Total coincidencia entre la doctrina de Francisco con el relativismo filósofico anticristiano del holandés Baruch Spinoza, ideólogo de la Nueva Era

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Para nadie es desconocido que Jorge Mario Bergoglio es un relativista puro filosóficamente hablando y que tiene grandes coincidencias de pensamiento con la corriente filosófica anticristiana de la Nueva Era.

Pero esta idea no es original de Francisco sino repite en gran medida el pensamiento de un filósofo holandés del siglo XVII llamado Baruch Spinoza.

Baruch Spinoza nació en Ámsterdam, Holanda, en 1632, procedente de una familia de judíos sefardíes emigrantes de la península Ibérica, que huía de la persecución en Portugal. Se dice que su familia procedía de España, de donde habría huido en el siglo XV a Portugal; sin muchas pruebas, hay quien sostiene que era originaria de Espinosa de los Monteros (Burgos), lo que explicaría su apellido “Espinosa”.

Fue educado en la comunidad judía de la ciudad holandesa en una época de considerable influencia del calvinismo. En su juventud leyó a algunos de los escolásticos españoles y las obras de la filosofía judía medieval. Pero en su formación entran también la lectura de Descartes y de Hobbes, cuya influencia se percibe respectivamente en lo que serían su ontología, su teoría del conocimiento y su teoría política. También se relacionó con algunos representantes de las heterodoxias judías españolas. Debido a esto último, en 1656, Spinoza fue expulsado de la comunidad judía ortodoxa y desterrado de la ciudad.

Se tiene noticia de una Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga, escrita en español ese mismo año, que se ha perdido.

Fue iniciado en la cábala por Menaseh ben Israel.

A pesar de haber recibido una educación ligada a la ortodoxia judía, por ejemplo, con la asistencia a las lecciones de Saúl Levi Morteira, el joven Spinoza mostró una actitud bastante crítica frente a estas enseñanzas y amplió sus estudios por su cuenta en matemáticas y filosofía cartesiana, dirigido por Franciscus van den Enden. Leyó también a Thomas Hobbes, Lucrecio y Giordano Bruno; estas lecturas lo fueron alejando de la ortodoxia judaica.

A esto se le pueden sumar las influencias del grupo de los cristianos liberales protestantes holandeses, así como de heterodoxias judías hispano-portuguesas, estas últimas encarnadas principalmente en las figuras de Juan de Prado y Uriel da Costa.

Después de la expulsión de la sinagoga Spinoza vivió primero en las afueras de Ámsterdam. Allí, para ganarse la vida, trabajó en el pulido de lentes para observaciones astronómicas y entró en relación con cristianos liberales también considerados heterodoxos. Para ellos o por la solicitud de estos librepensadores cristianos, entre los que tuvo varios discípulos, escribió Spinoza, hacia 1660, su primera obra conocida: un Tratado corto sobre Dios, el hombre y la salvación de su alma.

Este Tratado corto avanzaba, aunque con una forma distinta (en parte dialogada algunos de los cuales reproduciremos al final de este artículo), algunas de las ideas centrales de lo que sería su Ética.

Al año siguiente, en 1661, Spinoza escribió otro tratado sobre la Reforma del entendimiento, que también dejó inacabado. En Reforma del entendimiento expone Spinoza su teoría del conocimiento y aborda la cuestión del método y sus reglas con una orientación deductivista y especulativa parecida a la de Descartes. Pero se ha dicho con razón que, a diferencia de Descartes, Spinoza era un moralista y estaba más interesado en las cuestiones de la moral o ético-políticas que en las cuestiones de la física y de las ciencias particulares a ésta conectadas en la época (fisiología, anatomía, etc.).

Muerto su padre, en 1654, Spinoza no tenía ya que mantener oculto su descreimiento por respeto a la figura paterna. El 27 de julio de 1656 fue expulsado de la comunidad.

