Desde hace 5 años la Arquidiócesis de Guadalajara perdió el rumbo alineándose con Bergoglio y sacando del basurero a Ernesto Cardenal

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En la edición 932 del Semanario, el órgano de “formación e información católica” de la arquidiócesis de Guadalajara del 14 de diciembre de 2014 se dedica una página doble entera dedicada a Ernesto Cardenal el sacerdote nicaragüense revolucionario y escritor que formó parte del primer gobierno sandinista en 1979 encabezado por el presidente Daniel Ortega.

Vale la pena hacer un breve recorrido histórico para recordar a quienes lo hayan olvidado -sin duda incluyendo al Pbro. Alberto Ávila Rodríguez, presidente del consejo editorial del Semanario y quien escribió el artículo- quién es Ernesto Cardenal y para quienes nunca hayan oído hablar de él, será muy bueno presentarlo para poder comprender a plenitud el desatino del Semanario al publicar una página entera alabándolo por su trayectoria pastoral, política y poética.

 En enero de 1979 durante su primer viaje apostólico en la ciudad de Puebla, el Papa Juan Pablo II condenó la «Teología de la Liberación», herejía de corte marxista que confunde la liberación política, económica y social, con la salvación en Jesucristo.

 Es importante recordar que la teología de la liberación fue una creación de la KGB soviética como parte de su guerra ideológica lanzada contra las naciones de Hispanoamérica para que aceptaran el comunismo a través de la religión.

 En Marzo de 1983 en la capital de Nicaragua, Managua, Juan Pablo II reprendió públicamente al P. Ernesto Cardenal quien se ha afiliado al gobierno sandinista (feroz régimen socialista). Y durante la celebración de la misa, el Papa resiste impávido los gritos de «las madres de la revolución» y, valientemente, reitera su firme condena a la Iglesia popular y al falso ecumenismo de los cristianos que se comprometen en el proceso revolucionario.

 Lo mismo condenó en octubre de 2014 el Papa Benedicto XVI haciendo una crítica severa a la apertura irrestricta de Francisco en aras de un falso ecumenismo que, como Judas, entrega la doctrina a cambio de la aprobación de los contrarios.

 Este sacerdote que adoptó de forma radical las ideas comunistas, socialistas y leninistas de la teología de la liberación, fue duramente condenado por el Vaticano y por el mismo Papa y de sus actos, Ernesto Cardenal, nunca se retractó y ahora con los nuevos vientos que corren al interior de la Iglesia, que están dando un giro a la brújula de la verdad; la teología de la liberación que durante cincuenta años fue criticada, condenada y combatida dentro de la Iglesia por los sectores doctrinalmente apegados a la verdad, ahora con Francisco sentado en la silla de Pedro está resurgiendo esta tendencia errónea de interpretación de la doctrina de Cristo llamada teología de la liberación.

 Y ese fue una de las batallas más duras que dio el Santo Padre Juan Pablo II y dentro de esta lucha uno de los momentos más difíciles de su pontificado fue la visita apostólica a la Nicaragua Sandinista, en 1983.

 Cuenta George Weigel que la Nicaragua gobernada por el régimen sandinista era, más que ningún otro lugar de América Latina, un laboratorio para las teorías de las diversas teologías de la liberación y la situación de la Iglesia era todavía más conflictiva que en otros países cercanos como El Salvador.

 Había dos sacerdotes con participación activa en el gobierno: Miguel D’Escoto, ministro de Exteriores, y Ernesto Cardenal, ministro de Cultura. Otro sacerdote, Fernando Cardenal, jesuita y hermano del anterior, dirigía el programa sandinista de alfabetización.

 El arzobispo de Managua, Miguel Obando Bravo, hombre robusto de procedencia campesina que inicialmente había prestado apoyo a la revolución contra la dictadura de la familia Somoza, se había convertido en el crítico más conspicuo y eficaz de los sandinistas, después de que los nuevos gobernantes no hicieran honor a sus garantías sobre los derechos civiles y las libertades políticas. Los sandinistas, a su vez, se oponían al arzobispo mediante el fomento activo de la «Iglesia popular».

