López Obrador reencarna la traición a México del liberalismo masónico del siglo XIX

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Conferencia presentada por el autor el 21 de junio de 2018 en el Club de Periodistas de México.

El tema que desarrollaré será una comparativa entre dos personajes históricos que fueron contemporáneos, aliados y después enemigos y terminaron siendo diametralmente opuestos y ambos son punto de referencia para el personaje político que más ha polarizado a la sociedad mexicana actual y dada la posibilidad de que se haga con el poder el próximo 1 de julio éste tema que abordaré y la visión que tendremos al respecto es de la mayor actualidad ya que determinará cuál será nuestro presente y futuro inmediato y el de nuestros hijos.

Andrés Manuel López Obrador ha tomado como ejemplo y modelo a Benito Juárez y ha repudiado al general Porfirio Díaz, se considera liberal y por ello anti conservador, yo deseo en mi ponencia, mostrar la raíz pura de las ideas, intenciones y planes de López Obrador, mirando hacia el pasado en donde encontraremos una similitud tan escalofriantemente parecida a nuestra actualidad, que ningún mexicano que se precie de amar a su país podría jamás pensar que esas ideas que representa López Obrador deberían volver a aplicarse, ya que el resultado fue y no podría ser de otra forma, desastroso para el país y para nuestra historia.

Las ideas y proyectos de López Obrador en realidad no son juarista, sino que viene de más atrás de los acontecimientos inmediatos a la caída del imperio de Agustín de Iturbide, que fue cuando se hicieron con el poder las logias masónicas llegadas de Estados Unidos para traer las ideas y modelos contrarios a nuestra historia, tradición, vocación e identidad.

Así que les pido me acompañen en este vertiginoso viaje que haremos de la manera más breve concisa y veloz, para poder abarcar todo este período histórico y entender que la historia siempre nos enseña a no repetir los errores, pero casi nunca volteamos a verla y créanme, no hay nada más vigente que la  historia.

Comenzaremos viendo la similitud de la situación actual con la administración del Presidente Vicente Guerrero a partir de abril de 1829, en la que prevalecía la anarquía, impunidad e inseguridad completa.

El gobierno de México cayó en tal descrédito, que las naciones le cerraron los créditos y dejaron de llegar barcos extranjeros con mercancías.  Vicente Guerrero es destituido por el Congreso liberal dominado por masones yorquinos que eran de su misma logia, por el desastre que era su administración el 1 de enero de 1830, nombrando Presidente al general Anastasio Bustamante, aun cuando era de corte conservador, aunque había militado en la logia yorquina.

Uno de sus mayores aciertos fue haber nombrado ministro de Relaciones Exteriores a don Lucas Alamán.

Gracias a la labor de Alamán, por primera vez en la historia del México independiente hubo superávit, regresó el crédito extranjero, ya que muchas empresas españolas habían sacado sus capitales a la caída del imperio de Iturbide y eso fue un golpe del que no se había repuesto la economía nacional hasta este periodo que abarcó de enero de 1830 a agosto de 1832.

En coincidencia con el particular fomento de la industria, se dio el establecimiento de fundiciones, fábricas, escuelas de oficios, la llegada de artesanos extranjeros.

En todos los rubros de la actividad vital del país, la mano de don Lucas Alamán era evidente, como lo fue también en el arreglo de diversos problemas políticos que afectaban al país.

Él mismo, como el estadista e historiador que era, escribió que: “la rentas de la federación subieron a más de 17 millones de pesos habiendo tenido aumento considerable todos los ramos especialmente las aduanas marítimas y agregadas a las de los estados formaron una suma de más de 21 millones lo cual era igual a lo que produjo la Nueva España en los años más prósperos de gobierno español.”

Por otra parte, los gastos del gobierno en general, fueron de un poco más de 16 millones, con lo que quedó un sobrante de un millón de pesos, esta era la primera vez qué podía hablarse de excedente de dinero en el México independiente.

Sin embargo los elementos progresistas o liberales, estaban inconformes porque el desarrollo material de México se hacía en el sentido “del retroceso” para ellos, es decir sin que hubiera instituciones liberales (masónicas) sino una forma social de acuerdo con lo tradicional en el país.