Tras la expulsión acentuó su trato con las sectas cristianas de los menonitas y colegiantes, de carácter cristiano bastante liberal y tolerante.

En 1660 se trasladó a Rijnsburg, pueblo cercano a Leyden, donde redactó su exposición de la filosofía cartesiana, Principia philosophiae cartesianae y los Cognitametaphysica las dos únicas obras publicadas con su nombre en vida.

Sostuvo una abundante correspondencia con intelectuales de toda Europa. También empezó a trabajar en su Tractatus de intellectus emendatione y en la más famosa de sus obras, la Ethica, terminada en 1665.

En 1663 se trasladó a Voorburg, cerca de La Haya, donde frecuentó los círculos liberales y trabó una gran amistad con el físico Huygens y con el por entonces jefe de gobierno (raadspensionaris) Jan de Witt, quien protegió la publicación anónima de su Tractatus theologico-politicus en 1670, obra que causó un gran revuelo por su crítica racionalista de la religión.

Por estas fechas leyó el Evangelio, y le causó una gran impresión considerándolo superior al judaísmo. “Una sabiduría más que humana ha asumido nuestra naturaleza en la persona de Cristo y Cristo ha sido el camino de la salvación” (Cf. Tractatus tehologico-politicus , c I De Prophetia) Aunque tampoco fue muy exacto su conocimiento del cristianismo.

La muerte de su protector De Witt, y las protestas por su Tractatus lo convencieron de no volver a publicar nuevas obras, sino tras su muerte; las obras circularían, sin embargo, entre sus admiradores, cada vez más numerosos.

De 1670 hasta su muerte vivió en La Haya. En 1673 J.L. Fabritius, un profesor de Teología, le ofreció una cátedra de Filosofía en su universidad, la de Heidelberg, pero Spinoza no la aceptó, pues aunque se le garantizaba “libertad de filosofar”  se le exigía “no perturbar la religión públicamente establecida”. Un año antes de su muerte fue visitado por Leibniz, pero éste negó luego tal encuentro. Minado por la tuberculosis, murió el 21 de febrero de 1677 cuando contaba 44 años.

De hecho la Reforma del entendimiento arranca con una consideración sobre la necesidad de una vida nueva, en la que Spinoza, después de denunciar la búsqueda de riquezas, honores y placeres como fines en sí, defiende que si éstos son buscados sólo como medios y no rebasan cierta medida, riquezas, honores y placeres contribuyen a alcanzar el fin que uno se propone, a saber: el bien y la verdad acordes con esta “vida nueva”.

Reforma del entendimiento significa para Spinoza “curarlo” y “purificarlo” para la búsqueda de la perfección humana. Todas las ciencias particulares (desde la filosofía moral a la medicina, y desde la mecánica a ciencia de la educación) deben estar, pues, orientadas a la consecución de este único fin. De modo que de los placeres de la vida, sólo hay que tomar lo justo para conservar la salud; y en la búsqueda del dinero o de cualquier bien material, limitarse a lo estrictamente necesario para la conservación de la vida y la salud y para adaptarnos a los usos de la ciudad en todo aquello que no se oponga a nuestro fin.

Esta idea que pareciera muy cercana al principio evangélico de la renuncia al bien material, es en realidad el fundamente filosófico que refleja, por un lado, el calvinismo del cual Spinoza se había nutrido intelectualmente, el cual afirma que la abundancia material es reflejo de la bendición de Dios y por otra parte y en contraste el vivir con lo estrictamente necesario para conservar la salud es el principio comunista de la explotación completa garantizando al trabajador solo que pueda seguir produciendo y haciéndole renunciar a cualquier aspiración a una mejora material.