 El nuncio apostólico en Managua, el arzobispo Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, noble italiano, era uno de los personajes más respetados del servicio diplomático de la Santa Sede.

 El hecho de que fuera destinado a Nicaragua da fe de la gravedad que se atribuía a la situación. Los primeros encuentros de Montezemolo con la jefatura sandinista, que solía llamarle «camarada nuncio», rayaron en lo cómico, pero la comedia tenía su lado feo.

 En cierta ocasión, Daniel Ortega, cabeza del frente sandinista y jefe del gobierno, acudió a la nunciatura al volante de un deportivo rojo, seguido por varios jeeps llenos de tropas sandinistas armadas hasta los dientes. El arzobispo Montezemolo salió al encuentro de la extraña delegación, y dijo al comandante Ortega desde la puerta de entrada que él era bienvenido, pero que los soldados y sus armas debían quedarse fuera: “Esto es una embajada.”

 Era tarea del nuncio negociar la visita de Juan Pablo a Nicaragua, que formaba parte de la peregrinación papal a América Central de marzo de 1983. El arzobispo Obando y los obispos nicaragüenses habían invitado al Papa, porque, como diría más tarde Obando, “estábamos convencidos de que la presencia del Santo Padre redundaría en beneficio de la Iglesia, de nuestro pueblo”.

 Los sandinistas mostraron escaso ánimo de colaboración, como recordaría posteriormente el arzobispo Montezemolo. Su táctica inicial guardaba relación con el arzobispo de Managua. El comandante Ortega dijo a Montezemolo: “No queremos que el Papa sea visto a solas con el arzobispo Obando.” Montezemolo contestó que era imposible: “Es el arzobispo de nuestra capital, y el presidente de la conferencia episcopal.”

 Al final se acordó que el Papa siempre apareciera públicamente en compañía de todos los obispos de Nicaragua, pero la solución creó un nuevo problema: no cabían todos en el papamóvil. El nuncio se puso a buscar un autobús, pero no se encontraba ninguno en toda Nicaragua. Entonces Montezemolo oyó hablar de un candidato político mexicano que había hecho campaña en un autobús con el techo cortado.

 Montezemolo hizo averiguaciones, y el gobierno mexicano lo envió a Managua por vía aérea.

 El siguiente problema tenía que ver con los sacerdotes del gobierno obstinados en hacer oídos sordos a las órdenes de sus superiores religiosos de que abandonaran sus cargos políticos.

En un comunicado a la nunciatura de Managua, Juan Pablo II había indicado la necesidad de evitar que dichos sacerdotes asistieran a los actos de la visita papal. Montezemolo dijo a Daniel Ortega que el Papa quería ver «resuelta» la cuestión de la presencia de sacerdotes en el gobierno. Ortega contestó que “para ellos es una cuestión de conciencia. No es asunto mío”.

 Preguntó a continuación qué ocurriría si los padres D’Escoto y Cardenal estuvieran presentes en la ceremonia de bienvenida del aeropuerto, por poner un ejemplo. El nuncio repuso que era posible que el Papa no los saludase, porque se hallaban en abierta desobediencia. Ortega pareció contrariado, y Montezemolo fue a ver al ministro de Exteriores, Miguel D’Escoto.

 El corpulento sacerdote de Maryknoll se mostró grosero y malhumorado. “Soy el ministro de Exteriores de Nicaragua -dijo-. Tengo que ver al Papa. Tengo que viajar con el Papa.”

 Montezemolo replicó que lo sentía, pero que en sus peregrinaciones el Papa nunca viajaba con figuras de la política. D’Escoto montó en cólera. Saliendo del Ministerio de Exteriores, el principal ayudante de Montezemolo musitó: “Para mañana, o se ha marchado el ministro de Exteriores o se ha marchado el nuncio.”