Y fueron precisamente estos supuestos progresistas liberales, los que se confabularon para descarrilar este proyecto de nación que había sacado en apenas dos años a México de la bancarrota y lo había subido al desarrollo.

Fueron estos progresistas los que promovieron la revolución de 1832 a fin de establecer el liberalismo, dando lugar a lo que desde entonces habría de desarrollarse con el nombre de Partido Liberal, en cuya dirección tenían parte muy importante las logias masónicas.

La masonería aborrecía a Bustamante y a Alamán, no solo por ser conservadores sino porque ellos sacaron a la luz el que podría calificarse como el primer fraude electoral en la historia del país.

A través de varios documentos expedidos en Veracruz los revolucionarios pidieron la remoción de los ministros de Bustamante acusados de centralistas y de violadores de las garantías individuales y exigieron la separación del mismo Bustamante tachado de no ser Presidente legítimo y finalmente elecciones totales de la República, exactamente como lo hizo y dijo López Obrador en su primera intentona fallida de llegar al poder en el año 2006, reencarnando la misma postura de estos traidores a México que se oponían al verdadero progreso y desarrollo.

El presidente Bustamante tuvo que convocar a nuevas elecciones aunque el Congreso no estuvo de acuerdo, pero finalmente las logias yorquinas controladas por Estados Unidos impusieron a su presidente en México, el General Pedraza, un presidente que solo duró tres meses, pero cuya misión era garantizar la llegada de los liberales y progresistas masones al poder. El nuevo Presidente representando al bando liberal masónico fue el general Antonio López de Santa Anna y su vicepresidente fue Valentín Gómez Farías en los primeros meses de 1833.

Durante su desastrosa administración se efectuó un proceso judicial contra los antiguos ministros de Bustamante, que permitió aclarar las circunstancias de la aprehensión y muerte de Guerrero, pero el objetivo mayor del nuevo gobierno fue la expedición de las leyes dictadas de abril de 1833 a mayo de 1834, leyes que constituyeron las reformas eclesiásticas, militar y educativa promovida por los hombres del Progreso.

Esto representa una nueva similitud con la posturas de López Obrador, que haciendo eco a sus antecesores, también se ha lanzado contra la educación, las Fuerzas Armadas y la Iglesia y las creencias de la mayoría del pueblo de México que rechaza de manera natural toda la agenda de género que él representa y que le ha dado cobijo en su proyecto de nación.

Las leyes que promulgó Santa Anna fueron inspiradas por Gómez Farías, médico de Guadalajara y de vida piadosa hasta su edad madura, incluso iturbidista durante el Imperio, pero más tarde se tornó en un rabioso liberal extremista y anticlerical considerado como el patriarca del progresismo en México.

Don José María Mateos, historiador oficial de la masonería en México, escribió que Gómez Farías en 1833 participó en una asamblea masónica en la que se pusieron las bases para llevar a cabo un cambio de fondo en la estructura social de México, exactamente como pretende López Obrador con su espeluznante cuarta transformación.

En dicha asamblea de 1833 se acordó que era preciso hacer los sacrificios necesarios para apoyar al gobierno en la lucha que tenía que sostener contra las clases privilegiadas, el clero y la milicia en reformas que debían iniciarse por el Rito y los hombres del Progreso.

Nuevamente el mismo discurso de división y enfrentamiento social que representa López Obrador y que es un eco de ese de 1833 que mostraba a las clases privilegiadas encarnadas por el clero y la milicia, para López Obrador los de arriba que aplastan a los de abajo son la clase empresarial, los profesionistas de clase media hacia arriba y todos los que no aceptan sus falacias.

Santa Anna y Gómez Farías fueron las figuras más similares a Juárez antes de Juárez por traidores, entreguistas y perseguidores de la Iglesia y la religión, a la cual por un lado exigían separación de Iglesia y Estado y el establecimiento de un estado laico, pero por otro legislaban e imponían las reglas en la Iglesia para nombrar Párrocos y toda la administración eclesiástica. 