Aunque los Principios y los Pensamientos son formalmente una exposición, more geométrico, de las ideas principales de la metafísica y de la teoría del conocimiento de Descartes, en estas obras Spinoza aborda ya algunas debilidades de la filosofía cartesiana y adelanta su propio punto de vista al respecto. No lo hace de una forma declaradamente crítica sino al hilo de la exposición y discusión filosófica de objeciones que se le habían hecho a Descartes. La más importante de estas objeciones se refiere al carácter circular de la argumentación de Descartes sobre la certeza fundada en la existencia de Dios. Spinoza sugiere en Los principios que no tenemos necesidad de buscar una garantía externa (transcendente) de la verdad de nuestros pensamientos, de manera que el fundamento de la ciencia no es la existencia de un Dios distinto de mí sino la presencia en mí de una idea del ser absoluto que yo no tendría si no fuera en cierto modo este mismo ser.

Esto es la base filosófica de Francisco y de la religión pagana del siglo XXI, la Nueva Era, que nos ofrece un dios personal que habita en uno y que no tiene existencia fuera de uno, con lo cual efectivamente se acaba la trascendencia de un Dios creador omnipotente, que está en todas partes, sino que cada persona tiene una porción de dios y ese dios se completa en sus creaturas pero no fuera de ellas.

Spinoza modifica la teoría cartesiana, para hacerla inatacable a las objeciones, pero al mismo tiempo está fundando así la teoría de la inmanencia.

Por entonces, y desde 1661, Spinoza tenía ya in mente la idea de exponer su doctrina sobre Dios según el método geométrico, que sería la primera parte de su Ética.

También tuvo una intensa actividad política en defensa de la república y se puso a escribir el Tratado teológico-político, cuya redacción simultaneó con la Ética. Esta obra, en la que Spinoza expuso lo esencial de su pensamiento ontológico, gnoseológico, antropológico y moral estaba ya muy avanzada hacia 1665-1666, pero el filósofo iba a seguir retocándola durante años y no se publicaría hasta 1677, poco después de su muerte.

En cambio, el Tratado teológico-político se publicó en 1670. Parece probado que Spinoza retrasó la conclusión de la Ética y luego su publicación debido a los ataques de que fue víctima cuando apareció el Tratado teológico-político, a partir del cual el spinozismo empezó a ser (y no sólo en los País Bajos) sinónimo de “materialismo ateo”. Lo cual se puede derivar también del pensamiento y enseñanza de Francisco que cada vez habla menos de Dios y de la vida eterna y se ha centrado en la justicia social y material del hombre en su mejora de las condiciones materiales pero no así en sus condiciones espirituales, que serán eternas, a diferencias de las materiales que son temporales.

El Tratado teológico-político fue la obra más importante de Spinoza que éste pudo publicar en vida. Pero apareció de forma anónima y con nombre de editor falso. Está considerada como una defensa de la libertad de pensamiento y de la tolerancia y algunos intérpretes la consideran también una apología de la democracia. En su trasfondo se ha querido ver la influencia de Maquiavelo y de Hobbes. Y comparándola con las palabras que en diversas ocasiones ha dicho Francisco se encuentra un paralelismo y similitud no casual, sino que es reflejo del pensamiento de Spinoza que, como judío y luego vuelto al protestantismo sin duda resulta absolutamente confiable para Francisco.

Spinoza también tuvo filósofos que le discutieron sus argumentos, como fue el caso de Leibniz. Y por el contrario Einstein, asumió su concepto de Dios, con una frase que cita la misma Wikipedia: «Creo en el Dios de Spinoza, que es idéntico al orden matemático del Universo».

Para Spinoza no hay bondad ni maldad, no hay ética, no hay moral. Todo es buenismo. Y esto es el principio del relativismo del cual Francisco se ha hecho eco, así como la perversa ideología anticristiana de la Nueva Era, de la cual Francisco al parecer se ha hecho propagador.