 A continuación, Montezemolo fue a ver al padre Cardenal. En su primera entrevista, celebrada en 1980, el nuncio había quedado sorprendido por el despacho de Cardenal, una sala cubierta de baldosas dentro de un edificio bastante peculiar, que resultó ser uno de los palacios de la familia Somoza. El padre Cardenal, que a Montezemolo le había parecido un hombre espiritualmente intenso pero «muy abstracto», había explicado sin pestañear: “Ah, sí, era el cuarto de baño de la señora Somoza.”

 Una vez expuesta por Montezemolo la situación en torno a la visita papal, Cardenal contestó: “Pero tengo que estar presente; el régimen y Daniel Ortega quieren que esté.” El nuncio contestó que acababa de hablar con Ortega, y que el comandante le había dicho que no era asunto suyo, sino cuestión de conciencia del propio Cardenal. Éste no dio su brazo a torcer.

 Faltaba, pues, por resolver la cuestión del encuentro de Ernesto Cardenal con el Papa. Ortega se ocupó del irritable D’Escoto, por miedo a un incidente embarazoso delante de la prensa internacional. Días después de su entrevista, llamó al arzobispo Montezemolo y le dijo: “Camarada nuncio, el otro día me olvidé de decirte que cuando esté aquí el Papa tendré que enviar al ministro de Exteriores a la India, a un encuentro internacional muy importante.”

 El arzobispo Montezemolo no fue el único representante del Vaticano que tuvo problemas organizativos en Nicaragua. A finales de 1982 el padre Roberto Tucci SJ, jefe de organización de las peregrinaciones del Papa, estaba tan exasperado por los obstáculos de los sandinistas que aconsejó a Juan Pablo II que amenazara con una anulación de la visita si el régimen no aceptaba una serie de condiciones básicas, entre ellas la libertad de acceso a los lugares que visitara el Papa y el control de la Iglesia sobre la organización de la misa papal en Managua. Juan Pablo II, que estaba decidido a ir a Nicaragua y dar ánimos a la Iglesia del país, a la que consideraba víctima de una persecución, dijo a Ricci que quería seguir adelante con la visita, por difícil que fuera.

 Juan Pablo II llegó a Managua el 14 de marzo de 1983. Cuando el avión aterrizó, todo el gobierno sandinista se había puesto en fila en la pista, esperando el momento de saludar al Papa. El arzobispo Montezemolo subió por la pasarela junto al jefe de protocolo del gobierno, y se encontró en la puerta con el cardenal Casaroli. Éste se llevó al nuncio a un lado y le dijo: “¿Está presente alguno de los sacerdotes del gobierno?” Montezemolo acompañó al secretario de Estado a una de las ventanillas del avión, señaló la hilera de miembros del gobierno y dijo: “Mire, ahí tiene a Ernesto Cardenal, pero D’Escoto no está.” Casaroli contestó: “Hay que decírselo al Papa.»

 Fueron, pues, al compartimiento delantero donde seguía sentado Juan Pablo II y le indicaron al padre Cardenal por la ventanilla. El Papa pidió consejo al nuncio. Montezemolo respondió: “No me corresponde a mi daros instrucciones, Santo Padre, pero si no lo saludáis no se llevarán ninguna sorpresa.” Juan Pablo dijo: “No, quiero saludarlo, pero tengo algo que decirle.”

 Después de los discursos de bienvenida, Daniel Ortega llevó al Papa hacia los miembros del gobierno, con Montezemolo a la izquierda del pontífice. A pocos metros de la fila, Ortega, a quien la situación ponía muy nervioso, comentó a Juan Pablo: “No hace falta que los saludemos, podemos seguir.” El Papa repuso: “No, yo quiero saludarlos.” Ortega lo acompañó. Cuando llegaron delante de Ernesto Cardenal, el ministro de Cultura se quitó su boina y dobló una rodilla.