Este plan y proyecto “progresista” apuntaban directo contra los diques de defensa de la soberanía, la nacionalidad y la identidad, es decir, las fuerzas armadas, la religión y la educación, coincidiendo a la perfección con las fobias actuales de López Obrador.

En aquel momento los liberales se dividieron en dos bandos de manera similar a como está el grupo que orbita en tono a López Obrador, en ambos casos hay o hubo radicales y moderados, cuya diferencia es la manera de imponer sobre el pueblo su ideas; los moderados proclives a la disuasión y a hacerlo de manera paulatina y los radicales sosteniendo que el poder es para ejercerse y que deben imponerse sin miramientos ni contemplaciones las reformas y medidas que ellos decidan, sin tomar el parecer al pueblo que dicen representar, aunque evidentemente están en su contra.

El proyecto progresista incluía una propuesta para robar los bienes a la Iglesia y subastarlos y comprarlos ellos mismos, los masones del gobierno, ese fue un proyecto de Lorenzo de Zavala.

En lo educativo la idea era quitar a los sacerdotes y órdenes religiosas de la enseñanza, pero estos eran la mayoría de los maestros del país, de haberse hecho, la mayoría de los de por sí pocos alumnos que tenían acceso a la educación se hubiera reducido drásticamente.

La reforma militar consistió en hacer desaparecer el fuero militar, así como las leyes y tribunales propios del ejército y disolver a las tropas que a fines de 1833 se rebelaron contra la reforma y en general en procurar la sustitución del ejército por milicias cívicas, acusándole de ser el principal promotor de la agitación y el desorden político en México, este ha sido el mismo discurso de López Obrador, él ha repetido estas mismas calumnias que en el lejano 1833 los liberales masones progresistas lanzaban contra el ejército por ser el garante de la soberanía que Estados Unidos y la masonería deseaban derribar para poder entrar libremente a tomar la riqueza de México, actualmente la izquierda y el progresismo aborrecen a las Fuerzas Armadas porque saben que son la frontera que impediría llevar a cabo su idea anárquica de disolución social.

Las acusaciones de Gómez Farías y Santa Anna eran falsas, porque desde el Plan de la Casamata hasta el derrocamiento de Bustamante, si el ejército se había revelado muchas veces, había sido en gran parte por influencia de las logias masónicas que con Gómez Farías dominaban al gobierno, las varias rebeliones que estallaron en contra de las anteriores reformas fueron fácilmente reprimidas, eran rebeliones al grito de religión y fueros y proclamaban algunas de ellas como protector al general Santa Anna que era el Presidente de la República pero que estaba con licencia.

No obstante Santa Anna apoyó al principio a Gómez Farías y atacó la insurrección en Guadalajara, fue entonces cuando el gobierno dio contra sus opositores una ley que fue llamada popularmente la Ley del Caso, la cual contenía nombres de personas prominentes a quiénes se desterraba y luego se extendió su aplicación a cuántos se encontraban en el mismo caso aunque no se decía cuál era este.

Otro tanto hicieron los gobiernos de los estados y las legislaturas disponiendo destierros dentro de sus territorios.

Todas estas leyes y reformas las lanzó Gómez Farías sin consultar a Santa Anna, ya que este había tomado licencia y había dejado el ejercicio del poder en manos de Gómez Farías, pero estas reformas fueron tan repudiadas que Santa Anna tuvo que regresar y retomar el poder y derogar todas las leyes de Gómez Farías, lo cual fue ratificado por el Congreso que lo destituyó como vicepresidente y este se fue a echarse a los brazos de sus amos en Nuevo Orleans en la sede de la logia yorquina.

Y estando allá no se retiró de la política, ni dejó de conspirar sino todo lo contrario, tuvo lugar en Nuevo Orleans en los primeros días de septiembre de 1835, una reunión de prominentes masones mexicanos conectados con políticos de la Luisiana que en una junta anfictiónica, firmaron de día 6 un pacto que tenía por objeto tanto ayudar la rebelión de los texanos como con notable participación de Don Lorenzo de Zavala cuánto fomentar el derrocamiento de Santa Anna, para establecer un gobierno que bajo la dirección de Gómez Farías que seguía ostentando el carácter de vicepresidente, pusiera en práctica las instituciones liberales, así como expulsar a los obispos que no admitieran la reformas y se incautarían los bienes de las órdenes religiosas y se procederá al reparto de la Tierra.