En su Ética, Spinoza afirma la idea del conatus. La fuerza, empeño y Fe de lo que existe en seguir existiendo. Éste es un desarrollo de la idea de los cabalistas sobre los pasos de la Creación. Y en la explicación de la filosofía de Spinoza relativo a este asunto encontramos un reflejo del principio demoniaco de rebelión contra Dios como lo explica el rabino Rav Laitman:

1° – La luz del Creador, forma una vasija, que recibe esa luz, la contiene y queda llena;

2° – en esa plenitud, la vasija creada, criatura, quiere ser como el Creador y en vez de conservar la luz, la rechaza intentando otorgarla como hace el Creador; porque tiene envidia de Él;

Aquí encontramos el principio de la rebelión de Luzbel

3° – la vasija se vacía porque no es el Creador e intenta corregir su error aceptando en parte la luz y rechazando otra parte y queda parcialmente vacía; es una primera corrección;

4° – en una nueva corrección, la vasija acepta toda la luz creadora del Creador para otorgarle a Él la satisfacción, la donación y el gozo de su aceptación y gozo. Alcanza la felicidad de la entrega al Creador en honor del Creador.

En el Tratado teológico-político Spinoza critica a la teología cuando ésta trata de extender su poder fuera del ámbito que le es propio; se permite una lectura histórico-crítica de la Biblia para desde ahí elaborar una nueva teoría de lo político. Exactamente como lo hacen los protestantes y como lo ha venido haciendo reiteradamente Francisco dando interpretaciones libres y disparatadas además de heréticas a pasajes de la Biblia,

Spinoza propone que la Biblia es parte de la Naturaleza y los hechos que narra desde la caída de Adán también, de manera que lo que hay que hacer es una lectura racional de la misma, en la que se prescinde de lo sobrenatural. Es decir quitar a la palabra de Dios, la parte divina y dejar las palabras pero eliminar a quien las dijo, como si no existiera y como si esto pudiera ser, aunque contraste con el sentido común. Y esto mismo ha venido haciendo Francisco en su doctrina al lanzar frases, dichos “conceptos” pero sin remitirse al origen, es decir, a quien las dijo y con esto se desacraliza lo divino y se banaliza lo trascendental.

A partir de ahí, se puede fundar una separación clara entre el ámbito de la Fe (que es el dominio de la teología) y el de la razón política, que será propio de la filosofía política. A la separación de teología y política en términos racionalistas corresponde también la separación entre piedad (correlato de la Fe) y verdad (correlato de la razón). En la doctrina de la Iglesia no hay tal separación, sino que la verdad va unida a la Fe y esta se sustenta en la segunda.

La adhesión a lo que dice la Biblia es asunto de la Fe en la revelación y esto aporta indudablemente enseñanzas como el amor al prójimo y el amor a Dios.

Al negar la transcendencia y el carácter personal de Dios, la revelación tiene en Spinoza un papel fundamental. Pues sólo queda la palabra sin el interlocutor. Pero la extensión de lo que se sabe a partir de ahí al ámbito de la política conduce a la intolerancia de los teólogos y al dogmatismo: lo que fue saber se convierte en mero poder con las iglesias institucionalizadas (católica, judía y protestante).

Spinoza mantiene que las iglesias deben renunciar a su pretensión de ejercer autoridad fuera de su dominio y someterse al poder civil, que es el único soberano.

Esto es el principio del estado laico que permite tolera cualquier credo religioso siempre y cuando se someta a su autoridad civil y política lo cual significa que pierde su carácter trascendental y queda limitada a la esfera humana, que es precisamente la idea de Bergoglio respecto a la religión, que puede limitarse al ámbito humano, con lo cual se diluye su verdadera esencia que es espiritual. En ese caso la autoridad teológica se hace complementaria de la autoridad política y el Estado que es fuente de toda ley y de todo derecho, se hace realmente “soberano” según Spinoza.

Sin embargo sabemos que el estado no es garantía de justicia ya que ésta sólo viene de Dios y es la materialización de su voluntad y del orden perfecto con que dotó a su creación, por lo tanto, que el estado establezca las leyes y el derecho en base a sus conveniencias sin tomar en cuenta a Dios, es la primera violación al derecho natural y falta a la justicia, que tendrá como consecuencia un estado que se impone a base de la ley y el derecho para evitar someterse a la justicia, y las leyes que de Dios emanen y no reflejarán la justicia divina que es inmutable sino el voluble criterio humano del momento.

