anna, con el cual inició el despojo de la riqueza nacional mexicana para beneficio de los intereses norteamericanos al arrebatar más de la mitad del territorio nacional.

La segunda parte fue acordada y firmada por los presidentes que sucedieron a Santa Anna, y finalmente, la parte más atrevida del tratado que fue el antecedente del TLC pero del siglo XIX, lo firmó el ministro de exteriores de México, Melchor Ocampo con la aprobación del presidente Benito Juárez.

Cuando la historia real de México se escriba, sin duda ambos capítulos, el de la entrega de los energéticos por parte de Peña y el PRI y el tratado McLane Ocampo aprobado por el presidente Juárez deberían compartir capítulo bajo el título de “la ignominia” o “la traición”.

El tratado firmado el 14 de Diciembre de 1859 por Melchor Ocampo y Robert Milligan McLane concedió a los Estados Unidos el derecho de tránsito a perpetuidad por el Istmo de Tehuantepec, de Matamoros a Mazatlán, y de Nogales a Guaymas; así como permiso para que entrara el ejército norteamericano a México en esos corredores así como crear rutas exclusivamente militares, iniciar el libre comercio con Estados Unidos en ciertas mercaderías y otras prerrogativas más que implícitamente excluían a los europeos del control del paso interoceánico.

Con el pretexto de la necesidad política de reconocimiento internacional y de recursos, los liberales encabezados por el presidente Juárez accedieron a la firma del Tratado que equivalió a endosar la factura de la patria a Estados Unidos. Juárez consideró que era mejor ceder los tres pasos a los norteamericanos que dejar que México se convirtiera en un protectorado francés. Es decir mejor ser una colonia americana que trasatlántica.

El gobierno de Juárez con la firma del tratado McLane-Ocampo ratificó de hecho el Tratado de La Mesilla de 1853, en el que Santa Anna ya había incluido el paso por Tehuantepec y este antecedente fue esgrimido por los norteamericanos para reclamar la firma de este Tratado.

En estas circunstancias, tienen que arriesgar el todo por el todo y proceder a la firma del Tratado. El hecho tiene lugar en una época de gran expansionismo norteamericano, y aunque ya lo habían intentado con la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo, no obtuvo el paso interoceánico porque los mexicanos argumentaron que lo habían cedido a los ingleses, a través de una concesión para la construcción de un ferrocarril que el gobierno mexicano dio a un empresario nacional, que a su vez lo vendió a una casa financiera inglesa que después la vendería a la banca judía de Nueva York.

Por tanto ahora el gobierno norteamericano vio más cerca que nunca por la misma situación de convulsión política y social interna de México, la oportunidad de dar otro zarpazo y arrancar otra inmensa parte del territorio nacional que se incluiría en el nuevo tratado McLane-Ocampo.

Esta nueva porción de territorio era la venta de la península de Baja California, gran parte de Sonora y todo el territorio de Chihuahua, y además aprovecha la oportunidad de conseguir este paso interoceánico que le es necesario para integrar sus nuevos territorios por la vía marítima más corta y competir con Inglaterra y Francia para extender su comercio imperialista hasta Japón y Asia.

En esa misma época en Egipto, está en plena construcción el Canal de Suez del Imperio Francés bajo la dirección de Fernando de Lesseps. Dado que el paso interoceánico ambicionado por los norteamericanos sólo es posible establecerlo en México, Nicaragua o Nueva Granada (Istmo de Panamá), los Estados Unidos presionaron a los gobiernos de estos tres países para que firmaran convenios para lograr sus propósitos.

El Tratado McLean-Ocampo fue uno de estos convenios. En México, liberales y conservadores se enfrentan en una lucha fratricida, que requirió de aliados extranjeros para obtener la victoria; los primeros miran hacia Estados Unidos en busca de reconocimiento y de recursos, a pesar del sentimiento nacional antiyanqui generado por la reciente derrota de 1848; los segundos, negocian lo mismo con ingleses, españoles y franceses.