Existe el acta oficial de esta reunión donde quedó plasmada esta gran traición a México y dicha acta está firmada por Gómez Farías, José Antonio Mejía y 37 personas más.

Esta acta de la reunión fue publicada por el periódico político El Mosquito Mexicano y nunca fue desmentida sino todo lo contrario, fue ratificado por muchas coincidencias.

Hay otra similitud entre lo que fue el proceder de Antonio López de Santa Anna con otro López, Andrés Manuel, ya que éste al igual que su predecesor liberal del siglo XIX gusta de actuar al margen de las instituciones y de la ley, así lo hizo Santa Anna que prescindía constantemente de la ley para imponer sus planes lo cual, provocó un gran malestar político por no actuar de acuerdo a la ley sino sólo en base a sus intereses.

Hizo por ejemplo nombrar a un Presidente Interino sin consulta previa al Congreso, tomó el mando del ejército también sin autorización y no dio a la Cámara cuenta de sus actos, concluyendo con un golpe de estado por el cual se suspendió las sesiones del Congreso.

Esto es exactamente el proceder que caracterizó la administración de López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y ese será su proceder como Presidente.

Durante algunos días ocupó provisionalmente la Presidencia el General Nicolás Bravo del 29 de julio de 1846 al 6 de agosto del mismo año, periodo en el cual el Congreso dispuso que se declarara como Constitución Política de la República las bases orgánicas de 1843, pero ni esto ni el hecho de que el 13 de mayo de 1846 hubiesen los Estados Unidos declarado la guerra a México, impidió que los liberales masones progresistas iniciaran una nueva revolución.

Ya que tenemos claro todo el antecedente de dónde surgió Benito Juárez, ahora pasemos directamente a cómo llegó al poder y de qué manera el supuesto benemérito de la ley, el gigante de la justicia y el titán de la legalidad, violentó la ley, desconoció la justicia y contravino la constitución para usurpar el poder, ya que fue un presidente ilegítimo como veremos a continuación.

En 1857 el presidente era Ignacio Comonfort el cual había promulgado las leyes persecutorias contra la Iglesia, primero la ley Juárez y después la ley Lerdo, el mismo Comonfort sabía que ambas leyes no representaban más que los intereses de las logias masónicas y fueron universalmente repudiadas por el resto, por lo que el mismo Comonfort desconoció dicha constitución y convocó al Congreso a formar un nuevo constituyente que redactará una nueva, pero al perder el apoyo de liberales y conservadores y del ejército, tuvo que huir de la capital, la cual fue tomada por los conservadores y convocaron un nuevo gobierno que con la representación y apoyo de los representantes de los 27 estados que formaban la nación y nombró como presidente a Félix Zuloaga, pero Juárez que era Presidente de la Suprema Corte de Justicia, contradiciendo la voluntad de la representación nacional, se autonombró Presidente lo cual provocó una guerra civil conocida como Guerra de Reforma de un gobierno ilegítimo el de Juárez contra el legítimo.

La prueba más contundente de que el gobierno de Zuloaga era el único legítimo, es que éste fue reconocido como tal por toda la comunidad internacional acreditada en México, incluyendo a Estados Unidos.

En 1858 como consecuencia de la guerra que perdía Juárez, abandona el país contraviniendo con ello el mandato constitucional que él se supone representaba, ya que la Constitución prohibía expresamente  que el presidente abandonara el país sin el consentimiento del Congreso, así que si hubiera llegado a ser Presidente, en ese momento dejó de serlo y como buen masón traidor, huyó hacia Estados Unidos también a Nueva Orleans a recibir instrucciones de sus amos y jefes norteamericanos a cuyo servicio él estaba.