Espinoza sostiene que para mantener el Estado y para que los individuos obedezcan sus leyes, es necesario que éste conceda a los individuos total libertad de pensamiento y expresión. Suprimiendo todas las demás, ya que así la libertad de pensar y escribir se vuelven inofensivas, ya que no se pueden llevar realmente a la práctica. Pues esta es la única forma en que el cuerpo político que los individuos se han dado a sí mismos, a través de un pacto o tratado para salir del estado primitivo, puede perdurar.

Para su seguridad, y preservación del estado los individuos han renunciado al derecho de actuar, legislar, ejercer la violencia, etc., pero no al derecho de pensar. Si el estado suprime toda libertad entonces la obediencia de los individuos pierde su justificación y esto provocará una reacción violenta que destruirá al propio Estado. En esas condiciones, por tanto, el régimen abole las libertades, se convierte en dictadura, pero se presenta como garante de los derechos suprimidos y se muestra como si fuera democracia, en la que el individuo dispone de libertad de pensamiento pero sin poderlo traducir en actos.

Las tres cosas juntas, o sea, la lectura racional de la Biblia a través de un análisis histórico-critico (que mina el poder de los teólogos que son los exegetas y los encargados de dar la correcta interpretación de la biblia en coincidencia con la tradición y el magisterio) da como consecuencia la protestización de quien se sale del magisterio, además la afirmación de la libertad de pensamiento (fuera del ámbito de las iglesias institucionalizadas y como garantía frente a la tiranía estatal) y la defensa de la democracia (en la situación histórica de Europa, en 1670) motivaron gran escándalo, por ser abiertamente heréticas y anticristianas, lo cual obligó a Spinoza a aumentar las cautelas en lo que hace a la difusión de la Ética.

De todas formas, al dar la primacía a la libertad de pensar Spinoza argumenta, que cualquier gobierno de régimen colectivo es aceptable si respeta la libertad de pensamiento y se mantiene en los límites de la razón. Y a este principio se ha plegado el mismo Francisco en sus relaciones diplomáticas, departiendo con toda clase de regímenes, aunque se opongan como política oficial al Cristianismo, como es el caso de algunos gobiernos de la izquierda latinoamericana y otros países de Europa, que abiertamente trabajan por descristianizar al viejo Continente y abren las puertas a la inmigración musulmana y Francisco los alienta y da su respaldo en aras a esta tolerancia spinoziana.

En el Tratado político Spinoza aborda un tema clásico. Dice nada más empezar el libro que se propone demostrar “de qué modo hay que construir una monarquía y una aristocracia para que no degeneren en tiranía y para que la paz y la libertad de los súbditos permanezcan intactas”. Y confiesa a continuación, después de criticar a filósofos y políticos y de subrayar que no hay asunto en el que la teoría discrepe tanto de la práctica, que “no pretende descubrir nada nuevo o inédito”. De hecho el Tratado político se puede leer ahora como una continuación de la Ética, no publicada todavía pero a cuyas conclusiones (y a las del Tratado teológico-político) hace Spinoza numerosas referencias.

Por otra parte, sus primeros capítulos traen a la memoria afirmaciones de Maquiavelo y de Hobbes, en particular sobre:

1) la dificultad de vivir lo político según la disciplina exclusiva de la razón;

2) la ilusión que supone tratar de fundar la seguridad del Estado en la buena fe;

3) la distinción entre virtudes privadas (fortaleza de ánimo) y virtudes públicas (la principal de las cuales es la seguridad del estado);

4) la importancia del pacto o contrato, en connivencia con la razón, para que pueda hablarse propiamente de esfera política o de res publica.