 Haciendo al sacerdote gestos vigorosos con la mano derecha, Juan Pablo dijo con voz cálida y amistosa: “Regulariza tu posición con la Iglesia. Regulariza tu posición con la Iglesia.” El nuncio, que después contó lo sucedido, no lo recordaba como un reproche, sino como una invitación. La fotografía de este encuentro en el aeropuerto recorrió el mundo entero y, por lo general, fue interpretada como una dura reprimenda del Papa a Cardenal. La censura sandinista hizo que ningún periódico nicaragüense publicara la fotografía hasta dos semanas después de la visita papal.

 Pasado ese intervalo, una publicación preguntó a Cardenal qué le había dicho el Papa. El ministro de Cultura, aludiendo a la escena del Nuevo Testamento en que los licaonios querían ofrecer un sacrificio a Pablo y Silas después de que el primero hubiera curado milagrosamente a un tullido, aseguró al periódico que Juan Pablo había dicho: “No te arrodilles ante mí. Soy un hombre como tú.” [Hechos 14,15] Los testigos de momento conocían la verdad.

 El verdadero enfrentamiento se produjo horas más tarde, durante la Misa papal en Managua.

 El lugar escogido, un parque que acogía concentraciones sandinistas, había sido uno de los puntos controvertidos en las negociaciones anteriores a la visita. Montezemolo había propuesto instalar la plataforma provisional del altar en el extremo opuesto al que ocupaba el escenario permanente que se usaba para las concentraciones sandinistas, y que estaba adornado con enormes pósters de César Augusto Sandino, Marx, Lenin y otros héroes revolucionarios.

 El comandante Ortega había dicho: “No, no puede ser, pero ya lo arreglaremos.” Días después. Montezemolo se fijó en que habían sido retirados los pósters y pensó. “Hombre, esto sí que es cooperar.” Más tarde, descubriría que habían sido descolgados con el objetivo de volver a pintarlos. Cuando se lo comentó al Papa, Juan Pablo contestó: “No se enfade. Cuando esté yo encima con todos los obispos no se fijará nadie en los pósters.” Resultó que el régimen tenía otros planes para manipular el acto, planes muchos más radicales.

  El padre Tucci había llegado a Managua unos días antes que el Papa, junto con Piervincenzo Giudici, ingeniero de Radio Vaticana y experto en sistemas de sonido. Giudici había ido a ver el escenario de la misa papal, y había vuelto escandalizado por la instalación de un segundo sistema de sonido, nuevo, potente y controlado de manera independiente. El arzobispo Montezemolo preguntó al gobierno qué pasaba, y obtuvo una respuesta de puro compromiso: “Es que queremos estar preparados para una emergencia.” Durante las negociaciones anteriores a la visita, Montezemolo había insistido en que se dividiera el parque en secciones y se reservara el sector más próximo al altar a los representantes de asociaciones y movimientos católicos. Estos últimos llegaron al parque a las cuatro de la madrugada, y descubrieron que la parte central de las primeras filas ya estaba ocupada por un nutrido grupo de militantes sandinistas, al igual que casi todo el espacio cercano al altar. La gente para la que se celebraba la Misa quedó acorralada al fondo, y en cuanto alguien intentaba acercarse al altar la policía disparaba tiros al aire.

 Justo al lado del altar había otra plataforma llena de miembros del gobierno y altos cargos del Partido Sandinista. Su comportamiento no fue lo que se dice muy devoto. Durante la Misa, los nueve miembros de la dirección nacional sandinista, incluido Daniel Ortega, levantaron el puño izquierdo y exclamaron «¡Poder popular!». El enfrentamiento adquirió su máximo dramatismo durante el sermón del Papa.

 Los sandinistas habían escondido micrófonos en el sector contiguo a la parte delantera de la plataforma del altar, sector que había sido tomado por sus partidarios. Tanto aquellos micrófonos como los de la plataforma estaban controlados por técnicos sandinistas, gracias al sistema de sonido de emergencia instalado días antes. Al principio de su sermón sobre la unidad de la Iglesia, la voz de Juan Pablo II llegaba hasta los católicos del fondo.

