No olvidemos que 150 exorcistas italianos advirtieron hace 5 años: «Se agrava la emergencia del ocultismo y el satanismo»

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Quince meses después del reconocimiento oficial de la Asociación Internacional de Exorcistas, se llevó a cabo su primer congreso nacional de exorcistas italianos en septiembre de 2015 previo al Sínodo de la Familia.

Los objetivos del congreso fueron la formación y confrontación para levantar barreras contra la agresión del maligno y saber reconocer esas «puertas y barreras» abiertas a la acción del demonio. La Asociación Internacional de Exorcistas, agrupa a pequeño grupo de 400 sacerdotes de todo el mundo que resultan absolutamente insuficientes para el creciente aumento de la demanda de su ministerio ante la presencia sin precedentes de todo lo diabólico en la vida cotidiana de la mayoría de la población.

Un punto de partida importante para trabajar rápidamente en este campo, como subraya el presidente, el padre Francesco Bamonte, al reunirse con casi 150 «colegas» exorcistas italianos.

«Hemos enviado una carta con la copia de los estatutos a todos los obispos italianos y a los obispos de las naciones donde operan nuestras secretarías lingüísticas -explica el padre Bamonte-. En la carta hemos resaltado el agravarse de la actual emergencia del ocultismo-satanismo y, por consiguiente, la necesidad de comprometerse en la formación de todos los sacerdotes y su preparación para un primer discernimiento de los distintos casos en relación con este fenómeno.

También deseamos el nombramiento de un mayor número de exorcistas en la Iglesia y la promoción de su formación permanente».

Durante el congreso de septiembre de 2015 intervinieron, entre otros, el cardenal Agostino Vallini, vicario del Papa para la diócesis de Roma; el arzobispo Filippo Iannone, vice-gerente de Roma; y Giovanni D’Ercole, obispo de Ascoli Piceno.

La Iglesia tiene el deber de estar preparada frente a las peticiones de ayuda de quien cree tener o tiene efectivamente trastornos vinculados a la acción del maligno.

Los jóvenes, cada vez más expuestos

El acceso a prácticas peligrosas es cada vez más fácil, también para los más jóvenes. El Hermano Benigno Palilla, franciscano exorcista de la archidiócesis de Palermo, ha proporcionado algún ejemplo con el que ha ilustrado lo fácil que es caer en las redes que pueden poner en contacto con el Maligno.

El espiritismo, por ejemplo. Se ha difundido en las escuelas, con una rapidez impresionante, como fue el caso del juego “Charlie, Charlie challenge” que estuvo muy en boga durante el 2015.

También la escritura automática o con quienes tienen el poder de ponerse en contacto con un difunto.

El demonio nunca cura, sólo engaña. A menudo se recurre a los espíritus o a las prácticas ocultas para resolver algún problema de salud o familiar.

¡Atención!, precisa el Hermano Benigno, «el demonio nunca cura a una persona de una enfermedad, sino que solamente interrumpe sus síntomas durante un tiempo. La enfermedad permanece. Aquí sucede lo mismo que sucede cuando una persona se dirige a un mafioso para recibir beneficios.

Sin duda los obtiene, pero el precio que tiene que pagar lo verá más adelante. De hecho, se crea un vínculo que es exigente en cuanto requiere disponibilidad total a cualquier petición. Lo mismo pasa cuando se recurre a un ocultista y, a través de él, al demonio».

Pero hay también una consecuencia gravísima para quien confía la propia vida y las propias decisiones a un talismán o a un mago: «El ocultismo contribuye a crear una mentalidad del «no hacer», «no actuar» en espera de algún «poder externo»».

El poder de la Virgen y del Rosario

En la lucha contra el maligno los exorcistas tienen una aliada extraordinaria, la Virgen.

«Durante nuestro ministerio como exorcistas, -explica el padre Bamonte-, experimentamos a menudo que el Rosario, bien rezado, es particularmente temido por el demonio. Una vez, mientras el demonio intentaba arrancar la corona que había puesto alrededor del cuello de la persona a la que atormentaba, exclamó con rabia: «¡Quién se agarra a esta cadena no se perderá nunca!»».

Fuente: Avvenire

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