En la parte dedicada a la monarquía Spinoza critica abiertamente la monarquía absoluta como lo era en ese momento el mismo papado con lo que abona a minar la autoridad de la cabeza de la iglesia como institución y en ese contexto alaba de forma explícita a Maquiavelo, del que dice que fue “agudísimo”, “sagaz” y “gran amante de la libertad”.

Interpreta la obra de Maquiavelo (contra otras opiniones muy extendidas en la época) en el sentido de que “ha querido demostrar que un pueblo libre sabe guardarse de confiar su salvación a un solo hombre”.

En el capítulo VI establece inequívocamente la separación entre Iglesia y Estado: “En lo que a la religión atañe, ninguna iglesia, en ningún caso, se construirá a expensas de las ciudades y no se promulgará ley alguna respecto de una creencia religiosa, a menos que ésta sea sediciosa y mine los fundamentos del Estado. Los fieles autorizados a practicar públicamente su culto edificarán, si quieren, iglesias a sus expensas”.

Luego, en el capítulo VII, reflexiona sobre en qué puede consistir una legalidad tan firme que ni siquiera el rey pueda abolirla; y establece un primer principio: “que toda ley sea voluntad explícita del rey, pero no que toda voluntad el rey sea ley”.

A la voluntad del rey opone Spinoza la voluntad de la multitud y mantiene que ésta, la multitud, no transfiere su derecho a una minoría o a un solo hombre. Y, desde luego, no transfiere libremente al rey más que aquel poder del que no se siente absolutamente dueña. No es el caso, por ejemplo del suelo y todo cuanto se vincula a él, que, según Spinoza, pertenece al conjunto de los ciudadanos.

También analizo una cuestión muy de la época: si las mujeres están bajo el poder de sus maridos por naturaleza o por convención, pues si lo estuvieran por convención entonces no habría razón para excluirlas del derecho a voto y del gobierno democrático. Mantiene Spinoza, aludiendo paradójicamente a la experiencia en este caso, que la condición de las mujeres procede de su debilidad natural, que son, naturalmente, inferiores y que, por tanto, no gozan de un derecho igual al de los hombres.

Quizá en esto también haya ejercido influencia el pensamiento de Espinoza sobre Bergoglio, ya que al ser este último proclive a favorecer las relaciones homosexuales, transgéneros y en general contrarias a la naturaleza, está admitiendo que las condiciones naturales del ser humano hombre o mujer son inferiores a las aberrantes y antinaturales, ya que de otra forma no habría cabida para recibir y departir con parejas de transgeneros y besarles los pies como lo hizo con un hombre convertido en transgenero el Jueves Santo de 2015.

La Ética de Spinoza está dividida en cinco libros: I] De Dios; II] De la naturaleza y origen del alma; III] Del origen y naturaleza de los afectos; IV] De la servidumbre humana o de la fuerza de los afectos; y V] De poder del entendimiento o de la libertad humana.

Esa estructura y los rótulos de sus varios libros pueden desconcertar al lector actual, que acostumbra a entender por ética la reflexión filosófica sobre hábitos o costumbres morales y no ve ahí ni siquiera mencionada la palabra moral. Los rótulos de los cinco libros aluden, en efecto, a cuestiones habitualmente abordadas en tratados de teología, metafísica, teoría del conocimiento o gnoseología y antropología filosófica.

El desconcierto aumenta cuando se lee el subtítulo de la obra: More Geometrico Demonstrata; o sea, al percibir que estamos ante una Ética que trata mayormente de Dios, del alma, de los afectos y del entendimiento humano y que, además, aborda tales asuntos con intención demostrativa, a la manera de los geómetras, o sea, mediante definiciones, axiomas y proposiciones demostrativas que traen a la memoria la geometría de Euclides.