 Más tarde, dijo que sabía que le oían porque vio y oyó sus aplausos. Sin embargo, cuando llegó el momento de explicar la imposibilidad de una «Iglesia popular» impuesta a los pastores legítimos de la Iglesia, la muchedumbre sandinista en pie delante del altar se puso a gritar para ahogar la voz del Papa. Los técnicos del país bajaron el micrófono del Papa y subieron el volumen de los que habían sido colocados entre los agitadores. Al mismo tiempo, las autoridades de la tribuna contigua a la plataforma del altar seguían haciendo de las suyas, hasta que Juan Pablo II no pudo más y exclamó: “¡Silencio!”.

 Al fin quedó restablecido cierto grado de orden, aunque faltaba la puntilla: al término de la Misa, el jefe de protocolo sandinista se dirigió a la mesa de control y exigió que se tocara el himno sandinista para acompañar la retirada del Papa. Juan Pablo II permaneció al frente de la plataforma, cogió por la base su báculo rematado por un crucifijo y lo blandió para saludar a los cientos de miles de católicos nicaragüenses que se habían visto relegados al fondo del recinto.

 Más tarde, los sandinistas dijeron que los esfuerzos de la multitud por ahogar la voz del Papa habían sido una reacción espontánea, pero se trataba de una burda mentira. Políticamente, su intento de profanar la Misa papal fue otro tiro que les salió por la culata. El padre Tucci había convencido al régimen de que se sumara a una conexión televisiva regional, y por ese motivo el desbarajuste de la Misa papal fue retransmitido a toda América Central. Millones de espectadores quedaron escandalizados por la vulgaridad de la mala conducta sandinista.

 Después rompió políticamente con Daniel Ortega al final de su periodo de gobierno en 1987 y a partir de ahí se convirtió en su más acérrimo enemigo político al tiempo que el Daniel Ortega contendía una y otra vez por la presidencia nicaragüense sin éxito hasta el 2006 cuando la obtuvo por segunda vez reeligiéndose en 2011. Durante esta segunda etapa al frente del gobierno nicaragüense, Ortega se ha des radicalizado y ha abandonado muchas de sus posturas ideológicas más extremas haciéndose por ello odioso a los ojos de Cardenal que ha ido profundizando su marxismo y con ello haciendo más hondos sus errores.

 En cambio Ortega ha defendido la vida y ha sido un opositor decidido contra el aborto.

Ernesto Cardenal por su parte declaró en una entrevista que: “Hace tiempo que Dios renunció a ser Dios”. “La Madre Iglesia traicionó el Evangelio”– y desengaño con la desidia y la resignación del mundo ante la injusticia –“¡estamos obligados a mucha más subversión!”–.

 Sería bueno saber si el Semanario hace suyos estos pronunciamientos sobe la Iglesia al presentar a quien los dijo como digno de admiración. Al ser cuestionado sobre qué recomienda como alternativa que sirva para darle esperanza en lo mal que están las cosas para tanta gente, Cardenal ofrece a la par como si fueran compatibles “el Evangelio, (…) y recordar de nuevo lo que anunció el marxismo: una sociedad nueva, justa y sin clases.”

 “La sociedad comunista perfecta… viene a ser lo mismo que el reino de Dios en la tierra. Yo no tengo otra cosa que predicar que el cristianismo y el marxismo, que para mí son la misma cosa. La sociedad comunista perfecta viene a ser el reino de Dios en la tierra.”

 En muchos artículos de este boletín se ha documentado profusamente como la ideología comunista marxista es creación y derivación del sionismo y que los principales ideólogos del comunismo como Marx y Hegel eran judíos así como León Trotsky y los banqueros en Nueva York que financiaron el ascenso del poder de los revolucionarios sanguinarios comunistas cuyo principal objetivo, al igual que la masonería -que es otra creación judía sionista- era la destrucción de la Iglesia y la erradicación en todo el mundo del cristianismo y su doctrina de igualdad, verdad, justicia, amor y servicio.