Ambos tienen escasa capacidad de maniobra y se ven forzados a otorgar a las potencias extranjeras concesiones onerosas para México. A partir de entonces, los conservadores acusaron a los liberales de haber estado dispuestos a ceder soberanía a cambio del reconocimiento del gobierno de Juárez y de dinero para enfrentar la guerra de Reforma, ya que para ellos, el Tratado cedía de facto soberanía sobre el Istmo de Tehuantepec y convertía a México en una nación dependiente de los Estados Unidos, como después ocurriría con Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.

Patricia Galeana escribe en su Epílogo (El Tratado McLane-Ocampo. La comunicación interoceánica y el libre comercio): “El tratado es un ejemplo de negociación diplomática y para evaluarlo es necesario enmarcarlo en el contexto internacional de búsqueda del paso interoceánico y regional, dentro del proyecto de hegemonía hemisférica norteamericana.

Así como en el marco de la relación bilateral México-Estados Unidos, dentro de la serie de presiones que los sucesivos gobiernos de este último han ejercido sobre los diferentes gobiernos mexicanos para someterlos. Y, finalmente, tomar en cuenta la coyuntura nacional en que se firmó el TMO, en plena guerra civil, con el país escindido en dos gobiernos y siendo objeto del acoso europeo.

Ocampo hizo creer al agente especial William Churchwell, que (el gobierno mexicano del presidente Benito Juárez) estaba dispuesto a vender parte del territorio para obtener el reconocimiento de Estados Unidos, el cual era indispensable para que el gobierno liberal existiera frente a la comunidad internacional.”

“Con el reconocimiento estadounidense, los liberales se fortalecieron, tanto frente a sus opositores, como ante sus acreedores europeos.”

 “También mejoró su posición para buscar recursos con los prestamistas particulares norteamericanos y europeos. El gobierno del país vecino demandó la firma de un tratado a cambio del reconocimiento. Sus demandas incluían, en un principio, la adquisición de Baja Califonia, Sonora y parte de Chihuahua, más el paso interoceánico por el Istmo de Tehuantepec.”

“Para obligar a México a ceder, Estados Unidos evitó que el gobierno mexicano consiguiera recursos con prestamistas particulares. Ocampo logró convencer a McLane de que no podían vender territorio porque el gobierno de Juárez caería. En cuyo caso, el gobierno estadounidense habría hecho un mal negocio, pues tendría que invertir en otra guerra para obtener los derechos de tránsito.

El canciller juarista había accedido a otorgar los dos pasos por el norte, que ya habían sido autorizados previamente por Comonfort. Desde sus primeras entrevistas con McLane, le propuso que se separaran los asuntos, que se firmara primero un tratado para los tres tránsitos, los dos del norte y el interoceánico. De esta manera, se firmaría el Tratado requerido para el reconocimiento y se postergaba el asunto de Baja California y los territorios del norte del país.

Pero Buchanan se dio cuenta de la estratagema, cuyo objeto era conseguir recursos sin vender la península mexicana. Por eso no aceptó y exigió que fuera un solo tratado. Ocampo resistió lo más que pudo antes de aceptar la intervención discrecional de las tropas norteamericanas para proteger el paso interoceánico, pero al no poder obtener recursos para continuar la guerra, después de sufrir graves derrotas militares y ante el inminente ataque de Miramón por tierra y por mar a Veracruz, aceptó firmar el TMO.

La última versión del Tratado la elaboró en Washington McLane y, según el propio canciller, contó con el acuerdo de Miguel Lerdo de Tejada. No obstante, lograron salvar Baja California y no se vendió ninguna porción de territorio. Es difícil que el gobierno liberal hubiera sobrevivido sin el reconocimiento de Estados Unidos y sin su apoyo en los sucesos de Antón Lizardo. La toma de Veracruz habría sido decisiva para la guerra.”

“Estos hechos no se pueden separar de la firma del Tratado, ni ésta del reconocimiento. El TMO fue el pago mínimo que Estados Unidos aceptó. Ciertamente, es de suponerse que el gobierno estadounidense no respetaría la soberanía mexicana ni atendería las solicitudes de México para dejar el paso interoceánico.

Su territorio sería atravesado, tanto por el norte como por el sur, lo que hacía previsible la pérdida de estos territorios y la posible desaparición del país.” Agobiado por la escasez de recursos, el gobierno de Juárez hará todo lo posible porque el Tratado se apruebe por el Senado norteamericano. Por su lado, los conservadores lucharán para que no se ratifique.”