Formalmente la Ética de Spinoza enlaza con el modelo cartesiano pero acentúa su forma de argumentar. Que Spinoza era consciente del desconcierto que esto podía producir en sus lectores, lo prueban las palabras con que introduce el libro III, dedicado al origen y naturaleza de los efectos:

Parecerá ciertamente sorprendente que me proponga tratar de los vicios de los hombres y de sus enfermedades a la manera de los geómetras y que quiera demostrar por medio de un razonamiento riguroso lo que no cesan de proclamar contrario a la razón, vano, absurdo y digno de horror.Pero he aquí la razón en que me fundo: nada sucede en la Naturaleza que pueda atribuirse a un vicio existente en ella. La Naturaleza es siempre la misma… Por consiguiente, los afectos llamados odio, cólera, envidia, etc., considerados en sí mismos, se siguen de la misma necesidad y de la misma virtud de la Naturaleza como las demás cosas singulares… Por eso consideraré las acciones y deseos humanos como si se tratase de líneas, superficies y cuerpos sólidos.”

Aquí se ve claramente la influencia de Spinoza en el actuar de Francisco ya que él también remite a la naturaleza el ámbito del comportamiento humano y lo dejó de manifiesto en su encíclica Laudato si en la cual equipara a la naturaleza o a la madre tierra o Gaia, con un ser superior y el hombre se debe a ella como si de ella hubiera obtenido el ser, lo cual se convierte en el mismo fundamento ideológico de la filosofía de la Nueva Era que ha basado sus tesis relativistas y descristianizadoras para levantar una nueva religión natural que se circunscriba a la naturaleza, a la cual se ha sumado Francisco con dicha encíclica al hacer suyas las mentiras del ecologismo, que culpa al ser humano por el cambio climático, como si el ser humano tuviera el poder de influir de semejante manera en el clima del plantea que está regido por fuerzas naturales infinitamente más poderosas como los campos gravitacionales, la energía solar y las demás fuentes energéticas que intercambian fuerzas en el sistema solar y en la galaxia, ante lo cual el ser humano es un grano de arena en la playa.

El pensamiento de Spinoza se separa del de Descartes en varios puntos importantes. El Dios de Spinoza no es el creador transcendente, sino la naturaleza misma. De ahí la fórmula: dios sive natura. Dios y Naturaleza son la misma sustancia, la cual puede ser aprendida por la inteligencia humana bajo dos modos o aspectos. Esta idea rompe, además, con las representaciones habituales de la divinidad de carácter antropomórfico, o sea, basadas en la atribución a la divinidad de rasgos que en principio son propios del ser humano. Dios no es la providencia organizadora, ni el padre amantísimo, ni el monarca severo, ni el juez justiciero, ni siquiera el relojero perfecto.

En esto es en donde mejor se refleja la influencia del pensamiento de Spinoza en Francisco y esto queda de manifiesto en su encíclica verde.

Spinoza presenta estas representaciones como ficciones interesadas de los humanos. Y funda así una ontología, una filosofía del ser, que se suele denominar monista (una única sustancia con dos modos o aspectos esenciales), naturalista (por la reducción de Dios a la naturaleza) e inmanentista (porque no recurre a un ser transcendente para entender, explicar o comprender la naturaleza). Exactamente este es el pensamiento de Bergoglio que es el mismo de la filosofía de la Nueva Era.

A continuación, y entrando en el ámbito de la teoría del conocer, Spinoza mantiene que “el orden y conexión de las ideas son los mismos que el orden y conexión de las cosas”, proposición en la que funda el principio de una inteligibilidad universal del ser. Pues el alma no es otra sustancia, una sustancia diferente del cuerpo, sino precisamente “la idea del cuerpo”.

Siguiendo la misma lógica deductiva, o sea, analizando las pasiones del hombre more geometrico, Spinoza propone, con su teoría de los afectos, una antropología positiva que será el núcleo central de la ética (parte tercera de la obra). Esta antropología positiva prescinde de consideraciones moralistas o moralizantes sobre las pasiones del ser humano; parte de la consideración de que ante los asuntos humanos no hay que reír ni llorar ni indignarse, sino simplemente comprender o entender.