 Por lo tanto cualquier ideología que intente unir y fundir el comunismo con el cristianismo, como lo propugna la torcida teología de la liberación, en principios y bases son totalmente incompatibles ya que buscan objetivos completamente opuestos. Así que en ello radica la condenación de décadas de la teología de la liberación de la que Ernesto Cardenal es un ejemplo destacado, radical y notable y que el Semanario de la arquidiócesis de Guadalajara, que preside el cardenal José Francisco Robles Ortega, en el artículo escrito por el presidente del consejo editorial del Semanario, exalta sus cualidades y aplaude su trayectoria de distorsión doctrinal cristiana.

 Cuando se le preguntó sobre si el marxismo seguía vigente en 2012 que fue cuando se le realizó la entrevista Cardenal respondió que “Chesterton, escritor, humorista, inglés y católico, dijo que el cristianismo no había fracasado… porque no se había puesto en práctica nunca. Yo digo lo mismo del marxismo, que nunca se puso realmente en práctica.”

Seguramente los más de cien millones de víctimas asesinadas en todo el mundo bajo regímenes comunistas y por oponerse a ellos, no estarían de acuerdo en absoluto con la visión romántica de Ernesto Cardenal.

 Repitiendo la perorata sionista comunista y masónica sobre los peores momentos de la Iglesia pero para sus intereses, Ernesto Cardenal afirmó que “el cristianismo (…) tuvo horribles versiones: las cruzadas, la Inquisición, los Papas del Renacimiento…” y Cardenal además arremetió contra los Papas no sólo de aquellas épocas doradas de la Iglesia sino contra los actuales: “los del renacimiento son igualmente malos (que los actuales). Son malos. Algunos de ellos, no todos.” “Ratzinger ha puesto en práctica las mismas políticas pontificias del otro. Es igual que Wojtyla. O peor.”

 Sería bueno que el semanario aclare si ellos y específicamente su presidente del consejo editorial respalda y está de acuerdo con estas declaraciones del sacerdote rebelde Cardenal a quien en el artículo presentan como: “anciano digno, noble y generoso” sin duda es generoso en herejías.

Y para muestra de su pródiga herética Cardenal afirma que “revolución, Dios y poesía son lo mismo, sí. Revolución es lo mismo que predicaba Jesús. Hoy hay teólogos que dicen que el reino de Dios que él predicaba era una expresión semejante al concepto actual de revolución, es verdad. Una revolución subversiva, que en el caso de Jesús fue lo que le llevó a la muerte. Significaba también un cambio político y social. La juventud de hoy sigue diciendo “otro mundo es posible”, y yo también lo creo, como lo creyó Jesús. Es posible, y necesario. Y, como dice el obispo brasileño Casaldáliga, también otra Iglesia es posible. Hasta hay quien dice que otro Dios es posible.”

  Eso es exactamente lo que busca el sionismo, la masonería y el comunismo: cambiar a Dios para colocar en su lugar al usurpador, al príncipe de las tinieblas, a quien sirven. ¿Qué tendrá que decir de esto el Semanario? Cardenal declaró en la entrevista del 2012 que para él, Dios no es uno, unívoco, cerrado e indiscutible…pueden ser varios. O puede no creerse en ningún Dios. Los ateos dicen lo mismo que decían los cristianos primitivos, que también fueron ateos.

 Pero la joya de la corona de las aberraciones a las que llega Cardenal está en la explicación del mal que inunda al mundo ya que para él todo es: “¡Porque hace tiempo que Dios renunció a ser Dios! Se apartó y nos dejó para que hiciéramos el cambio solos. Nos dejó en libertad y desapareció. Eso explica el Holocausto y las demás aberraciones de la creación del ser humano.”