Por fortuna para México, el Tratado fue rechazado por el Senado norteamericano entre muchas razones por su contenido librecambista, que en aquel momento era una política económica contraria a la del gobierno norteamericano que defendía el modelo proteccionista. Pero además el senado norteamericano no lo aprobó porque no incluía nuevos territorios y porque se dudaba de las facultades de Juárez para firmarlo; además, muchos senadores servían a empresas que tenían interés en que la vía interoceánica se construyera en Nicaragua o Panamá y no en México.

A todo esto se sumará el declive de la fuerza del presidente Buchanan, la proximidad de las elecciones, el ascenso de los republicanos y desde luego, el enfrentamiento entre el norte y el sur que pronto desencadenará la guerra civil norteamericana.

El tratado McLane-Ocampo estuvo respaldado en México por los liberales y fue rechazado por los conservadores y en Estados Unidos lo respaldaron los esclavistas sureños y fue rechazado por los republicanos de la unión. La historia diluida que nos ha llegado a nuestros días nos cuenta que eran aliados los republicanos de allá con los de acá, pero los documentos oficiales de ambos gobiernos de aquella época dan testimonio de que no fue así.

Las dos facciones republicanas se unieron, pero después durante la invasión francesa, ya que los republicanos encabezados por Lincoln veían con gran peligro una alianza entre los esclavistas sureños con los invasores franceses que podrían arrebatarle a la unión los territorios que estos a su vez habían robado a México, con el tratado de la Mesilla.

Y estos territorios confederados apoyados por la invasión francesa podrían haberse constituido en un país independiente de México y EUA. Robert McLean lamentó la decisión del Senado norteamericano de no ratificar el Tratado y pidió su retiro de su misión diplomática; durante la guerra civil estuvo, claro, del lado de los sureños y morirá en Francia en 1898 siendo embajador. Ocampo fue asesinado en 1861, por haber traicionado a México con la firma de este Tratado.

Desde aquella época Juárez fue duramente criticado por liberales y conservadores por haber comprometido el interés y la soberanía nacional. Ahora, más de ciento cincuenta años después, Estados Unidos adoptó desde hace décadas el modelo librecambista inglés, que en la época del tratado rechazaba y lo impuso también sobre México, y lo llevó a fase terminal con el Tratado de Libre Comercio.

Y ahora está dispuesto a hacer efectivo aquel viejo tratado que hipotecaba a México y le cedía el paso franco para entrar a territorio nacional, solo que ahora, con la reforma energética de Peña Nieto y respaldada por el PRI y PAN, vendrán a explotar los yacimientos de petróleo y participar en la generación eléctrica.

La masonería mexicana tiene en Juárez a su mayor representante y su prócer más elevado, razón por la cual los libros de historia oficial escritos por el liberalismo mexicano, omiten este oscuro capítulo de la historia nacional que nos pudo costar la misma existencia del país.

Ahora, Peña Nieto reescribe la misma historia siguiendo los pasos de Juárez hipotecando como él a México, la historia oficial nos habla de la lucha entre conservadores y liberales durante el siglo XIX, sin embargo la verdadera lucha se dio entre la masonería de rito yorquino que era la norteamericana, la masonería “liberal” a la que pertenecía Juárez, contra la masonería de rito escocés que era la europea y que en México representaba a ciertos grupos conservadores.

Si la facción del rito escocés que representaba a los europeos y la facción de los patriotas conservadores como Miramón y Mejía en México hubiera triunfado, Juárez ocuparía el lugar de Santa Anna en la historia nacional.

Pero fueron los que se opusieron a la firma del tratado McLane-Ocampo y los que denunciaron el peligro que representaba, los que terminaron en el banquillo de la traición según la historia escrita por los masones liberales de ambos lados de la frontera.

El Tratado de la Mesilla, y su continuación el tratado McLane-Ocampo, representan la misma traición a México, que el Tratado de libre Comercio con Norteamérica y la reforma energética.

El problema es que a diferencia de 1860 cuando el tratado McLane-Ocampo fue rechazado por el senado norteamericano para fortuna de México, ahora se está obedeciendo las órdenes de los cárteles energéticos de Houston y Londres, que controlan a los gobiernos de sus respectivos países.

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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