Estados Unidos ofreció al gobierno de Zuloaga la compra de gran parte del norte del país y el paso por el Istmo de Tehuantepec, lo cual fue rechazado enérgicamente por el Presidente Félix Zuloaga ante lo cual Estados Unidos desconoció al gobierno legítimo. 

En 1859 Juárez promulga las leyes de Reforma que solo apoyaban y habían firmado 4 personas y no tenían respaldo del Congreso por lo tanto no eran legales.

Contrario al proceder nacionalista y soberano del presidente Félix Zuloaga, el traidor Benito Juárez sí aceptó el ofrecimiento de Estados Unidos para vender el territorio y comprometer la soberanía nacional a cambio de reconocimiento, dinero y armas.

Una vez que Juárez, con el apoyo e intervención norteamericana logró imponerse en el poder, la hacienda pública quebró. Con la entrada de los liberales a la capital en diciembre de 1860, se firmó el triunfo de su partido y la continuidad presidencial de Juárez quien redactó nuevas leyes reformistas las cuales dispusieron la expropiación de hospitales y establecimientos de beneficencia que manejaba y subsidiaba la Iglesia Católica, también ordenó la supresión de Cabildo eclesiástico, así como de las comunidades religiosas y lanzó persecuciones contra obispos y todos quienes se opusieran a la reforma.

Por si fuera poco y con la mayor desfachatez lanzó persecuciones contra los enemigos del infame y traidor tratado McLane-Ocampo. Estos desatinos causaron un desastre fiscal llevando a la Hacienda del estado a la quiebra, es decir la economía del gobierno juarista se desplomó por sus malos manejos y su incapacidad. Aunque esto podría parecer contradictorio por la cantidad de dinero que el gobierno juarista robó de manera espeluznante a la Iglesia Católica.

Esto se debió a la inmensa corrupción e ineficiencia que caracterizó al gobierno de Juárez, ya que por sus manos pasaron bienes que valían millones de pesos, se estima que la Iglesia tenía en cuanto a bienes productivos unos 40 millones de pesos, 2078 fincas rústicas y urbanas con lo que sostenía el culto, así como prácticamente la mayor parte de la educación y la casi totalidad de los trabajos hospitalarios y asistenciales.

Francisco Mejía fue nombrado por el gobierno de Juárez para ejecutar a la incautación de los bienes, sin embargo de los cuarenta millones, el Congreso, sólo le pidió cuentas de 27 millones de pesos, lo que hace suponer que del resto no había, extrañamente datos bastantes o se habían perdido sin que constará documentos.

Por su parte Melchor Ocampo ministro de Hacienda no rindió cuentas y su Oficial Mayor, apremiado por el Congreso, sólo puedo dar noticias de 17 millones de los cuarenta iniciales, es decir en cada paso de mano se iban perdiendo cantidades millonarias las cuales terminaron en la bolsa del “honrado y austero” presidente Juárez y de ahí para abajo con sus ministros y sus subordinados.

Ante este escandaloso desfalco, Juárez no tuvo más remedio que destituir a Ocampo quien fue sustituido por Guillermo Prieto, quién el cual en una carta a Manuel Doblado le dijo: “el señor Juárez me llamo para servir en el Ministerio de Hacienda y me vi precisado como lo demandaba el caso a desenmascarar la situación y hacer el vejamen terrible de sus ministerios lo que dio por resultado la salida de todo el gabinete”.

Dijo también en otro documento que el deficiente mensual del gobierno ascendía $400,000 pesos, de tal modo que la situación era insostenible, ya que los liberales eran incapaces de echar a andar políticas o ideas que sirvieran para impulsar la economía y el desarrollo, sus mentes solo daban para inventar leyes contrarias al bien público y para justificar actos delictivos como el robo de las propiedades de la Iglesia, ese fue el liberalismo del siglo XIX del que López Obrador en pleno siglo XXI se siente heredero y tratará de sacar del basurero para convertirlo de nuevo en otro fracaso como ya lo fue hace siglo y medio.