En esto se basa la falsa misericordia bergogliana que presenta a Dios misericordioso como el todo tolerante y por ende, exige Francisco que todos aceptemos a todos, sean de otra religión o de cualquier tendencia sexual o pensamiento político, asi sea anticristiano como son los judíos a quien él besa las manos.

El deseo de los humanos es para Spinoza conatus, lo que quiere decir: esfuerzo por perseverar en su ser. No es que deseemos una cosa porque ella sea buena, es que la llamamos buena porque la deseamos.

En esto se basa el relativismo de Francisco sobre la ambigüedad de lo bueno y lo malo que según su doctrina, el hombre no es atraído por el bien supremo que es Dios, sino que es Dios el que se siente atraído por el hombre y viene a él envuelto en infinita misericordia que tolera toda clase de pecados y faltas sin exigir un cambio de vida, sino perdonando todo y amando infinitamente aunque el pecador persista en su falta; esa es la visión de Francisco respecto al bien, la cual es absolutamente falsa como lo es la de el mismo Spinoza.

Y regresando a los deseos de Spinoza el afirma que el deseo es potencia del ser humano, potenciación del ser, cuyo desarrollo da alegría. De donde se sigue que obrar bien no es orientarse hacia un cierto ideal (más o menos irrealizable), sino realizarse a uno mismo, mientras que obrar mal tampoco es transgredir mandamientos o normas transcendentes sino perder potencia, convertirse en esclavo. Esto lo ha dicho casi literalmente Francisco en muchas ocasiones, lo cual refleja claramente su pensamiento relativista y anti-cristiano, porque la idea y fundamento cristiano está basado en la verdad única e inmutable que es Cristo.

Siguiendo este razonamiento desviado de Spinoza, para él, el deseo o potencia conduce a la sabiduría, que Spinoza identifica con la beatitud; lo segundo conduce a la servidumbre. La libertad del hombre no es libre albedrío, a la manera de Descartes, pues eso sería establecer una excepción a la ley universal de la necesidad que reina en la naturaleza; libertad para Spinoza es conciencia de la necesidad. Y esto porque libertad y necesidad no se oponen, sino que lo que se opone es libertad y coacción.

Beatitud equivale en Spinoza a “amor intelectual de Dios”, pero aclara que la beatitud no se tiene que entender como premio a la virtud, como premio por haber reducido o reprimido los apetitos sensuales, o llevar las virtudes a vivirse en grado heroico como lo enseña la Iglesia, sino que la beatitud es la virtud misma, que hace posible la reducción de los apetitos, y proporciona el contento o alegría interior.

La beatitud queda así vinculada al entendimiento, a la consciencia, a la razón, y no a la fe o a la esfera espiritual con lo que se convierte en materialismo y humanismo. Es una flor rara, obviamente, cosa que no debe extrañar, porque, como concluye Spinoza en la Ética, “todo lo que es hermoso es tan difícil como raro”. Aunque la obra de la creación y el principio de la creación que abunda en toda la obra divina es hermosa, por lo que no es difícil ni raro sino todo lo contrario, es lo que más abunda y por ello el hombre, al alejarse de este principio de armonía y belleza con el cual está ordenada la creación, altera y llena de fealdad su entorno o su persona como ha mostrado Francisco en su actuar, alejado del orden natural, de la belleza y armonía, alabando lo grotesco y regodeándose en la fealdad.

Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza que ha retomado y reproducido Francisco en su doctrina y con lo cual ha llevado a muchos a la confusión y a un camino falso y contrario al trazado por Cristo.

A continuación algunas citas de Baruch Spinoza que literalmente ha repetido Francisco en donde ha tenido oportunidad:

Dios hubiera dicho: «Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.

Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa!…

Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.

El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijo… ¡No me encontrarás en ningún libro!

Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío… ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de Dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas. Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si ésta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?…

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijo, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?…¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones? No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti». 

Espeluznante ¿no?

Con información de: bibliotecabuey.

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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