La “Crucifixión Blanca” del judío “converso” Chagall, es la pintura favorita del Papa Francisco aunque desvirtúa por completo a Cristo y es una obra de propaganda sionista

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El cuadro “Crucifixión Blanca”, del judío “converso” Marc Chagall (Moyshe Shagal), pintada en 1938 es la pintura favorita del Papa Francisco porque remite a los dolores sufridos por los judíos y lo eligió para que sea la portada de su libro “Mente Abierta, Corazón Creyente” en su edición inglesa. Este su cuadro favorito, contiene una gran cantidad de significado simbólico anticristiano.

  En la entrevista a la revista jesuita italiana La Civiltà Cattolica, el Papa Francisco se refirió a su gusto artístico y en concreto habló de la pintura de Marc Chagall, un pintor judío originario de Rusia nacido en 1887 y fallecido en 1985. La pintura se encuentra en el museo de arte moderno de Chicago.

  Los críticos de arte siempre han interpretado esta pintura como que el Cristo ahí representado no es el mesías de los cristianos, sino la imagen del hombre judío perseguido. La crucifixión remitiría por tanto a los dolores sufridos por el pueblo de Abraham. El simbolismo de este cuadro es muy fuerte, y las referencias a la religión judía son numerosas. Por ejemplo, el paño de Cristo ha sido sustituido por un “talit”, chal utilizado para la oración judía.

  Además, a la derecha de la pintura hay una sinagoga alemana en llamas. A la izquierda se entrevén las persecuciones sufridas por los judíos durante la guerra civil rusa (1917-1923). Para el padre John Pawlikowski, director del programa de los estudios sobre religiones judía y católica en la Catholic Theological Union de Chicago, el afecto de Francisco por esta pintura se puede explicar sin duda por su “amistad” y “sensibilidad” con la religión judía. Aunque más bien debería decirse proclividad y sumisión.

  La pintura de este supuesto converso Chagall es una obra blasfema contra Cristo y una exaltación al judaísmo anulando el sacrificio de Cristo por el género humano para reducir la crucifixión de un judío a tratar de legitimar su causa racista judía, es decir, completamente contrario a la misión y legado de Cristo. Siendo esta imagen un cartel propagandístico anticristiano pro judío, no extraña que sea la imagen favorita del Papa Francisco, según él mismo ha declarado, dada su predilección por el sionismo judío.

  Este cuadro pintado por Chagall en París, intenta, reescribir la historia de lo que han sido históricamente los judíos: un pueblo deicida, para transformarlo artificialmente en una nueva visión del pueblo hebreo como “el pueblo inmolado” es decir pasar de verdugo histórico a víctima. Y el Papa Francisco al señalarlo como su pintura favorita se suma y legitima esta deformación histórica y teológica.

  En 1938 que fue pintada esta blasfemia, se daba en Europa una de las mayores oleadas antijudías de las que siempre han estado presentes a lo largo de la historia y que sin duda seguirá habiendo mientras el sionismo insista en dominar y esclavizar al resto del mundo. Así que en ese 1938 se procedía a la implementación de medidas antijudías en países europeos como Alemania, Rusia o Polonia, y en julio de 1938 la Conferencia internacional de Evian convocada por Estados Unidos, no obtenía otro resultado que la negativa de las principales potencias del mundo a acoger las oleadas de judíos que abandonaban Alemania y Austria por considerarlos indeseables, conflictivos traidores, explotadores y desestabilizadores entre otras cosas.

La “Crucifixión blanca” recoge una amplia simbología. En la parte superior cuatro personas lloran la destrucción. A la izquierda soldados soviéticos producen la desolación de un pueblo que aparece en llamas. Debajo un grupo de judíos aparece huyendo a bordo de una pequeña barca. Abajo a la izquierda, un judío aparece llorando, otro con un cartel colgado al cuello, y un tercero sostiene un rollo de la Torah.

  A la derecha, una sinagoga en llamas, alusión a las muchas que ardían en Alemania y también en otros países europeos. Debajo, una imagen del judío errante, con un hatillo al hombro en actitud de huir, y debajo un rollo de la Torah ardiendo.

 A su izquierda una madre consuela a su hijito, y en el centro en la base, una extraña menorah a la que le falta uno de sus siete brazos ilumina los pies del crucifijo. En ninguna parte de la pintura se observan elementos cristianos, así que no puede bajo ninguna circunstancia considerarse un cuadro de este género, sino una imagen de propaganda que anunciaba lo que sería la bandera judía de la segunda mitad del siglo XX, el holocausto.

  No hace falta decir que ese cuadro es una apología al victimismo sionista, y una expresión del Arte Degenerado que la revolución judeomasónicacomunista internacional quiere embutir al mundo desde 1917. Un arte degenerado que no tiene estética ni desarrollo, sino que surge al capricho de una nueva élite que tiene peor gusto y que ve en un neurótico psicópata con delirio de persecución fugado de un manicomio a un grandioso artista.

 En suma, Moyshe Shagal, alias “Marc Chagall”, un bolchevique del montón que surgió porque era frecuentado por la pareja de judíos y banqueros internacionales Guggenheim-Rothschild.

  Las obras de Chagall (y demás autores del mal llamado “arte moderno”) estuvieron categorizadas por la Alemania nacional como “Arte degenerado”, dado que representan la anarquía contra el Orden natural y social. Pero más allá de la retorcida estética, la “Crucifixión Blanca” es la peor interpretación que a la Crucifixión de Jesús se le puede dar. No hablan de Jesús ni del Evangelio, sino de alguien que fue condenado a muerte por “ser judío”.

 Como diciendo que los judíos son perseguidos por su “judaísmo”, o en términos bíblicos, “Esaú vs. Jacob”, el símbolo eterno de la paranoia talmudista y de sus frustraciones y temores convertidos en megalomanía (que es una l ectura de la historia de “Ester vs. Amán”).

 Las historias de Esaú vs. Jacob y la de Ester vs. Amán son, en cierta perspectiva, una imagen de los judíos: falsas víctimas trocadas en verdugos inmisericordes. Y si fijamos bien la vista, vemos que la “cruz” tiene forma de martillo, y las escenas circundantes vienen a ser como una hoz, conformando el todo el símbolo del comunismo.

  La composición del cuadro “Crucifixión Blanca” encubre el mazo y la hoz, símbolo del comunismo (recordemos que Chagall trabajó como “Comisario plenipotenciario de Artes en la provincia de Vitebsk” para los bolcheviques).

  Chagall abandonó físicamente el gueto judío de Europa Oriental, pero su corazón y sus obras traducen que no podía vivir sin el gueto. Y eso es el talmudismo Lubavitch. Quizá por eso Chagall es el artista favorito de Bergoglio: porque representa el afán de los judíos talmúdicos en atemorizar a los judíos bíblicos y avergonzar a los no judíos.

Fuente: www.aleteia.org, Miles Christi

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