Por su parte el administrador de los bienes confiscados, Basilio Pérez Gallardo, publicó el manifiesto en esos días en el que indicaba que los administradores de dichos bienes habían entregado el gobierno 14 millones de pesos pero no había con qué pagar a los soldados de la guarnición, 14 de los cuarenta robados originalmente, es decir, los otros 26 simplemente desaparecieron en los bolsillos de la alta burocracia y del gabinete encabezado por Juárez.

Todo esto a pesar de que en las iglesias se robaron además del dinero en efectivo, también brillantes, alhajas, perlas y plata. Por otra parte multitud de objetos artísticos, pinturas, libros de los conventos fueron dilapidados y vendidos a particulares.

Mientras tanto Estados Unidos que temían que la quiebra de la economía juarista ocasionaría la intervención europea como ya era previsible, le propusieron a Juárez a través de su enviado McLane, un préstamo para que se pudiese pagar a los tenedores extranjeros de los mexicanos el préstamo de $2’000,000 pero mediante una garantía, la de darse en hipoteca a los Estados Unidos los territorios terrenos públicos no vendidos hasta entonces si los bienes nacionalizados del clero que aún nos hubieran sido vendidos más otros documentos igualmente negociables además una junta formada por tres mexicanos y dos norteamericanos puede disponer de todos los terrenos nacionales para poder pagar a los Estados Unidos.

Estados Unidos ofreció 14 millones de préstamo a Juárez en condiciones terribles para México.

Dada la mediocridad del manejo económico de Juárez y su gobierno, el robo que hicieron de los bienes de la Iglesia y la gran corrupción que los caracterizó, el gobierno de Juárez declaró moratoria de pagos a la deuda externa lo cual provocó que las potencias perjudicadas optarán por intervenir para cobrar.

Con el apoyo de Estados Unidos y habiendo hipotecado la soberanía y el territorio nacional Juárez logró derrotar al ejército imperial francés que comandaba Maximiliano, aunque afortunadamente la factura de la patria nunca la hizo efectiva el gobierno de Lincoln ya que el enfrentaba su propia guerra civil y el haber aceptado la entrega territorial que Juárez ofreció sin condiciones hubiera beneficiado y fortalecido al bando sureño.

Gracias al respaldo norteamericano Juárez una vez que los ejércitos franceses regresaron a su país él se impuso contra la voluntad y parecer de la mayoría de la población de manera vitalicia en la presidencia ahogando cualquier intento de democratizar al país y combatiendo ferozmente al general Porfirio Díaz que enarbolaba la bandera de sufragio efectivo no reelección.

Juárez solo fue echado del poder muerto lo cual sucedió en 1872 y desde ese momento asumió la presidencia quien fue el vicepresidente con Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, hasta que en 1876 asumió la presidencia por primera vez el general Díaz fueron cuatro años de agitación política e inestabilidad entre bandos que se enfrentaron.

El primer gobierno del general Díaz de 1876 a 1880 se dedicó a la tarea más compleja de ese momento: apaciguar al país y derrotar a todos los rebeldes juarista y lerdistas que se sublevaron, finalmente en 1880 se llevan a cabo elecciones que gana el general Manuel González que era el hombre de confianza del general Díaz y que co-gobernó con él en este periodo iniciando la década de 1880 se comienza la construcción de la enorme red ferroviaria que será quizá la mayor y más ambiciosa obra emprendida por el porfiriato conectando prácticamente la totalidad del país y acelerando con ello el progreso y la seguridad en el transporte que tanto necesitaba México. El gobierno de Manuel González sin embargo estuvo marcado por señalamientos de malos manejos y corrupción así que el general Díaz trato de guardar la mayor distancia posible pero asegurándose de que lo que él había iniciado no se detuviera, así se crea el banco de México y después comenzaron a llegar capitales extranjeros para abrir nuevos bancos asociándose con capital nacional, eso era signo de la confianza que ya despertaba México bajo la conducción del general Díaz, la llegada de los bancos detonó la apertura y crecimiento de diversas fábricas por todo el país, lo cual generó muchas fuentes de empleo cada vez más calificado.