 ¿Creerá lo mismo el Semanario? ya que al hablar de Cardenal hace referencia a que: “la grandeza de su persona se ha derramado con generosidad sobre todo en tres vertientes: el ser humano que ama a Dios (cuál Dios debiera aclararse primero) y quiere entenderlo para sí y para los demás. De este amor nace su vocación sacerdotal (completamente distorsionada y contraria a la doctrina cristiana) y su integración a la vida política” (como consecuencia de su desviación sacerdotal).

 El artículo menciona que Cardenal ha sido “el revolucionario con ideas y herramientas nobles” Seguramente los métodos radicales adoptados por las revoluciones comunistas sanguinarias y salvajes son esa herramientas nobles a las que se refiere el artículo. Cardenal reflexiona sobre qué: “la revolución no tiene por qué ser violenta, puede ser pacífica. En algunos casos no queda más remedio que recurrir a las armas. El papa Pablo VI, que no era ningún extremista, declaró una vez en Colombia que ante una tiranía evidente y prolongada era legítima la lucha armada.”

 “La deriva emprendida por el sandinismo de la mano de Daniel Ortega me ocasionó un gran sufrimiento. Yo lo he llamado la revolución perdida, título del tercer volumen de mis memorias. Lo que hay ahora en Nicaragua no es revolución, ni es de izquierdas ni es sandinismo.”

 Daniel Ortega se ha asoció con el bloque BRICS para construir el que hubiera sido el proyecto de infraestructura más importante de centro América, la construcción del canal interoceánico de Nicaragua desbancaría al canal de Panamá que controla Estados Unidos y como es previsible, el sionismo mundial y sus peones conscientes o no como el mismo Cardenal, fueron los principales opositores a dichos planes, hasta lograr descarrilarlo en 2018.

 El proyecto de desarrollo de un canal que atravesaría Nicaragua y que permitiría conectar el océano Atlántico con el Pacífico del que informamos en este boletín, desde el 2013 y casualmente son las estrellas intelectuales revolucionarias de izquierda las que han encabezado las protestas anti desarrollo en Nicaragua entre las cuales destaca el mismo Ernesto Cardenal.

 En un artículo que publicó en La Prensa, el literato y sacerdote hizo hincapié en la necesidad de “denunciar al mundo” lo que ocurre en su país.

 Cardenal incluso subrayó que el canal interoceánico supondrá el “crimen más grande la historia” nacional y que se transformaría en una “maldición”. Cabe destacar que, desde el título de su artículo, el escritor califica al proyecto como una “monstruosidad”.

 Así que esta joya que ha servido a los intereses sionistas primero socialistas y comunistas de la teología de la liberación y la disolución social revolucionaria, ahora dedica sus últimos años a oponerse fervorosamente a la única opción de desarrollo real que se le ha ofrecido a Nicaragua en décadas como salvo conducto ante las voraces intenciones de sometimiento angloamericano por lo que resulta contradictorio que el sacerdote y hereje exaltado por el Semanario de la arquidiócesis, se oponga a los planes para desarrollar Nicaragua y con esta postura beneficie directamente a los intereses anglo americanos a los cuales supuestamente consagro su vida combatir.

 El error de mostrarlo como un buen hombre digno de ser reconocido y aplaudido se hace más patente y patético de parte del Semanario en la medida de que este espacio dedicado a exaltarlo y otro igual dedicado a hacer un balance de los juegos centroamericanos y del Caribe no se le da a hablar en lo absoluto de la consagración de la nación mexicana al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, éste sí un verdadero acontecimiento histórico digno de ser cubierto sucedido el 12 de diciembre de 2014.

 Es por este errático criterio editorial que nos preguntamos si acaso el Semanario y a la vez la arquidiócesis ha perdido el rumbo y ya no distingue entre lo bueno y lo malo, sus frutos nos hacen creerlo así.

Fuentes: Semanario, infocatolica.com, elpais.com, poemas-del-alma.com

Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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