También llegó el progreso al campo y a la minería la cual había quedado casi abandonada a lo largo de todo ese siglo, ya que los principales industriales mineros eran españoles que habían huido del país desde el inicio de la independencia y ahora 70 años, después veían las condiciones de regresar, por primera vez en ese siglo no se hablaba en México de guerras y revoluciones sino de inversiones y negocios juntos.

Durante el gobierno del general González, se le dio una concesión para construir el ferrocarril de México a Morelos, a un yerno de Juárez, curiosamente fue la única obra ferroviaria que fue un desastre de corrupción y mal hecha, igual que la línea dorada de la capital del país 139 años después llevada a cabo por los herederos ideológicos de Juárez en la capital.

El segundo periodo de Díaz comenzó en 1884 y se prolongó hasta 1911 que renunció como ya sabemos pero en la década de 1884 a 1894 el crecimiento y pacificación del país se consolidó 

A finales del siglo 19 y principios del 20 como fruto de una política que deseaba implantar la paz a toda costa, era un hecho la paz material y la máxima seguridad para la vida y las propiedades en términos generales en todo el país, como no lo había sido en ninguna otra época.

Teniendo por lema el de poca política y mucha administración el general Díaz impuso una tendencia hacia la prosperidad económica alcanzada entre los años de 1896 y 1907, así los ingresos habidos en el primer periodo en 1877 y 1878 había importado casi 20 millones de pesos en tanto que para 1909 1910 los ingresos llegaron a ser de 106 millones de pesos.

Las importaciones que en 1884 habían sido de casi 24 millones de pesos ascendieron en 1909 y 1910 a casi 195 millones de pesos, las exportaciones que fueron de 46.5 millones de pesos en 1884 alcanzaron en la última época porfirista la cifra de 260 millones de pesos.

Según los datos de don Enrique Creel, un doble agente norteamericano que tanto servía al régimen de Porfirio Díaz como a la embajada norteamericana y al departamento de estado por ocupar una posición de privilegio por ser un empresario próspero, afirmaba que en 1877 los ferrocarriles en México, tenían un total de 578 kilómetros, mientras que en 1910 la red ferroviaria era de 24,559 km, es decir en el periodo de gobierno de Porfirio Díaz se construyeron 24,000 kilómetros de vías férreas.

La acelerada y amplia construcción de la infraestructura ferrocarrilera ayudó a muchas regiones del país y permitió un vigoroso impulso a la economía nacional. La producción minera de metales preciosos fue de 26 millones de pesos en 1876 y de 160 millones en 1909, el uso de la maquinaria explica en buena parte este aumento, así como la aplicación de los métodos de electrólisis y cianuración. Respecto a la industria, cabe decir que estaba en condiciones mínimas en 1877 pero para 1901 presentaba un total de más de 100 fábricas de hilados y tejidos de cierta consideración con un total de 51,000 obreros, las principales fábricas textiles estaban establecidas en la ruta de México a Veracruz, no puede ignorarse tampoco que Monterrey con la administración del general Bernardo Reyes, dio los pasos más firmes a favor de la industrialización de tipo más mexicano con la Fundidora, las fábricas de cerveza y vidrios, etcétera, asimismo la industria Tabacalera y no menos la del papel.

Particular importancia tuvo en la economía la vida bancaria, pues sí en 1877 era mínimo número de instituciones de crédito, en 1910 había 32 bancos federales con un capital pagado de más de 172 millones de pesos y reservas de más de 61 millones de pesos.

Crédito lo tenía México en todo el mundo. Su Hacienda Pública dirigida por el ministro Don José Yves Limantour había vuelto no sólo al equilibrio sino al superávit, desde el año fiscal de 1893 1894 dejó de haber déficit iniciándose en 1895 la bonanza, de suerte que las reservas del Tesoro Federal en 1910 alcanzaron la cifra de 65 millones de pesos. Algunos economistas criticaron a Limantour por mantener dicha reservas, alegando que constituían un capital sustraído a la circulación económica, aunque lo cierto es que con base en ellas se realizaron obras públicas de gran importancia y la construcción de buena cantidad de edificios oficiales de la capital como el Correo y la anterior Secretaría de Comunicaciones, etc. también se aplicó Limantour a suprimir los gastos excesivos al rescate de las Casas de Moneda; a la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso, a la regularización de los impuestos, a la moralización en el manejo de fondos supresión de alcabalas.

Se emprendió también la organización de la Ciudad de México. Se realizaron obras para el desagüe del Valle de México y se establecieron las primeras líneas telefónicas en 1882.

Las telegráficas iniciadas en 1851 por el español Don Juan de la Granja, de México a Nopalucan, alcanzaban en 1877 una extensión de 7,116 kilómetros y en 1909 la red telegráfica tenía una extensión de 3.220,000 kilómetros

Se estima que para 1910 el valor de la producción de cereales era de 138 millones de pesos de los cuales tocaban al maíz 50 millones.

A su llegada al poder, el general Díaz encontró que en la Ciudad de México, solo había 11 escuelas primarias sostenidas por el gobierno y se daba subsidio a 26 organizadas por la Compañía Lancasteriana y por la Sociedad de Beneficencia y a 116 existentes en las municipalidades foráneas dependientes de los respectivos ayuntamientos.

No se sostenían por el Gobierno Federal escuelas directamente en los Estados porque la ley no lo permitía y porque tampoco había recursos.

En los estados los gobiernos locales eran los responsables de la instrucción, la situación educativa era tan deprimente en manos de las autoridades civiles, pues como mencionaba antes la Iglesia fue relevada de esta encomiendo que nadie podía cubrir y que había llevado eficientemente durante más de trescientos años

En el inmenso territorio de la Baja California el Gobierno Federal sostenía sólo cinco escuelas, tampoco existían escuelas rurales, pero gradualmente fue operándose un cambio, y para el año fiscal de 1894 a 1895, el total de las escuelas existentes en el Distrito Federal era de 351 con un escritorio escolar de 58,000 alumnos.

En 1910 con motivo del Congreso Nacional de Educación Primaria de septiembre de este año, se demostró que la Federación sostenía en la capital 442 escuelas primarias que, con las 235 de la iniciativa particular, daban un total de 677 centros primarios capitalinos con una inscripción de 112,000 de alumnos. Y en lo que toca a la República en general había 13,247 escuelas primarias para una población escolar de más de 937,000 niños.

En una palabra, en sus 30 años de existencia y contra lo que sea sostenido una propaganda torcida, el porfirismo aumentó notablemente el número de las escuelas primarias habidas a su llegada, las dotó mejor, e impulsó la creación de instituciones educativas para formar maestros, así como escuelas de artes y oficios, Jardines de niños, etc.

A su ministro de educación don Justo Sierra historiador y literato, se debió en 1910 la inauguración de la Universidad Nacional de México, dependiente del gobierno, orientada sin embargo en su instrucción hacia el pensamiento positivista entonces dominante.

De todos estos logros y avances notables y documentados, es de lo que reniega y se llama opositor Andrés Manuel López Obrador, quien será el próximo presidente de México, así lo ha dejado de manifiesto en libros, discursos y mítines en los que no se cansa de repetir que él es heredero de Benito Juárez y de su legado, así como un férreo opositor a Porfirio Díaz.

Así que una vez que hemos hecho este largo recorrido por lo que fue el liberalismo masónico en el México del siglo XIX, y lo contrastamos con lo que representó Porfirio Díaz, que sacó a México de la terrible situación en la que los masones liberales lo habían hundido desde que se hicieron con el poder en 1824 a 1876, es decir medio siglo, nos queda claro que el panorama para la tercera década del siglo XXI para México, es bastante desalentadora y nos tocará enfrentar los mismos azotes que han significado siempre implementar las políticas fracasadas y traidoras del pensamiento masónico liberal del siglo XIX, que el trasnochado de López Obrador reencarna en pleno siglo XXI, y las consecuencias no podrán ser otras que las mismas que padecimos en el siglo XIX: la quiebra económica del país, la guerra civil y finalmente la intervención extranjera y la pérdida de la soberanía y quizá del territorio, eso representa el proyecto de des-nación de López Obrador.

 

 

 

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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